Geovana Irusta

Recordando a la “Reina Sudamericana”

Así se la conocía en Bolivia y fuera de nuestras fronteras a la ocho veces consecutivas Campeona Sudamericana y cuatro veces Campeona Bolivariana de Marcha atlética en la prueba de 20 kilómetros.

Con asombroso esfuerzo, logró ubicarse en el Top 20 del mundo, entre más de 200 países en competición.

Por mérito propio, llevó la bandera de Bolivia a los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996, Sidney 2000 y Atenas 2004, convirtiéndose en la primera y única deportista boliviana con título «OLY», otorgado por el Comité Olímpico Internacional en reconocimiento a sus logros como atleta que vive y promueve los valores olímpicos.

Como poseedora del récord nacional de 20 kilómetros durante 12 años, abrió senda para la práctica de la Marcha femenina en Bolivia, en la que más tarde aparecieron figuras de gran potencia.

Sus múltiples conquistas a nivel nacional, bolivariano, sudamericano, iberoamericano, panamericano y mundial a lo largo de 20 años de total entrega a su especialidad, la ubican en lo más alto y luminoso de la historia del deporte boliviano.

¿Cómo vive Geovana Irusta la actual crisis sanitaria?

Geovana Irusta (G.I.): Por el momento estoy dedicándome a ser mamá a tiempo completo. Tengo dos hijitos –de 10 y 3 años–, y creo que tenemos que ser responsables con la familia y cuidar a los seres que más queremos. Tenía algunos proyectos, el plan de realizar algunos emprendimientos, pero desgraciadamente la pandemia lo ha paralizado todo.

Yo creo que es importante vivir intensamente esta etapa; muchas veces, por el trabajo, por las obligaciones que tenemos los padres, descuidamos a los hijos y nos olvidamos de disfrutar esos momentos inolvidables que jamás vuelven. Ellos son mi mayor tesoro y los estoy disfrutando plenamente.

¿Qué es lo que más recuerdas de tu infancia?

G.I.: Bueno, creo que nací con sangre de deportista porque desde que me acuerdo, siempre disfruté mucho de hacer deporte. Primero en el kínder, en Sucre… Recuerdo que las maestras nos sacaban al parque del frente a hacer competencias y carreritas de 50 metros entre los niños. A mí me encantaban esos momentos porque era muy competitiva. Así fue naciendo mi amor por el deporte.

Cuando tenía aproximadamente cinco años, nos vinimos a vivir a La Paz, a esta ciudad que nos abrió las puertas, nos acogió por toda una vida y nos dio todo lo que hemos logrado como familia.

Por algunos años, el deporte estuvo en el olvido. Cuando tenía 14 o 15 años, si bien iba al colegio, contaba con tiempo libre y mi padre, Rosendo Irusta, buscando la manera de que aprovechara mejor ese tiempo extra, me trajo de la mano a este Estadio (Hernando Siles).

Así empecé a practicar atletismo: lanzamiento de la pelotita, velocidad, fondo, etc.

¿Cómo surge el tema de la Marcha atlética?

G.I.: Bueno, al principio yo ni siquiera conocía la disciplina de Marcha y el atletismo era para mí un hobby, un juego.

Recuerdo que la primera vez que hice Marcha, fue en un Nacional en el que estaba participando. En medio de las competencias, el entrenador Eloy Quispe me llamó y me dio algunas pautas sobre esta disciplina, me hizo practicar la técnica y, de un momento a otro, me dijo: ‘Ahora vas a hacer Marcha’. ‘Bueno’, le dije, y empecé a calentar hasta que llegó la hora de la carrera.

Recuerdo que competí con niñas que estaban hace mucho tiempo en Marcha. Me batí con la primera, no me dejé, y llegué a la meta con ella. Fue un gran logro y es allí donde Eloy me descubrió como talento. Inmediatamente me invitó a que entrene en su equipo para que me dedique exclusivamente a la Marcha.

A partir de ese hecho tan importante, ¿cómo cambió tu vida?

G.I.: Cambió bastante porque empecé a entrenar más y a destacar a nivel nacional. Lo que era un juego, se convirtió en lo más importante.

En el colegio, que era el Liceo La Paz, casi no me conocían porque siempre estaba compitiendo y viajando. Tenía un grupo pequeño de amigas que me prestaban sus carpetas y me ayudaban a ponerme al día. Después de entrenar o competir, me amanecía haciendo tareas y estudiando para poder vencer el año. Fue bastante duro…

¿Qué papel jugaba tu familia en ese momento?

G.I.: Mi mamá, Dalia Pinto, siempre fue incondicional y me apoyaba en todo. Si bien mi papá me introdujo a la Escuela de Atletismo, nunca estuvo de acuerdo con que me dedicara a la Marcha a un nivel tan competitivo y demandante. Por eso en el colegio yo vendía dulces para poder cubrir mis pasajes y algunos gastos propios de los entrenamientos.

Cuando salí bachiller, él me propuso muchas cosas y la oportunidad de estudiar en una buena universidad, pero yo decidí dedicarme a la Marcha hasta el final. Entre entrenamiento y entrenamiento, atendía las mesas de un restaurante para cubrir mis gastos.

Pasó el tiempo y recuerdo que mi primer auspiciador fue La Cascada; don Iván Eid creyó en mí y me apoyó bastante con un bono que me permitía dedicarme al deporte a tiempo completo.

Después de mucho tiempo y con varios logros y medallas, aparecieron otras empresas y también diferentes oportunidades para entrenar en otros países. Solidaridad Olímpica Internacional también financió una parte importante de mi carrera.

Cuéntanos sobre tu salto a la internacionalización…

G.I.: Bueno, representar a tu país es algo que implica muchísima responsabilidad. Cuando empecé a salir afuera, fue muy fuerte dejar de ser Geovana Irusta y pasar a ser Bolivia o “la boliviana”. En el extranjero siempre me identificaban como “la boliviana” y eso era algo muy lindo y emocionante porque sentía que mi país era respetado y admirado. Sin embargo, al mismo tiempo, me sentía comprometida a prepararme mucho más duro, día y noche.

A medida que vas avanzando, te vas volviendo el objetivo de todos y empiezas a sentir esa presión. Gracias a Dios, he podido explotar el don que tenía y lograr muchas cosas importantes para el país.

A veces llegar a la cúspide es difícil, cuesta, pero mantenerse es mucho más difícil. Hemos logrado mantenernos entre los mejores por muchos años y acumular ocho campeonatos sudamericanos consecutivos; hemos logrado tener récords sudamericanos en varias categorías y en varias modalidades.

¿Cómo encara una chica joven la fama y la popularidad?

G.I.: Bueno, en mi caso lo que me pasó fue que como amaba y disfrutaba tanto lo que hacía, no pensaba en nada más que en mi deporte. Únicamente me enfocaba en las competencias que iban llegando. Yo esperaba desesperada cada competencia porque me preparaba muy duro. Entrenaba día y noche, con lluvia, con sol. Acá en este Estadio, dando vueltas y vueltas mientras se caía el cielo; en las carreteras, haciendo viajes de una o dos horas para poder entrenar; volviendo tarde… Llegaban las competencias y venían a mi cabeza todos esos recuerdos, pensaba en todo lo que me había costado llegar allí, en todas las cosas que había sacrificado por estar allí. Entonces desahogaba todo eso mientras competía, y al final me sentía satisfecha de comprobar que todo esfuerzo, tiene su recompensa.

Esa recompensa, ¿en qué consistía?

G.I.: Consistía en tener el privilegio de subir al podio y cantar el himno nacional con mucha felicidad y orgullo; en escuchar comentarios como: “La boliviana es la mejor” o “Bolivia está en primer lugar”. La recompensa era viajar muy lejos y que, en esos lugares tan alejados, la gente conozca tu país, se interese por él y cante tu himno.

¿Cuáles sientes que han sido tus principales logros deportivos a lo largo de tu carrera?

G.I.: Primero, cada uno de los ocho campeonatos sudamericanos logrados de manera consecutiva, las ocho medallas de oro logradas para Bolivia, siendo la única atleta sudamericana que logró ese registro.

Luego serían los récords sudamericanos que hemos obtenido; cada récord es inolvidable porque realmente entregué todo para bajar mis marcas, y cada vez que lo lograba, era una experiencia increíble.

Otro momento inolvidable fue cuando logré meterme al Ranking Mundial de las 20 Mejores del Mundo, ocupando el puesto 16 entre más de 200 países en competición. Esto para mí fue increíble y lo que sentí en ese momento es realmente inexplicable… Me sentí profundamente agradecida con la gente de mi país que me apoyó y especialmente con mi equipo de trabajo. He tenido la bendición de contar con un equipo que me ha apoyado y me ha impulsado siempre.

Finalmente, considero que, junto a mi equipo encabezado por Fernando Trino, hemos logrado abrir nuevas puertas para las generaciones posteriores; hemos trabajado para allanarles el camino y para que no tengan que sufrir las limitaciones que nosotros hemos sufrido.

¿Qué tipo de limitaciones tenían los atletas de tu generación?

G.I.: Como se dice comúnmente, el deporte es la última rueda del carro; eso ha sido así antes y después de mi paso por las pistas y las rutas. Lamentablemente, los deportistas que realmente se entregan a su deporte en cuerpo y alma, lo dan todo a cambio de muy poco porque nuestras autoridades no entienden lo importante que es el deporte para el desarrollo de un país.

Cuando nosotros entrenábamos, nos preparábamos con nuestros propios recursos y gracias al esfuerzo de nuestras familias, de nuestros amigos, de los entrenadores y de todo el equipo que está alrededor de un deportista. Los viajes los hacíamos en pésimas condiciones a merced de una federación que nos ponía trabas todo el tiempo. Cuando salíamos a la luz al obtener un récord o lograr una medalla, recién aparecían las autoridades; aparecían cuando ya habíamos atravesado un camino lleno de espinas.

Lamentablemente, si bien en la actualidad existe mayor apoyo de parte de la empresa privada, los niños y jóvenes deportistas siguen teniendo muchas limitaciones para poder desarrollarse y crecer.

¿A qué deportistas admiras a nivel internacional y nacional?

G.I.: Sin duda a Robert Korzeniowski, el marchista polaco ganador de cuatro oros olímpicos. En una Olimpiada ganó dos medallas de oro; halló la fórmula para ser el mejor en velocidad y el mejor en resistencia. En honor a él, mi hijo mayor se llama Robert.

Admiro mucho al tenista Hugo Dellien, un deportista sacrificado y dedicado. Admiro su garra y la fuerza que tiene. Su pasión, profesionalismo y disciplina, me transporta en el tiempo a cuando yo entrenaba… Siento que va a lograr muchas cosas más.

En medio de las competencias, aparece el amor en la vida de Geovana…

G.I.: Sí, me casé con mi segundo entrenador, Fernando Trino, que es una persona muy exigente y perfeccionista. Él lucha siempre por alcanzar sus metas y esa es una de las cosas que nos ha unido y nos ha llevado a formar una familia.

¿Cómo concluye tu carrera deportiva de dos décadas?

G.I.: Quizás antes de lo esperado porque yo tenía la ilusión de ir a Pekín 2008 con la mejor marca de aproximación, pero la Federación de Atletismo me negó esa oportunidad. En 2009 migré a Argentina decepcionada por la falta de apoyo de nuestras autoridades, con la idea de llegar a Londres 2012. Sin embargo, volví a sufrir la ingratitud de autoridades y dirigentes. Mi carrera la sostuve hasta el 2013 y, a partir de allí, tuve que empezar de cero.

Cuéntanos sobre el tiempo que pasaste en Buenos Aires, alejada de las pistas y las rutas…

G.I.: Como te comentaba, cuando me fui a la Argentina estaba dolida por la ingratitud de las autoridades y, al principio, quise olvidarme de todo. Hice carreras de calle para comenzar de nuevo y olvidarme de quién era, y en ese intento recién tomé conciencia de todo lo que había logrado en mi carrera… Cada vez que iba a inscribirme a una competencia, los organizadores me reconocían y me tomaban como invitada; al inicio de cada competencia, resaltaban la presencia de “la atleta olímpica”. Todo ese reconocimiento a tantos kilómetros de mi país, fue curando las heridas, aunque con frecuencia lloraba y me lamentaba por la indiferencia de las autoridades en mi tierra, Bolivia.

Me tocó sobrevivir y hoy puedo decir que soy una mujer que ha hecho de todo en su vida… En Argentina aparecieron otras facetas de Geovana que nadie conocía, ni siquiera yo. Aunque no me gusta cocinar, abrimos un restaurante en Flores y yo preparaba los platillos. También me di cuenta que era capaz de administrar una empresa pequeña y de ocuparme de las labores de la casa.

Entiendo que otra faceta de Geovana es la de la política…

G.I.: Así es. Desde que era deportista veía que nuestras autoridades no entendían que el deporte y la cultura son las caras visibles de un país hacia el mundo. También sufrí en carne propia los sacrificios sobre humanos que tiene que hacer un deportista para llegar lejos, y allí nació mi inquietud por cambiar esa realidad.

Al inicio del Gobierno del MAS, Evo Morales me ofreció el Viceministerio de Deportes, pero yo no acepté porque estaba avocada cien por ciento a mi carrera deportiva. Sin embargo, junto a mi equipo, presentamos una serie de proyectos, mismos que nunca se llegaron a implementar a cabalidad. Se trataba de un trabajo muy serio basado en las vivencias que pudimos recoger a lo largo de veinte años; de haber visitado tantos países y haber conocido cómo funcionan las organizaciones deportivas, cómo se aprovecha la infraestructura de los centros de alto rendimiento; de haber visto y apreciado cómo se lleva adelante la preparación de los campeones mundiales y olímpicos.

Nosotros partimos de la idea de que en Bolivia se cuenta con escenarios e instalaciones deportivas que no son adecuadamente utilizados y de que nuestros niños y jóvenes gozan de todas las cualidades necesarias para ser grandes deportistas. En el país tenemos variedad de biotipos, pero no son explotados ni apoyados porque las autoridades no conocen de deporte.

Recuerdo que nosotros teníamos que alquilar y pagar por espacios para nuestra preparación porque los destinados a ese fin estaban inhabilitados y fuera de funcionamiento por falta de mantenimiento y por negligencia. Todo eso nos ha motivado a proponer un cambio integral, pero lamentablemente nuestro proyecto ha sido totalmente tergiversado.

Ya retirada de la carrera deportiva y de regreso en Bolivia, diste pasos importantes desde la arena política. ¿Cómo fue esa experiencia?

G.I.: Sí, a mediados del 2019 incursioné en la política como candidata a diputada uninominal por la Circunscripción 6 de La Paz, representando al Movimiento Tercer Sistema (MTS). Debo decirte que no ha sido una experiencia muy buena. Uno como deportista maneja ciertos principios que no se practican en el ámbito político. Ves muchas cosas que no te gustan y que inclusive aborreces. Toda tu vida has luchado contra eso y te toca estar cerca de eso… Y ¿por qué? Porque quieres que se oiga tu voz como deportista, quieres y buscas días mejores para el deporte, pero no lo puedes hacer desde tu lugar como ex deportista, entrenador o dirigente. Tienes que meterte ahí adentro, donde no te gusta, para hacer algo importante por el deporte. Por ejemplo, elaborar y aplicar una Ley del Deporte que replantee el funcionamiento de las federaciones.

Lo bueno de esta experiencia es que he podido comprobar que sigo vigente, pese a que me he retirado del deporte hace varios años. Hay una generación que actualmente nos reconoce y que valora lo aportado al país en 20 años de actividad deportiva.

¿Con qué sueña Geovana actualmente?

G.I.: Me gustaría entrenar a niños, quizás a través de una escuela, para promover nuevos talentos. Yo me veo reflejada en muchos niños que sueñan como yo lo hacía de niña. Hay que rescatar a esos niños que sueñan, que quieren llegar a ser como sus grandes ídolos y que quieren lograr muchas cosas.

Respecto a la política, todavía no me he rendido; vamos a trabajar para mejorar el deporte y también me he dado cuenta que hay que trabajar por las mujeres… Nosotras en el deporte sufrimos mucho la discriminación; y a todo nivel se ve que el maltrato y la violencia hacia las mujeres son pan de cada día. Así que mi sueño es luchar por mi género y por el deporte.

¿Qué les dirías a esos niños y jóvenes que hoy sueñan como tú lo hacías cuando eras niña?

G.I.: Que nunca dejen de soñar y que apunten bien alto porque para alcanzar grandes logros, hay que apuntar alto; que nosotros, como bolivianos, tenemos todo para lograr grandes metas; que, para alcanzar sus sueños, sean muy disciplinados, hagan las cosas con amor, con pasión, con sacrificio y dedicación; que nada es imposible, que todo puede hacerse posible.

BOLIVIANOS CAMPEONES 3

La Paz – Bolivia.

Beatriz Villa-Gómez C. – NEOCOM S.R.L.

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