Karen Tórrez

Pasajes de una sirena ejemplar

Nació en Cochabamba en 1992. Está próxima a cumplir 29 años.

Es nadadora profesional y entrenadora de nuevos talentos.

Es especialista en velocidad. Sus pruebas principales: 50 y 100 metros libre y mariposa.

Con muchos títulos nacionales en su haber, hoy es la número uno de la natación en Bolivia, además de medallista sudamericana, campeona bolivariana y nadadora olímpica.

En síntesis, una deportista ejemplar, un ¡orgullo boliviano!

Cuéntanos un poco sobre tu actividad actual, considerando la complicada situación que la pandemia del Covid-19 ha generado a nivel mundial…

Karen Tórrez (K.T.): Bueno, ya son varios años que llevo trabajando como entrenadora del Club Hípico “Los Sangentos”, además de ser nadadora profesional. Esas son las dos actividades que mantengo hoy en día.

Todo este tiempo de pandemia ha sido bastante complicado. En estos últimos meses hemos podido entrenar con normalidad. Sin embargo, al principio, cuando a partir de marzo del 2020 se dio el confinamiento, de un día para otro nos quedamos sin piscina, sin poder nadar y tuvimos que adaptarnos y seguir entrenando de otra manera. Por ejemplo, haciendo la preparación física en casa, con ejercicios.

En ese tiempo me dediqué mucho a la bicicleta porque estaba acostumbrada a nadar entre 5 y 7 kilómetros al día. De esa manera no perdía tanta resistencia, cosa que me ayudó a no tener que empezar de cero.

De todas maneras, la situación seguía siendo complicada porque nadie tenía autorización para desenvolverse con normalidad. Tuve que pedir un permiso especial al Viceministerio de Deportes y al Comité Olímpico Boliviano como deportista que está apuntando a los próximos Juegos Olímpicos, en los cuales estaría representando a todo un país, cosa que implica una responsabilidad muy grande.

De esa manera pude regresar a la piscina en junio del 2020 y reiniciar los entrenamientos en este Club (“Los Sangentos”).

¿Cómo es el día a día de una deportista de élite como Karen Tórrez?

K.T.: Me dedico a entrenar a chicos y chicas; y a prepararme muy duro. Poco es el tiempo que me queda para hacer otras cosas que también me gustan como ver series, pasarla bien con los amigos o visitar a mi familia en Cochabamba.

Por temporadas, el nutricionista del Centro de Alto Rendimiento de La Paz me marca una dieta pero, en general, yo manejo un tema de coherencia en mi alimentación. Por ejemplo, si ayer me comí una pizza, hoy no puedo cenar una hamburguesa. Un par de veces a la semana, me doy permiso para comer ciertas cositas que quizás no sean cien por ciento nutritivas, pero el resto de la semana como saludable y balanceado.

Respecto al descanso, debo admitir que no soy muy buena porque como trabajo desde las 6 de la mañana, no logro dormir las 7 u 8 horas recomendables; eso es algo en lo que tengo que trabajar como objetivo hacia los Juegos Olímpicos porque es muy importante que los músculos y que el cuerpo en general, se recuperen con el descanso.   

¿Cuáles son los objetivos actuales de Karen Tórrez?

K.T.: Llegar a Tokyo, que es el principal motor por el que yo estoy nadando y entrenando estos últimos cuatro años y ubicarme entre las 16 mejores del mundo, pasar de Eliminatorias a una semifinal y poner en alto el nombre de mi país.

¿Y dónde te ves en los próximos 10 o 20 años?

K.T.: Bueno, la verdad me veo en la piscina. El 2016 empecé a trabajar como entrenadora y encontré otra pasión haciendo eso; me gusta mucho enseñar, me gusta mucho ver a los chicos mejorando en sus tiempos y compartir con ellos la satisfacción que ellos sienten al progresar.

Me encantaría poder lograr cambios importantes dentro de la natación boliviana; lograr que más atletas bolivianos puedan ubicarse en el podio a nivel sudamericano y a nivel olímpico, a partir de mi propia escuela de natación que cuente con un equipo multidisciplinario para brindarles a los deportistas todo el apoyo que necesitan.

Ahora vayamos en retrospectiva… Cuéntanos un poco a cerca de la pequeña Karen.

K.T.: De niña yo era muy traviesa e hiperactiva. Fui muy deportista desde chiquita; jugaba mucho al fútbol, al básquet; me encantaban las carreras, la bicicleta, la patineta, etc., y hacía todo con mi hermano y con mis amigos.

Cuando tenía más o menos 5 años, mis papás decidieron ponernos a la escuela de natación con la idea de que aprendamos a nadar porque yo era realmente muy traviesa y me lanzaba a la piscina sin saber nadar. Me encantaba el agua y cuando viajábamos en vacaciones, yo me metía a la playa sin saber nadar, me revolcaban las olas y bueno, tenían que sacarme porque me exponía a situaciones de peligro.

Así fue que mis papás decidieron que era importante que aprendiéramos a nadar y, si bien uno no aprende todos los estilos y demás de la noche a la mañana, yo disfrutaba mucho de estar en el agua y de la disciplina de la natación en sí. Mis padres, a quienes siempre les había gustado la idea de que practicáramos algún deporte, me dejaron allí y fueron pasando los años.

Poco a poco fui mejorando y cuando tenía 10 empecé a competir. Las competiciones te van enganchando cuando empiezas a darte cuenta de que, a medida que vas trabajando, te vas superando. Entonces lo que era un pasatiempo o algo recreativo, se fue convirtiendo en algo competitivo que me fue apasionando cada vez más.

¿Sientes que tuviste una infancia sacrificada por las exigencias del deporte competitivo?

K.T.: Bueno, lo que ocurre es que cuando el deporte te va enganchando porque sabes que tienes buenas condiciones y sientes que cada vez vas mejorando, tus prioridades van cambiando. La parte social, por ejemplo, pasa a un tercer plano porque tus intereses son entrenar, superarte, mejorar tus marcas, tus tiempos, poder competir en tal campeonato, clasificar al otro, etc.

He vivido la adolescencia con el “no puedo, tengo que entrenar” en la boca. Cuando mis amigas del colegio proponían: “nos vamos a reunir después del cole” o “vamos juntas a tal fiesta”, mi respuesta era: “…no puedo porque tengo que entrenar”, “…no puedo, tengo Campeonato». Lo bueno es que esto no me afectó mucho porque tuve la suerte de tener un buen grupo de amigos en la piscina que vivían lo mismo que yo y que compartían la misma pasión y se movían con la misma disciplina. Eso hizo que todo fuera más sencillo. Cuando veo en retrospectiva, realmente no me arrepiento de nada porque el deporte y la natación me han dado los mejores momentos de mi vida.

¿Cuáles consideras que han sido tus principales fortalezas técnicas como nadadora?

K.T.: Bueno, ciertamente lo que une ve en la natación cuando eres niño, es el biotipo, pero esa no es una regla porque yo soy chiquita y la natación es un deporte de altos, entonces físicamente no hay límites; tienes que tener la actitud de decir “quiero ganar, quiero darlo todo, pero también quiero entrenar”. Al empezar tienes que nadar todos los estilos, hacer muchas pruebas de distancias largas y ya con los años viene la especialización.

Yo actualmente soy especialista en velocidad, mi prueba principal son los 50 metros libre porque soy muy explosiva y muy veloz, y porque soy capaz de mantener una velocidad por bastante tiempo. Si bien hago pruebas de velocidad, en los campeonatos nacionales nadé casi todas las pruebas: de 100, 200, 400, 800, 1500 metros… Pero a nivel internacional, en las pruebas que yo puedo pelear y en las que soy medallista a nivel sudamericano, son las pruebas cortas: 50 y 100 metros, en los estilos libre y mariposa.

Háblanos de los momentos más especiales y felices que viviste a lo largo de tu carrera, hasta ahora…

K.T.: Definitivamente llevar la bandera de Bolivia en la inauguración de los Juegos Olímpicos del año 2012 en Londres, fue una emoción increíble porque uno entrena y lucha mucho para llegar a las Olimpiadas. Además de lograr ese gran sueño, tuve la oportunidad de llevar la bandera de mi país y de sentir que todo Bolivia estaba conmigo en ese momento… Fue algo realmente indescriptible.

Cuando gané la Medalla de Oro de los Juegos Bolivarianos del 2017, no me la creía porque hice un tiempo que no me imaginé que era capaz de hacer; al salir del agua ya estaba emocionada y cuando dijeron por altavoz que había logrado un récord bolivariano, o sea, un récord internacional que tampoco imaginaba que podía llegar a hacer, fue uno de los momentos más felices y emocionantes de mi vida.

Otro momento increíble fue cuando gané la serie en los Juegos Olímpicos del año 2016, en Río.  Ver aparecer la bandera de Bolivia y mi nombre en la pantalla grande de unos juegos olímpicos, fue algo muy especial.

También diría que vivir la adrenalina y la emoción de competir como locales en los Juegos Sudamericanos de Cochabamba 2018, fue impresionante. Escuchar a todo un estadio gritar tu nombre, gritar “Bolivia” y pelear las medallas, fue de lo más emocionante que me tocó vivir y experimentar.

¿En quiénes te apoyaste para lograr cosas tan increíbles como las que mencionas?

K.T.: Bueno, mis papás son los directos responsables de todo lo que he podido lograr porque ellos son los que me han inculcado el deporte y los que han hecho posible que yo me formara en esta disciplina, llevándome y recogiéndome por lo menos dos veces al día de los entrenamientos, durante muchos años. Ellos fueron los pilares fundamentales.

El trabajo y compromiso de mis entrenadores ha sido clave a lo largo de mi trayectoria deportiva, y cada uno de ellos ha dado su granito de arena para hacer de mí una deportista de alto rendimiento. Además de formarme en Bolivia, he tenido la oportunidad de entrenar en el exterior, en España, en Estados Unidos. Los entrenadores de cada lugar me han marcado y me han ayudado a cumplir mis sueños.

También están los clubes, las instituciones y las empresas que me han apoyado y me han abierto las puertas. Por ejemplo, el Club Hípico “Los Sangentos” de La Paz; el Comité Olímpico Boliviano que, a través de sus gestiones, me ha permitido obtener la “Beca de Solidaridad Olímpica” para prepararme en el exterior; el Centro de Alto Rendimiento de La Paz que me permite acceder a diferentes tipos de entrenamientos complementarios; y en Centro de Medicina Deportiva (MEDs).

También debo mencionar a los sponsors que me han apoyado durante estos últimos años porque estoy consciente de que para un deportista boliviano que no es futbolista, es muy difícil tener sponsors. Tengo el privilegio de contar con el apoyo de marcas como Rexona, Toyota, Powereight y Siete Mundos, por ejemplo.

Imagino que también has tenido que sobrellevar momentos difíciles y las frustraciones propias de toda carrera deportiva…

K.T.: Sí, evidentemente nada en la vida es plano o color de rosa; siempre hay picos, buenos momentos, malos momentos, situaciones sencillas, situaciones complicadas… A los 16, por ejemplo, tuve que enfrentar una situación difícil cuando en el año 2008 estaba de primera en el ranking y, por lo tanto, me correspondía competir en los Juegos Olímpicos de Beijing, pero no pude hacerlo por decisiones federativas. Al final, después de una historia bastante larga, terminé yendo a esas Olimpiadas, pero viviendo mi experiencia desde las graderías. Lo que pasó no hizo que me frustrara o me rindiera, sino, por el contrario, me hizo desear con más fuerza llegar a las próximas Olimpiadas, competir y representar a mi país, y así fue.

También recuerdo que después de haber estado entrenando durante dos años en España –años maravillosos, pero muy duros en los que entrenaba ocho horas al día, en los que no podía ver a mi familia, etc. –me planteé la idea de dejar la natación definitivamente. Cuando volví a Bolivia, recuperé la motivación y decidí seguir.

Siempre hay altas y bajas, pero lo importante es rescatar las enseñanzas que te deja cada experiencia, saltar los obstáculos y seguir adelante, teniendo el objetivo muy claro y luchando todos los días para conseguirlo. Si viviéramos sólo de buenos momentos, no aprenderíamos nada…

¿A qué deportistas admiras y te han inspirado para llegar a donde has llegado?

K.T.: A nivel nacional, cuando era chiquita, mis referentes en ese momento eran los nadadores olímpicos, Mauricio Prudencio y Katerine Moreno. Yo apuntaba a los objetivos que ellos habían logrado, a los Juegos Olímpicos.

También admiro a otros deportistas bolivianos de otras disciplinas como nuestros raquetbolistas Conrrado Moscoso y los hermanos Keller; y al tenista Hugo Dellien que está entre los primeros, dentro del top 100 del mundo, algo grande para el tenis boliviano.

Tenemos muchos deportistas que todos los días luchan muy duro porque nuestra situación no es la misma que la de otros países: el apoyo que tenemos no es el mismo, la infraestructura no es la misma, etc. Entonces creo que el tener la capacidad de luchar por sus sueños, de no rendirse y seguir adelante, es algo digno de admirar.

A nivel internacional, admiro mucho a Michael Phelps que ha sido el nadador y el deportista con mayor número de medallas en los Juegos Olímpicos; a Adam Peaty que es el mejor nadador en el estilo pecho; y en damas a Katinka Hosszú, la nadadora húngara a quien llaman la “Iron Lady” (dama de hierro) porque es capaz de hacer 5 o 6 pruebas en un mismo día, y hacerlo perfectamente. La verdad que la natación, como tiene tantas pruebas, tiene muchas figuras que son excelentes.     

¿Qué les dirías a los niños y jóvenes que sueñan con las olimpiadas?

K.T.: Es importante que los chicos y los padres sepan que la etapa de arranque de una carrera en la disciplina de natación no es fácil, en el sentido de que es la familia la que tiene que correr con todos los gastos que implica el nivel competitivo: costos de pasajes, de hotel, de los entrenamientos, etc. Sin embargo, decirles a las familias que todo lo que pongan, lo tomen como una inversión, no como un gasto.

Lo lamentable en nuestro país es que son muy pocos los deportistas que tienen la facilidad o la suerte de contar con una familia que pueda apoyarlos en ese sentido. Me ha tocado ver muchos casos en los que los chicos no pueden viajar porque los papás no tienen la posibilidad de costear el viaje, y cuando hablamos de familias de 2, 3 o más hijos, la situación se complica aún más.

En todo caso, si se hace la inversión, ésta siempre valdrá la pena porque, independientemente de los resultados, la competencia ayuda a los chicos a ser disciplinados, a trabajar en equipo y a trabajar duro, buscando objetivos.

A los chicos, decirles que la natación es un deporte muy hermoso que les va a traer momentos y experiencias increíbles que difícilmente las podrán vivir de otra manera; que lo que realmente vale la pena, no es fácil; y que, si quieren lograr grandes cosas, tienen que trabajar por ellas, tienen que esforzarse y tienen que comprometerse con ello. No se trata de entrenar muy bien un día y al día siguiente ir al cumpleaños de la tía o a la reunión con las amigas, en vez de entrenar. Es un trabajo de todos los días que, al final, tiene su recompensa.

¿Cuál es tu opinión respecto a la autoestima del deportista boliviano, en general?

K.T.: Para contestar a tu pregunta, te puedo contar un par de anécdotas que me pasaron como deportista boliviana:

Cuando viajé a mi primera competición internacional con 12 años, que era en Argentina, yo iba con una mentalidad que es muy común entre los deportistas bolivianos porque, ciertamente, nuestro historial no es el mejor en relación a los de otros países.

Me acuerdo que en esa oportunidad mis amigas estaban muy nerviosas y yo les decía: “Relájense, no pasa nada… Vamos a perder, pero seguro que la vamos a pasar bien”. En mi cabeza era casi imposible pensar en poder ganarle a Brasil, a Argentina o a Colombia. Es decir, fui con cero expectativas. En ese momento mi mejor estilo era mariposa, el estilo en el que miras al frente, no miras a los lados. Gané 4 medallas de oro y 1 de plata.

El año 2014 me fui a entrenar a España y me tocó nadar en el Nacional español, donde no había ninguna bandera. Competí y quedé segunda, superando a la entonces finalista europea que tenía el récord nacional.

Ahí me di cuenta que, por muchos años, estaba acostumbrada a fijarme en las banderas, y ya perdía. Entonces empecé a cambiar el chip y decir: “Yo puedo; no soy alta, pero soy fuerte; tengo estas cualidades; me esfuerzo más que…”. Estoy segura que ese cambio de chip me ayudó a ganar más medallas a nivel internacional, en sudamericanos, en bolivarianos y a estar peleando las finales en panamericanos.

Los bolivianos tenemos que aprender a confiar en nosotros mismos y en nuestro trabajo; cuando creamos que somos capaces de lograr grandes cosas, seguramente las vamos a lograr.

BOLIVIANOS CAMPEONES 6

La Paz – Bolivia.

Beatriz Villa-Gómez C. – NEOCOM S.R.L.

Compartir