Hugo Dellien

De la amazonía boliviana al reino de las estrellas

Si bien se registran trayectorias emblemáticas de tenistas bolivianos desde los años cuarenta del pasado siglo, hay una que refleja con total claridad el resultado del empuje y el tesón, que nace en las canchas de una pequeña ciudad de la amazonía boliviana y que llega –airosa–, al reino de las estrellas.

La sencillez, la serenidad y un coraje inclaudicable, colocan a un joven trinitario en lo más alto del deporte blanco.

Dueño de una fiel hinchada en todo el país, es el ídolo deportivo que aviva el orgullo nacional y que nos permite creer… que nada es imposible.

Antecedentes del tenis en Bolivia

De acuerdo a la periodista Lupe Cajías, la historia del tenis en Bolivia está ligada a la presencia inglesa en minas y ferrocarriles.

Por su parte, el especialista en deportes, Tito De la Viña, sostiene que el potosino Isaac Gorostiaga fue pionero en llevar el nombre de Bolivia fuera del país y quien, junto al gran Gastón Zamora, abrió camino para la profesionalización del tenis en Bolivia. Raúl y Eduardo “Pacho” Gorostiaga, hijos de Isaac, fueron protagonistas de este deporte durante los años sesenta y setenta.

Más adelante, en el histórico Club de Tenis La Paz se lucieron leyendas como Ramiro Benavides y Mario Martínez, quienes lograron los puestos más altos en el ranking internacional en circuitos de características muy diferentes a las actuales.

Tuvieron que pasar alrededor de cuatro décadas para que Bolivia volviera a ubicarse en el mapa del deporte blanco a niveles semejantes, y lo hizo de la mano de Hugo Dellien, “El Tigre de Moxos”.

Infancia y raqueta

Hugo Dellien Bause y Silvana Velasco Bacigalupo son los padres de Hugo Dellien Velasco, nacido en Trinidad, Beni –tierra de orquestas, coros, macheteros y serenatas– el 16 de junio de 1993.

Entre la pelota de fútbol y la de tenis, entre primos, tíos, hermanos y amigos, entre arena, verdor y la brisa caliente de las tierras bajas, crecía y sobresalía la capacidad física y competitiva del niño trinitario.

¿Qué es lo que más recuerdas de tu infancia?

Hugo Dellien (H.D.): Tenis, toda mi vida fue tenis, desde los 3 o 4 años que estoy en el mundo del tenis. Siempre soñando con estar dentro de los mejores del mundo y siempre con una raqueta de tenis en la mano. Mi infancia me la pasé en el club de tenis de Trinidad; salía del colegio al medio día y a las dos de la tarde o dos y media, ya estaba en el tenis, y me quedaba allí hasta las ocho o nueve de la noche; el club era una especie de guardería para mí… Jugaba tenis y jugaba fútbol porque todos mis amigos, primos, tíos, etc. iban también. El ambiente del club era muy familiar y mis padres me mandaban para que practique algún deporte y tenga actividad física.

¿Por qué tenis y no fútbol, por ejemplo?

H.D.: Fui prácticamente yo el que tomó la decisión de ponerle más foco al tenis, de ir por ese lado y no por el del fútbol o el básquet. Creo que la razón principal era que el tenis es un deporte individual y yo siempre fui muy competitivo desde chiquito, me gustaba ganar, entonces sabía que los resultados en el tenis –al ser un deporte básicamente individual–, dependían exclusivamente de mí y no de todo un equipo como en el fútbol. Otra razón era que sentía que tenía más facilidades en el tenis a la hora de jugar y de competir. El tenis se me daba más que cualquier otro deporte.

¿Qué cualidades tenías respecto a tus rivales cuando practicabas el tenis por diversión?

H.D.: Yo creo que mi parte física siempre fue muy buena; siempre fui muy rápido a la hora de correr y de llegar a las pelotas; costaba mucho que me hagan puntos; y una cosa muy importante era que la luchaba a todo lo que podía. Creo que a pesar de que era chiquito, era muy fuerte mentalmente y esas cualidades hicieron que marque una diferencia y pueda sobresalir a la hora de competir.

¿Qué pasaba cuando perdías?

(H.D.): Cuando era chico, no le daba mucha importancia al hecho de perder porque lo que más me importaba era jugar, competir y divertirme. Disfrutaba del ambiente que se generaba después de los partidos, de la convivencia entre los clubes, de los viajes en delegación, de pasarla bien con los amigos durante los torneos, etc. Esta dinámica era muy amena y hacía que la pasara bien, aunque a veces tocara perder.

¿Y qué pasa ahora cuando sufres una derrota?

H.D.: Ahora es totalmente diferente porque hablamos de mi trabajo, de lo que sostiene a mi familia. Ahora me duele muchísimo más, pero hay algo en el tenis que uno tiene que entenderlo: en el tenis se pierde más de lo que se gana porque compites todas las semanas. Hay que entender esa realidad de la mejor manera posible, lo cual no significa acostumbrarse a perder, sino acostumbrarse a saber perder y saber rescatar lo negativo y lo positivo de cada experiencia para superar las fallas en la siguiente competencia.

Sacrificar y perseverar

Con entrega y sacrificio, antes de pasar al profesionalismo, dio un brinco importante al alcanzar el puesto Nº 2 del Ranking Junior ITF.

Salió bachiller en el 2010, año a partir del cual pasó a formar parte fundamental del Equipo de Copa Davis de Bolivia con un récord total de 9 partidos ganados y 3 perdidos en individuales; y de 3 partidos ganados y 1 partido perdido en dobles.

Más allá de tus cualidades físicas y técnicas, seguramente hubo otras cosas que te ayudaron a llegar lejos en un deporte de tanta exigencia como es el tenis…

H.D.: Sí, pienso que el sacrificio y la perseverancia fueron claves para que yo pudiera llegar hasta donde estoy hoy. Todo empezó a los 14 años cuando me fui de mi casa; dejé Trinidad para irme a vivir a Santa Cruz donde radicaba mi entrenador en ese momento. Dejé el colegio y empecé a estudiar por internet, a distancia, y lejos de la familia y de los amigos. Creo que esa fue una parte fundamental en mi vida y en mi carrera que me marcó mucho y que me obligó a madurar rápidamente.

Después me tocó venirme a vivir a Argentina, solo también, y al principio no se daban los resultados que uno quería. No fue fácil estar lejos de todo, luchando cada día, perseverando y manteniendo la confianza de que en algún momento iba a llegar una oportunidad. Todo eso hizo que forme un carácter muy fuerte y competitivo.

Conquistas que inspiran

Para las pequeñas naciones en desarrollo, una conquista puede inspirar a millones y vislumbrar un cambio en su cultura deportiva.

En 2018 el jugador de 25 años hizo un histórico debut en el Top 100 del Ranking ATP; 3 meses después escaló hasta el puesto 75, ubicando a Bolivia en el mapa a escala global.

En marzo de 2020, Bolivia vivió, de la mano de su atleta abanderado, una de las conquistas deportivas más importantes del país al clasificar al Grupo Mundial I de Copa Davis.

Su mejor ranking individual es el Nº 72, alcanzado el 13 de enero de 2020, mientras que en dobles logró ubicarse en la posición Nº 185 el 2 de febrero de 2015.

Ha logrado 5 títulos ATP Challenger Tour y varios títulos futures en individuales y en dobles.

Ha paseado su talento por los torneos tenísticos de mayor fama y prestigio en el mundo, como el Abierto de Australia, el Roland Garros de París (Francia), el Campeonato de Wimbledon, el Abierto de Estados Unidos y el Master Meet de Roma (Italia), entre otros.

En 2020 llegó a jugar una qualy de Grand Slam y a enfrentar al número uno del mundo, Rafael Nadal.

Hasta ahora, ¿cuáles fueron los momentos más satisfactorios y felices de tu carrera?

H.D.: Definitivamente los que viví jugando en Copa Davis porque allí represento a Bolivia, cosa que no ocurre en el Circuito ATP, por ejemplo. Cuando compito en un Torneo, compite Hugo Dellien, pero en Copa Davis no soy Hugo, soy Bolivia. Ese sentimiento de representar a mi país como lo hace la Selección de fútbol, por ejemplo, es algo muy emocionante. Lo que hicimos el año pasado (2020) fue –creo yo– uno de los logros más importantes de la historia de nuestro país, al clasificar al Grupo I del Mundial. Para mí fue algo increíble y quizás la experiencia más linda que viví durante mi carrera, hasta el momento.

¿Qué significó para ti enfrentar al astro español, Rafael Nadal?

H.D.: Para mí fue un sueño, fue cumplir un objetivo que tenía desde chico y que creo que todos los que estamos en este deporte tenemos. Fue increíble poder hacerlo en el momento en que lo hice: en un Grand Slam al que nunca había ido. Nunca un boliviano había participado en primera ronda contra el número uno del mundo que en ese momento era Nadal. Jugar en la cancha central del Australian Open fue mágico, realmente increíble, una de las emociones más fuertes que experimenté en mi vida.

Fuera de los ídolos del tenis a nivel internacional, ¿tuviste referentes bolivianos que te inspiraron en el camino que te tocó recorrer?

H.D.: La verdad que no; creo que, por lo menos en el tenis, no tenemos referentes en los que nos podamos apoyar. Si bien Mario Martínez y Ramiro Benavides han logrado cosas muy importantes, nosotros (los de mi generación), no las hemos vivido porque estamos hablando de otra época, de hace cuarenta años y de personas que desde hace muchos años no viven en Bolivia. Entonces el camino que ellos hayan podido trazar para mí es prácticamente desconocido.

Creo que hay un vacío que se debe llenar, transmitiendo las vivencias, los logros y los aprendizajes a los chicos que vienen por detrás para que ellos puedan apoyarse en referentes que les muestren que es posible llegar a estar entre los mejores del mundo y que nada es imposible.

¿Quiénes estuvieron y están detrás del éxito de Hugo Dellien?

H.D.: Me la pones un poco difícil porque son muchas personas y no me quiero olvidar de nadie, pero mi familia ha sido el pilar fundamental de todo lo que he logrado. Después están todos los entrenadores de Trinidad, a quienes no quiero nombrar porque son muchos y me dolería olvidarme de alguno. Es mucha la gente que ha estado y está detrás de todo esto. Gracias a Dios he sido bendecido de tener un equipo de trabajo de gran calidad humana a mi lado, desde que era chiquito hasta hoy. Todos ellos me ayudaron a mejorar profesionalmente y como persona; siempre quisieron lo mejor para mí y por eso me siento muy afortunado y agradecido.

¿Cuál crees que fue el momento más complicado de tu carrera deportiva, hasta el momento?

H.D.: Curiosamente fue cuando estaba en mi mejor año tenístico. Estaba en mi mejor Ranking, había hecho mi primera final de Challanger (2014) y justo se me cae el único apoyo económico que tenía en ese momento. Ese apoyo hacía posible que pueda vivir acá en Argentina, que pueda entrenar, pagar entrenadores, etc.

Yo sabía que en esas condiciones no iba poder alcanzar mi objetivo de estar entre los primeros 100 del mundo. Quizás iba a poder estar entre los 150, 180 o 130, pero no iba llegar a estar entre los 100 porque para lograrlo necesitas tener un equipo atrás tuyo que te pueda seguir día a día, no solamente por periodos. Fue así que tomé la difícil decisión de dejar el Circuito y de tratar de buscarle a la vida por otro lado…

¿Y qué pasó cuando te enfrentaste al “mundo real”?

H.D.: Pasaron muchas cosas y fue un año muy difícil… Había decidido dejar el tenis, pero no tenía claro qué iba a hacer exactamente. Una de las posibilidades era meterme a estudiar Administración de Empresas y, mientras le daba vueltas, me reencontré con mis amigos en Santa Cruz y la pasé muy bien, saliendo, comiendo y haciendo todo lo que no podía hacer en el Circuito. Llegó un punto en que me di cuenta de que estaba retrocediendo en todo lo que había avanzado, no solamente en lo profesional, sino como persona.

Recuerdo que me sentí muy mal, no sé si me dio una especie de depresión, pero sí me sentía muy caído anímicamente. Fue entonces que recurrí a la poca plata que me había quedado del tenis y, en el afán de volverme a sentir útil y productivo, la invertí en una máquina para hacer hielo y la puse a andar en Trinidad.

Mi familia tenía experiencia en la venta de agua por cisterna y contábamos con las instalaciones, entonces teníamos cierta idea de cómo se manejaba todo eso. Llegó la hora de poner en marcha el negocio y de salir a vender el producto e ir a ofrecerlo de licorería en licorería. Esta experiencia me ayudó a valorar mucho más lo que representaba el tenis en mi vida y bueno, la fábrica sigue en pie.

Sin embargo, recuerdo que un poco antes de emprender el negocio de los hielos, tuve una experiencia que me ayudó a entender muchas cosas. Un día en Santa Cruz acompañé al más chico de mis hermanos a un torneo de tenis. Recuerdo que, al entrar al club, muchos niños me reconocieron y se acercaron con mucho cariño; me preguntaban por qué había dejado el tenis y me decían que ellos querían que siga jugando, etc. Ellos movieron muchas cosas porque aun estando en el Nº 150 del mundo –que es muy bueno, pero que a nivel mundial no es nada–, ellos veían en mí una esperanza.

Ese hecho me motivó a volver a intentarlo y a hacer todo lo posible para llegar hasta donde tuviera que llegar, con las cosas que tenía. Ese “golpe de realidad” fue una gran enseñanza para mí y me impulsó a buscar la manera de entrenar para volver, poco a poco, al Circuito.

¿Qué hiciste para conseguir el apoyo económico que necesitabas?

H.D.: En ese momento la única puerta que toqué fue la de la Federación Boliviana de Tenis y ellos me apoyaron con un monto para poder cubrir la mitad de mi pre temporada. Esa fue la única puerta que toqué porque, sinceramente, en todos los años previos a mi retiro, me cansé de tocar puertas.

Fui a buscar a un entrenador con el que yo tenía una amistad que iba más allá de lo tenístico y él me recibió en México, en su casa. Allí permanecí varios meses entrenando a morir para recuperar mi estado físico y para después empezar a competir. Gané el primer torneo que jugué y, a partir de allí, pude empezar a viajar, reinvirtiendo ese dinero. Gracias a Dios me fue bien rápidamente, lo que me permitió agarrar un colchón económico. En un año y medio ya estaba entre los 100 del mundo.

Entonces empezaron a aparecer más empresas. Por ejemplo, en Trinidad Honda Prada hizo un sorteo de una motocicleta para recaudar fondos destinados a impulsar mi carrera; la verdad que fue increíble porque la gente apoyó muchísimo más de lo que esperábamos… Fue algo muy satisfactorio que me tocó mucho emocionalmente. Saber que, sin ser nadie, tanta gente confiaba en que podía llegar a cumplir mis objetivos y que me apoyó incondicionalmente, fue algo muy fuerte.

¿Sin recursos, es posible llegar lejos en el tenis de escala internacional?

H.D.: El tenis es imposible si no tienes apoyo, a no ser que tengas una familia de mucho dinero que pueda sostenerte, pero estamos hablando de mucho, mucho dinero. Es una carrera muy costosa y cada vez se hace mucho más porque cada vez los jugadores son más profesionales, tienen más equipo y gastan mucha plata. En Europa, Estados Unidos, Asia y Australia se maneja otra economía y todo funciona en torno a un sistema totalmente compacto y perfecto.

Uno tiene que cubrir todos los gastos de su equipo de trabajo: honorarios, pasajes, comidas, hoteles, transporte, etc. y si no estás entre los 100 del mundo, no puedes aspirar a tener alguna ganancia porque o sales tas con tas o sales a pérdida.

¿Cómo manejas la fama, la popularidad y el compromiso que tienes con la gente que confía en ti?

H.D.: La fama, por así decirlo, es simplemente algo pasajero. Estás ahí arriba cuando tienes resultados, pero cuando no tienes resultados, las aguas vuelven a la normalidad. Entonces hay que ser muy inteligente y estar muy tranquilo para poder enfrentar todo lo que venga y las cosas que de repente le dan un giro de 360 grados a tu vida. Yo estoy en el proceso de ir experimentando los sentimientos y las emociones día a día y trato de manejarlos lo mejor posible, apoyándome en todo mi equipo de trabajo.

Creo que hoy por hoy estoy por buen camino en ese sentido y estoy seguro de que cuando termine de entender mejor todo lo que he logrado hasta ahora, voy a conseguir mejores resultados dentro de la cancha.

¿Qué les aconsejas a los chicos y chicas que vienen detrás, siguiendo tu ejemplo?

H.D.: Les diría que traten de hacer todo para divertirse con el tenis; que no se estresen antes de tiempo, que no se tomen tan a pecho el tema de los resultados y que dejen eso para cuando estén en un nivel profesional.

A la vez, que traten de ser muy disciplinados a la hora de comer, de dormir, etc. Cuando uno es chico es mucho más fácil adquirir hábitos y ordenar tus horarios. Que no esperen a estar en el profesionalismo para empezar a ordenarse porque más tarde cuesta mucho más. Esto no significa que tengas que perderte de todas las fiestas o juntes, pero sí supone tener una vida disciplinada y ordenada desde los 12, 13 años.

También les diría que, si quieren cumplir sus objetivos lo más pronto posible, practiquen siempre dos cosas básicas que son la humildad y la perseverancia.

¿Cuáles son los objetivos de Hugo Dellien hoy en día?

H.D.: A corto plazo, poder enfocarme al cien por cien en el tenis y poder competir al cien por cien. Eso es sin importar los resultados, sin importar un ranking o un objetivo específico. Si yo me siento bien, tranquilo y ordeno todas las cosas que por ahí no están tan ordenadas, voy a empezar a tener buenos resultados.

A mediano plazo tratar de volver al top 100 y consolidarme allí, e ir por el top 50 que es un objetivo que hace muchos años lo tengo en mente y que estoy seguro que lo voy a lograr; por lo menos no voy a descansar hasta conseguirlo.

A largo plazo, al final de mi carrera, me gustaría apoyar a todos los chicos que quieran lograr estar entre los mejores del mundo y dedicarse a este deporte; me encantaría poder guiarlos y apoyar al deporte en Bolivia porque estoy seguro de que tenemos mucho talento.

¿Cómo vive Hugo la paternidad?

H.D.: Mi vida dio un giro de 360 grados al ser padre y fue algo increíble, increíble… Sabes que me hacen muchas preguntas al respecto y no sé qué responder porque no me salen las palabras. Creo que todos los padres me van a entender porque realmente es muy difícil explicar el sentimiento que tienes al ser papá y al tener a tu hijo o hija en brazos…; es realmente indescriptible.

¿De qué disfrutas cuando no estás en las canchas, además de la compañía de tu esposa y de tu pequeña hija?

H.D.: Me gusta mucho la cocina y me la paso viendo videos, leyendo libros y planeando lo que voy a cocinar el fin de semana… Me gusta mucho hacer diferentes tipos de arroces, por ejemplo. Es un momento donde me invento cosas y me relajo.

También disfruto de los jueguitos en la computadora y en el Play Station; me ha agarrado un poquito la enfermedad esa que hay en el mundo de los eSports.

BOLIVIANOS CAMPEONES 7

La Paz – Bolivia.

Beatriz Villa-Gómez C. – NEOCOM S.R.L.

Fotos: Archivo familia Dellien Velasco y redes sociales Hugo Dellien

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