Julia Iriarte, “La Ch’iñi”

He aquí, su Majestad

Han transcurrido más de 70 años y la soberana tarateña sigue siendo la mayor octatlonista que dio el país.

“La Ch’iñi” es sinónimo de gloria para quienes la conocieron y tuvieron el privilegio de admirar su portento y sus hazañas en las pistas atléticas de los años treinta y cuarenta en los que el nombre de Bolivia llegó a lo más alto.

A lo largo de 15 años de carrera deportiva, acumuló más de 70 medallas, la mayoría doradas; a nivel nacional, nadie pudo hacerle sombra en las diferentes pruebas atléticas en las se entregaba en cuerpo y alma; en la esfera internacional, dio mucho de qué hablar al brillar como múltiple Campeona Bolivariana y Sudamericana, los máximos títulos a los que un deportista podía aspirar en ese tiempo.

La historia la reivindica como la figura gravitante e invencible del deporte boliviano, y como fiel heredera de la estirpe de las heroínas de la Coronilla.

 “La Ch’iñi”

El apodo lo heredó de uno de sus hermanos que era cariñosamente llamado “Ch’ñi”, adjetivo que en quechua significa “muy menudo de tamaño”, y que, de acuerdo a lo que la magnífica deportista narró en un par de entrevistas que le concedió a la prensa, era el común denominador de los hermanos Iriarte.

Julia Iriarte Velasco nació el 20 de diciembre de 1920. Llegó al seno de la numerosa familia que Plácido Iriarte Salinas y Clara Velasco Encinas conformaron en la ciudad colonial de Tarata, Cochabamba.

Primeras zancadas

Julia Iriarte realizó sus estudios primarios en Tarata y el nivel secundario en el Liceo Adela Zamudio de la ciudad de Cochabamba.

Destacando en la práctica deportiva, a los 17 años sus cualidades como basquetbolista le dieron la oportunidad de intervenir en la Primera Olimpiada Escolar que se llevó a cabo en La Paz, formando parte del equipo titular del Instituto Americano. Coronando la victoria de su plantel al marcar un cesto de media cancha, la joven captó la atención del profesor Saturnino Rodrigo, quien fuera fundador y director del prestigioso Instituto Normal Superior de Educación Física (INSEF) de la ciudad de La Paz.

La autoridad gestionó una beca para que la joven continuara con sus estudios en el Instituto Americano de la ciudad del Illimani y la inscribió en el INSEF, donde inmediatamente ella puso en evidencia su inusitada capacidad para conseguir marcas superlativas en las distintas pruebas del atletismo.

“La teoría no me llamaba mucho la atención; yo había venido para hacerme atleta”, le confesó una doña Julia simpática, modesta y sincera al periodista Mario Roque Cayoja en una entrevista grabada en 1986. Asimismo, contó que por un tiempo entrenó sola, hasta que la proyección que presentaba como “atleta promesa” hizo que el INSEF le asignara a un entrenador alemán de apellido Felk. “Él me hizo atleta y campeona”, declaró emocionada.

De alumna del INSEF pasó a ser profesora de Educación Física, noble labor a la que se dedicó con compromiso y pasión por muchos años.

Los Araoz Iriarte

La atleta valluna se casó con Duberty Araoz Montenegro, alias “El Chaqueño”, un zaguero central / back que marcó época junto a grandes figuras como Alberto Achá, Víctor Agustín Ugarte y Vicente Arraya. El oriundo de Charagua defendió la camiseta del Club Always Ready y fue en el Club Litoral de La Paz donde alcanzó su mayor plenitud futbolística. Fue parte del equipo que representó a Bolivia en el Mundial de Fútbol de 1950, aunque decisiones dirigenciales le arrebataron la posibilidad de jugar de titular, hecho que lo alejó de las canchas como futbolista. Años después, regresó a ellas como director técnico de Oriente Petrolero.

Julia y Duberty tuvieron 5 hijos varones –Juan Carlos, Mario, Rubén Julio, Teddy y Erland–, quienes heredaron de sus padres el talento atlético. Juan Carlos fichó al Petrolero de Cochabamba; Rubén Julio lo hizo para Blooming y Oriente Petrolero; y Erland jugó en Bolívar de finales de los setenta y en el Club Blooming de Santa Cruz.  

La pareja se mantuvo unida, residiendo en las ciudades de La Paz, Bermejo y Santa Cruz de la Sierra, hasta que, después de varias décadas, Duberty enfermó, dejando viuda a su esposa de 73 años, en 1993. La ex atleta, por su parte, fue víctima de graves complicaciones en su salud que la llevaron a someterse a tres operaciones, saliendo airosa de esa dura batalla a mediados de los años ochenta. En el ocaso de su vida estuvo rodeada del amor de su descendencia y apoyada en una pensión vitalicia que le fue adjudicada justamente, como reconocimiento a todas las medallas y triunfos que le regaló al país durante sus años mozos. Aproximadamente 25 años después de haber vencido a la muerte, falleció en La Llajta el 12 de junio de 2015 a los 94 años, aquejada por el cansancio y los males propios de la avanzada edad.

Su nieta Lorena Araoz recuerda: “Ninguno de nosotros, los nietos, heredamos los dones atléticos de mis abuelos, pero la Juliti –como la llamábamos– ¡nos heredó tanto para la vida! Nos enseñó a ser hombres y mujeres fuertes porque ella fue el mejor ejemplo de fortaleza física, de carácter y de espíritu; era una mujer de roble. Era sencilla, hermosa, tenía largas pestañas y ojos profundos. Su amor por el abuelito Duberty era envidiable y sus alas siempre nos abrazaron y alcanzaron para cobijarnos a todos…”.

Después de un ejemplar e incomparable ciclo deportivo que culminó en 1948, Julia siempre se dio modos para hacer ejercicio en algún momento del día, atesoró sus triunfos en lo más profundo de su corazón y vivió para hacer felices a los demás, compartiendo sus conocimientos y experiencias con las nuevas generaciones y preparando elemento deportivo desde la actividad docente; dando cobijo y amor a 5 hijos y a Miguel Araoz Sáenz, quien fuera criado como hijo propio y considerado parte de la familia, y a 18 nietos que, con el pasar de los años, le regalaron, hasta el momento, 15 bisnietos…

“Todos los días, aun de mayor, se levantaba a las 4 de la mañana; lavaba a mano, planchaba montañas de ropa, cocinaba delicioso y compartía con sus nietos todos sus secretos culinarios. Recuerdo que se entretenía haciendo pulcetas con quien la retara, o bien, se animara a desafiar su fuerza y su técnica; hacía mil cosas y nunca estaba cansada…”, rememora Lorena, hundida en los más dulces recuerdos que le dejó su abuela. 

¿Quien mucho abarca, poco aprieta?

1) Lanzamiento de bala, 2) lanzamiento de disco, 3) lanzamiento de jabalina, 4) salto alto, 5) salto largo, 6) 4×100 metros llanos con postas, 7) 80 metros llanos con vallas y 8) 50 / 100 metros llanos.

8 pruebas y varias medallas para cada una de ellas. Además, ¡basquetbol! Sin duda es la figura legendaria que retiene la gloria de haber sido la deportista que más lauros internacionales consiguió para Bolivia y el ejemplo más tangible de lo que se puede lograr en el atletismo, aun midiendo aproximadamente 1,60 metros, como era el caso de la popular “Ch’iñi”.

La oriunda de Tarata y cochabambina de corazón, Julia Iriarte Velasco, abarcó mucho y destacó en todo, hecho que nos lleva a marcar una excepción en el cumplimiento del popular refrán que reza: “Quien mucho abarca, poco aprieta”.

Para lograrlo, sin embargo, no bastó su admirable capacidad física y técnica natural; siempre mostró una excelente actitud y una capacidad excepcional de entrega a la práctica deportiva, realizando grandes esfuerzos y sacrificios.

El profesor Hermógenes Ortuño Sáinz, en una publicación en la que hace referencia a las grandes personalidades del siglo XX, da cuenta de la dedicación, constancia, disciplina y amor propio que rodeaban a la joven atleta, atributos que le permitieron lograr lo impensable en un contexto en el que los deportistas no gozaban de ningún tipo de comodidad o soporte.

“Sólo nos daban el uniforme y algunos viáticos”, recordó la estrella de las pistas en una entrevista que le concedió a la Red PAT en el ocaso de su vida, lamentando la constante falta de incentivo para la práctica atlética en el país, hecho que pudo evidenciar desde su lugar como atleta y también como profesora de educación física.

Por su parte, el periodista y estadístico, Víctor Quispe Perca, asegura que en esos años era aún más difícil para los deportistas conseguir apoyo para avanzar en sus carreras. De allí que Julia Iriarte se constituye, como lo sostiene el periodista deportivo Tito De la Viña, “en un ejemplo de dedicación al deporte y amor INCONDICIONAL por el atletismo, una disciplina actualmente abandonada en Bolivia”.

Marca exclusiva

Julia Iriarte fue la mejor en el II Campeonato nacional de Atletismo de Cochabamba (1938), registrando records nacionales imbatibles en las pruebas de 80 metros con vallas y lanzamiento de bala. El record nacional de 80 metros vallas se mantuvo vigente por más de 30 años, de 1938 a 1970, año en que la prueba fue excluida de las competencias oficiales.

En el III Campeonato nacional de Atletismo de La Paz (1939) descolló imponiendo marcas en las especialidades de 80 metros vallas, salto largo, lanzamientos de bala, disco y jabalina y 4×100 metros llanos con postas, y acumulando 5 doradas. En el IV Campeonato nacional de Atletismo de Santa Cruz (1942) la hazaña se repitió con pequeñas variantes, consolidando marcas que se mantuvieron imbatibles durante décadas.

Paralelamente a estas grandes conquistas, la atleta multifacética también construía una destacada carrera como basquetbolista, integrando equipos de La Paz como Gimnasia y Esgrima o el del INSEF y participando en las selecciones paceñas y nacionales de la época. Por ejemplo, su juego se lució en el I Campeonato Sudamericano de 1946 que se llevó a cabo en Santiago – Chile y en los II Juegos Deportivos Bolivarianos de 1947 – 1948 que se desarrollaron en la capital del vecino país de Perú, eventos en los que mostró una leal y sana competencia con las hermanas Marina y Luz Azcárraga, notables del básquet andino.

Y relata el consagrado periodista, Mario “Cucho” Vargas: “La conocí en la casa de Wálter ‘Canguro’ Pabón, que fue una de las primeras estrellas del basquetbol boliviano con Ingavi, y realmente la ‘Ch’iñi’ Iriarte era una muchacha muy agraciada, tanto así que el entonces cadete René Barrientos Ortuño –también tarateño– quedó prendado de ella… Ella, por su parte, no les hacía mayor caso a quienes osaban pretenderla porque su mayor preocupación era hacer marca tras marca y registrar récords que no fueron superados por décadas. Recuerdo que su amiga Carmela Soto también lograba buenos resultados en el atletismo y Julia brillaba en la pista del estadio miraflorino con una prestancia incomparable, tanto en pruebas de velocidad, medio fondo y otras especialidades en las que destacaba como ninguna otra atleta femenina lo ha podido hacer”. Fue pues, la mejor de las mejores, única en su campo, marca exclusiva.

Heroína boliviana y estrella internacional

En 1939 Julia Iriarte integró la delegación de Bolivia de cara a los Sudamericanos de Lima – Perú y en 1942 participó en el Torneo Sudamericano de Buenos Aires – Argentina, ocasión en la que alcanzó un tercer y cuarto puesto en las especialidades de lanzamiento de bala y disco, entre 16 competidoras. Si bien sus excelentes marcas la llevaron a ser declarada “Símbolo del Atletismo Continental”, en la ya mencionada entrevista de Mario Roque, doña Julia recordó que en la ocasión ella fue la única atleta boliviana que viajó a Buenos Aires junto a 4 dirigentes deportivos y que, si bien su actuación en el estadio de River Plate fue ponderada por el público y la prensa nacional e internacional, el cuerpo dirigencial no quedó conforme con el resultado obtenido.

En 1943, como abanderada de la delegación nacional, volvió a representar a Bolivia en los Sudamericanos de Santiago – Chile, con una notable actuación que sirvió de antesala a lo que ocurriría años después.

Entre diciembre de 1947 y enero de 1948, “La Ch’iñi” se consagró como la reina del atletismo en los II Juegos Deportivos Bolivarianos de Lima – Perú, consiguiendo ¡8 medallas para Bolivia!: 5 de oro y 3 de plata; y acumulando los puntos necesarios para ubicar al país como el del mayor puntaje del atletismo femenino.

Las medallas doradas las adquirió brillando en las pruebas de: 1) Lanzamiento de disco, 2) lanzamiento de bala, 3) salto alto, 4) salto largo y 5) 80 metros con vallas. En esta última impuso la marca de 12,1 como mejor registro sudamericano.

En la ocasión, también adquirió 3 medallas plateadas para Bolivia en: 1) 50 metros llanos; 2) lanzamiento de jabalina, y 3) 4×10 metros llanos con postas.

“Tocaron el Himno nacional 5 veces y se izó la tricolor 5 veces”, recordó doña Julia a finales de los ochenta, mientras mencionaba, uno a uno, los nombres de sus compatriotas bolivianas que también pusieron en alto el nombre de Bolivia en esa memorable ocasión: Carmen Rosa (Carmela) Soto, Carmen Antezana, Elena Anaya y Laura Ortiz.

Un entusiasmo loco despertó semejante hazaña en el pueblo boliviano. Al retorno de Julia a su país, miles de personas se apostaron en la Estación de Ferrocarriles de Guaqui para recibir a su heroína, levantarla en hombros y conducirla hasta la Plaza Murillo de La Paz.

El entonces Presidente, Enrique Hertzog, la recibió en el Palacio Quemado para condecorarla y homenajearla junto al Vicepresidente, Mamerto Urriolagoitia y el Gabinete en pleno. Julia se asomó al balcón para saludar a la concurrencia y pronunciar unas palabras, a tiempo de ser aplaudida y ovacionada por cientos de almas cargadas de júbilo.

Lo que parece un cuento de hadas no terminó allí. A finales de 1948, Iriarte repitió la proeza en el V Campeonato Sudamericano Extraordinario de Atletismo, realizado en la ciudad de La Paz, oportunidad en la que, fortalecida por el apoyo y aplauso de su gente, consiguió más medallas para el país anfitrión.

Se ganó el título de Campeona en las siguientes pruebas: 1) 100 metros llanos, 2) 80 metros con vallas, 3) lanzamiento de bala, 4) lanzamiento de disco, y 5) lanzamiento de jabalina.

Mereció el título de Subcampeona Sudamericana en salto largo y se adjudicó medalla de bronce en salto de altura.

 

Distinciones, reconocimientos y el premio mayor

Entre los muchos lauros, distinciones y reconocimientos que recibió Julia Iriarte en vida, destacan, por ejemplo:

  • “Símbolo del Atletismo Continental” en Torneo Sudamericano de Buenos Aires, Argentina (1942).
  • Orden de “Gran Atleta”, condecoración de la Confederación Sudamericana de Atletismo de Brasil (1954).
  • “Atleta del siglo XX del deporte boliviano”, por el Estado nacional.
  • “Personaje del Año y Atleta del Siglo XX”, por periodistas deportivos y deportistas.
  • “Hija Predilecta y Ciudadana Meritoria”, por la Honorable Alcaldía de la Provincia Esteban Arze – Tarata, Cochabamba.
  • Condecoración “Sol de Noviembre” y título de “Sublime Imagen de la Mujer Boliviana”, por Residentes Tarateños en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra.
  • “Medalla al Mérito Deportivo”.
  • Su fotografía fue colocada en el Salón de Notables del Palacio Consistorial de La Paz para que las generaciones futuras emulen las hazañas conseguidas por esta noble atleta.
  • El Gran Prix Internacional, torneo sudamericano organizado por la Federación Atlética de Bolivia y que se realiza en Cochabamba año a año, lleva su nombre desde 1994.

Sin embargo, según ella misma aseguró, su mayor emoción estuvo contenida cuando, después de 30 años de haberse alejado de las pistas atléticas, fue nuevamente convocada a recorrerlas.

A sus 55 años desfiló encabezando la delegación boliviana como portadora de la antorcha olímpica (corriendo 400 metros) y como digna encargada del encendido de la pira de los Octavos Juegos Bolivarianos de 1977 que se realizaron en La Paz, como premio y reconocimiento a su destacada actuación atlética en Bolivia y el exterior.

Este hecho fue la culminación de toda su carrera deportiva. Aplausos de pie, ovaciones y coros que pronunciaban su nombre, provocaron que doña Julia gire con la llama en mano y con lágrimas en los ojos.

Para ella fue mucho; para nosotros, nada fue ni será suficiente cuando se trate de honrar a su Majestad Julia, al símbolo más auténtico, puro y sublime del deporte boliviano.

BOLIVIANOS CAMPEONES 9

La Paz – Bolivia.

Beatriz Villa-Gómez C. – NEOCOM S.R.L.

Compartir