Rodolfo Aliaga Saravia, “R.A.S.”

El modelo fuera de serie que Bolivia necesita

Además de convertirse en la figura más grande que dio el basquetbol boliviano durante las décadas de los 50, 60 y 70, fue un jugador de voleibol de gran talla y un deportista tridimensional que también incursionó con éxito en la Primera División del fútbol paceño.

“R.A.S.”: Leyenda del deporte; símbolo de la época dorada del baloncesto boliviano; caballero ejemplar que supo hacer de su pasión, una forma de vida…

La figura del “Negro Aillón” en la época dorada del básquet

La época dorada del baloncesto en Bolivia tuvo lugar entre los años 50 y 70 del siglo XX, y se originó en los campeonatos intercolegiales que se vivían a todo pulmón y en los cuales se proyectaban a los futuros talentos deportivos.

Como lo explica el consagrado periodista deportivo, Tito De La Viña, en esa época los dos colegios que mandaban en el deporte eran La Salle y San Calixto, bajo la guía de grandes profesores de educación física. “El de La Salle era Roberto Aillón –el ‘Negro Aillón’–, y él formó a muchos escolares que se dedicaron, con mucho éxito, a la práctica deportiva”.

Del colegio La Salle surgió el afamado Club Ingavi, especializado en el deporte de la canasta, y dirigido y sostenido, precisamente, por este singular personaje.

“Él hacía todo. Era nuestro entrenador y nuestro consejero; era nuestro amigo y al mismo tiempo, quien nos educaba y formaba en valores; la persona que nos exigía disciplina, responsabilidad y puntualidad, y que controlaba que nos mantengamos alejados de ambientes de humo y trasnochadas… Era muy cercano a cada uno de nosotros y mantenía un vínculo especial con nuestras familias. Vivía para y por el Club Ingavi. Él mismo compraba las camisetas y se las daba a nuestras mamás para que ellas cocieran las letras y números de cuerina que él había recortado previamente. Lo que se logró en el Ingavi fue resultado de su esfuerzo y entrega, el apoyo de nuestros papás y el colegio La Salle que nos prestaba su cancha para entrenar”, recuerda el destacado caudillo ingavista, Guido Meruvia.

Según el ex atleta y también activista deportivo, Guido Meruvia, en el Ingavi de aquellos años se vivía un ambiente de hermandad, compañerismo y respeto. Los jugadores estudiaban y trabajaban al mismo tiempo que entrenaban con absoluta disciplina y entrega a su deporte. “Las chicas nos largaban a todos porque no podíamos ir a fiestas para estar al cien por ciento en las finales que jugábamos contra Litoral, Municipal, Mariscal Santa Cruz… El dinamismo que exige el básquet es aún más fuerte que el del fútbol, por lo que muchos compañeros fueron disertando en el camino hasta quedar una minoría que jugaba por amor a la camiseta, a nuestro equipo y al deporte, sin recibir ni un solo centavo”.

Un 16 de julio nace una estrella paceña

Rodolfo Aliaga Saravia nació en 1937, en la gloriosa fecha del 16 de julio en la que se conmemora el cumplimiento del sueño libertario de La Paz, y cada día de su vida honró a la hermosa ciudad que lo vio nacer, crecer y brillar.

Desde muy temprana edad, sin aspavientos y forjando grandes valores como la nobleza de espíritu, la decencia, la disciplina, el orden, la responsabilidad, el amor, el respeto y la dedicación, volcó sus mejores energías a la práctica del deporte, en busca de hacer realidad sus juveniles anhelos.

Al respecto, su hija Ximena relata: “Él jamás imaginó llegar a donde llegó con el básquet porque en ese momento el fútbol era de su mayor interés. En 1945, 46, empezó a incursionar en este deporte, en la División Infantil de Always Ready y en el Colegio La Salle porque él se formó en ese colegio. Posteriormente siguió con voleibol y con básquet”.

Su incursión en el baloncesto estuvo fuertemente vinculado a la motivación y al impulso que recibió de parte de Roberto Aillón, el experimentado entrenador que lo formó hasta hacer de él una estrella.

1 deportista, 3 dimensiones

Gran valor del voleibol paceño

A finales de los años cincuenta, formó parte del equipo de voleibol “Sports Men”, en el cual brilló tanto por sus indiscutibles cualidades físicas y técnicas –mismas que le permitían realizar espectaculares mates–, como por su ejemplar comportamiento dentro de la cancha.

Llegó a ser Capitán de este prestigioso equipo paceño y su desempeño fue varias veces reconocido a nivel departamental.

Compartiendo esta actividad deportiva con su hermano menor César, incluso formó parte de la mesa directiva de “Sports Men”.

Fichado por El Decano

El destacado jugador stronguista, Rolando “El Perro” Vargas, recuerda a su entrañable amigo y compañero de equipo, quien fichara a la Primera División de The Strongest, como “un caballero y un señor en toda la extensión de la palabra”. Asegura que, si bien su paso por el fútbol fue corto debido a que muchas veces las fechas importantes del Tigre coincidían con las del Ingavi, Rodo Aliaga destacó como un back centro de buena estatura y de temperamento sereno.

Un fenómeno llamado Ingavi

El Ingavi en esa época era como Bolívar y The Strongest. Era el club de mayor prestigio y tenía seguidores en todo el país”, recuerda Guido Meruvia, el inolvidable Nº 4 del conjunto verdolaga. Por su parte, su hija Jacqueline Aliaga Delgado, quien cada fin de semana acudía al Coliseo Cerrado de La Paz junto a su mamá y hermanas para apoyar a su padre, es testigo directo del nivel de fervor y fanatismo que se generaba alrededor de este club y sus figuras.

Verdaderos íconos del baloncesto boliviano se lucieron con la camiseta del Ingavi: Enrique Pozo, Javier Núñez del Prado, René “El Chuncho” Verduguez, Enrique Rodríguez, Edgar “Sabú” Pozo y Guido Meruvia, por citar a algunos.

El Nº 14, “R.A.S.”, encajaba perfectamente en este cuadro de destacados, lo que dio lugar a que cada domingo por la mañana, se jugara en un coliseo a reventar –de 10.000 personas– que concentraba al público hambriento del espectáculo que protagonizaban los eternos rivales: Ingavi y Litoral.

Esta fiesta deportiva tenía particularidades inolvidables y maravillosas, recuerda Meruvia. “El pueblo unido, jamás será vencido”, era el lema que los universitarios de la época de la dictadura llevaban a las graderías para motivar al equipo que logró 15 títulos paceños consecutivos y 10 campeonatos nacionales, casi siempre venciendo al duro rival que representaba a los policías y militares, y logrando alrededor de una treintena de campeonatos y otra cantidad importante de récords.

Grande “R.A.S.”

Brillando en las tres disciplinas que practicaba paralelamente con singular destreza, poco a poco Aliaga fue consagrándose física y afectivamente al gran Ingavi, convirtiéndose en el nervio motor del equipo que más títulos acumuló en la historia del baloncesto boliviano. Meruvia, recordado por su “zurda mágica”, explica la importancia que ejercía la presencia de Aliaga en el equipo: “Él me ha ayudado cualquier cantidad porque nos guiaba y nos apoyaba a todos, totalmente despojado de cualquier signo de egoísmo o individualismo”.

Su destreza física y sus múltiples habilidades de jugador, combinadas con el despliegue de corrección, tolerancia y juego limpio, también lo llevaron a brillar en otros representativos locales, departamentales y nacionales, y a ser permanentemente aplaudido y elogiado por el público, la prensa, las autoridades, e inclusive, por instancias internacionales.

Quién mejor que don Tito de La Viña para describir las cualidades del crack: “Bueno, de Rodo Aliaga hay que decir muchas cosas realmente porque fue un hombre ejemplar, es la palabra. Era espectacular elevando la pelota, era encestador, era liviano y muy exacto para hacer los pases, era completo. Además, rara vez lo expulsaban de la cancha; era un jugador limpio y de conducta intachable”.

Por su parte, Andrés Pacheco Aliaga desempolva uno de los momentos más importantes de la carrera deportiva de su querido abuelo: “Un momento increíble para él fue cuando el Ingavi logró su décimo quinta titulación como Campeón… En los últimos 27 segundos, mi abuelito marcó los 2 cestos que se necesitaban para empatar; después los de Litoral volvieron a marcar y en los últimos 13 segundos uno de sus compañeros, Johnny Burgoa, marcó el último cesto. Mi abuelito fue aclamado por la hinchada que enloqueció, la gente lo levantó en hombros porque esa hazaña le permitió a Ingavi ser Campeón nacional y asistir al campeonato internacional que se jugó en el Brasil, en San Paulo…”.

Su hija Karina Aliaga, por su parte, recuerda el gran revuelo que causaron las llegadas de los Harlem Globetrotters de la NBA a Bolivia (1957 y 1959), y la algarabía colectiva que se vivió en La Paz cuando las estrellas norteamericanas se enfrentaron a la potencia paceña en partidos de exhibición. “Fue un show increíble, algo muy grande que se vivió. Para mi papá fue un hito en su carrera porque los jugadores de este prestigioso equipo de talla mundial lo respetaron y lo felicitaron. Inclusive uno de los entrenadores le ofreció irse a Estados Unidos”.

Hombre de familia

En 1962 Rodolfo Aliaga se casó con Lucy Delgado y con ella formó una familia de 5 orgullosas mujercitas: Jacqueline, Karina, Ximena, Alejandra y Susanita (+).

Relata Ximena que la casualidad acercó a sus padres en una actividad deportiva en la que ambos eran protagonistas, y los unió para siempre: “Él nos contaba que, durante su carrera deportiva, siempre tenía contacto con todas sus fans, mismas que iban a hacerle barra cuando él jugaba… Pero mi mami fue una mujer muy hermosa por dentro principalmente y también por fuera… A finales de los cincuentas fue elegida Reina del Club Ingavi y fue allí donde mi papi la vio y quedó eclipsadísimo”.

Según relata su hija Alejandra, Lucy apoyó a su esposo incondicionalmente para que él pudiera desenvolverse deportivamente a nivel profesional (aunque el básquet no estaba profesionalizado), al mismo tiempo que llevaba adelante y de manera metódica y ordenada sus estudios de Economía y Contabilidad, y su carrera bancaria. “Organizaba su vida de tal manera que podía cumplir perfectamente todos sus roles; marcaba sus tiempos, tan bien como marcaba el cesto”, señala Ximena, a tiempo de recordar el record que registró cuando en un partido definitorio de Ingavi marcó 43 puntos de los 96 que logró el equipo.

La pareja se mantuvo unida por casi cuatro décadas, hasta que Lucy falleció en 2001. A pesar del dolor y el vacío que esta partida dejó en la vida del ex deportista y de la distancia física que se impuso cuando parte del grupo se alejó de Bolivia para radicar en otros países, éste se mantuvo como el pilar inquebrantable de unión familiar. Su sabiduría y amor se extendieron a sus hijas, yernos, 10 nietos y 8 bisnietos con el mejor ejemplo y las más nobles enseñanzas.

Por y para Bolivia

Aliaga representó a La Paz y a Bolivia en innumerables eventos nacionales e internacionales en los que casi siempre logró las palmas del triunfo.

Por ejemplo, en 1955 viajó a Colombia junto al equipo Juvenil de Ingavi, representando a Bolivia en el Primer Campeonato Sudamericano de Básquet, y en 1970 fue el Capitán y Abanderado de Bolivia en los Juegos Bolivarianos que se llevaron a cabo en Venezuela.

Si bien estas experiencias fueron altamente satisfactorias para él, no se salvó de las inclemencias a las que, hasta la actualidad, se enfrentan nuestros deportistas.

Guido Meruvia lo confirma con tono anecdótico y divertido: “Para viajar teníamos que hacerlo por nuestra cuenta. Íbamos en condiciones inimaginables… Mientras los jugadores de otros países llegaban en avión, nosotros llegábamos directo al partido en flota. En Antofagasta, en un Sudamericano, veíamos que los otros equipos llegaban con sus cocineros, en avión, equipados, mientras nosotros lo hacíamos ni siquiera en flota, en colectivo…”.

Después de la despedida

Problemas en su columna lo llevaron a despedirse de las canchas a sus 40 años, en 1977. El cierre oficial de su exitosa carrera lo hizo representando al cuadro “R.A.CH” que él mismo hubiera impulsado en honor a su entrañable amigo, consejero, mentor y entrenador, Roberto Aillón Chávez.

Habiendo registrado múltiples récords, no dejó de cuidar su alimentación, hacer ejercicio y trabajar por el deporte boliviano. Lo hizo como dirigente y autoridad nacional apolítica, habiendo asumido los cargos de Director Nacional de Deportes (1978) y Secretario Nacional de Deporte y la Juventud (1989).

Como gestor deportivo y activista, fomentó la investigación, la recordación y el homenaje a los principales hitos y protagonistas deportivos del país, desde el Museo del Deporte Nacional que fundó y dirigió en La Paz. Don Javier «Chicho» Lanza Crespo fue su mano derecha para hacer realidad su sueño de montar un espacio donde se trazaba la historia deportiva, a través de una biblioteca abierta al público y la exhibición de objetos, reliquias y obras de arte relacionados al deporte boliviano.

Impulsó, además, la formación deportiva infato-juvenil en diferentes escuelas, clubes e instituciones deportivas y académicas de La Paz.

Por ejemplo, con ayuda de auspiciadores, donaciones y a través de una inversión personal, en 1973 creó la entonces única escuela de básquet de la ciudad, dirigida a niños desde los 8 años. La iniciativa se desarrolló de la mano de la Comisión Técnica del Club Municipal. Junto a su amigo y compañero de juego y de instrucción en básquet, Jaime Méndez, la escuela llegó a formar a 360 alumnos, entre niños y jóvenes. Esta iniciativa hizo posible su inquietud de poder preparar a los equipos juveniles, infantiles y mini damas y varones de la entidad edil, incluidas sus pequeñas hijas.    

Al respecto, su hija Jacqueline recuerda: “Tanto Karina como yo hemos jugado basquetbol. Más adelante, mi papá formó el equipo de Chaco Petrolero y allí jugamos con Karina por un buen tiempo, y fue muy lindo tenerlo a él como nuestro entrenador; ha sido una experiencia muy linda ser parte del equipo que él con tanto cariño formó y al que más tarde se sumó también Ximena”.

Aliaga fue uno de los mentores en la creación de las escuelas de básquet y volley de la Universidad Católica Boliviana “San Pablo” de La Paz, a las que impulsó como autoridad deportiva de esta casa de estudios.

No sólo cientos de niños de La Paz y sus propias hijas recibieron el estímulo de Rodolfo Aliaga. A medida que fue pasando el tiempo, todos sus nietos -5 mujeres y 5 varones- se nutrieron de ese impulso, hecho que les permitió vivir experiencias inolvidables y satisfactorias en diferentes disciplinas.

Como fino escritor –otra de sus múltiples facetas–, dejó a Bolivia valiosa bibliografía sobre el deporte, siendo la juventud su principal fuente de inspiración:

“Mi más grande deseo es que este pequeño libro sirva de guía tanto a educadores como a todos los jóvenes deportistas que se inician es este extraordinario deporte que es el basquetbol para que así, algún día, lleguen por sus propios medios, cualidades físicas, morales y deportivas, a ser quienes den satisfacción y triunfos a nuestra querida Patria Bolivia” (Fundamentos y reglas del Minibásquet, 1975, 2º edición).

Una luz que no se apaga

Estamos cercanos a conmemorar un año de la partida de Rodolfo Aliaga.

Su guía, tan pura, hace mucha falta y esa ausencia duele mucho; la luz de su recuerdo sigue brillando con la misma intensidad con la que lo adornó a lo largo de su vida, aseguran sus hijas.

Guido Meruvia, entre lágrimas y sonrisas, evoca con frecuencia el compañerismo y gran decencia que caracterizaron al amigo con quien mantuvo una relación forjada a base de afecto, respecto, confianza e inolvidables vivencias y anécdotas que compartieron dentro y fuera de la cancha.

Su nieto Andrés aún añora su presencia a la hora de ver y disfrutar del deporte porque considera que la compañía de su abuelo era mejor que la de cualquier amigo. “Él era del Real Madrid y fan de Cristiano. Aún en su lecho de muerte se daba formas para estar al tanto de lo que habían logrado sus equipos y sus ídolos… Era de otro planeta”.

Cientos de diplomas, trofeos, medallas y otras distinciones son cuidadosamente atesorados por su familia en un espacio casi sagrado. El “Fair Play” Internacional que recibió en París, Francia (1984); el Cóndor de Los Andes en el Grado de “Caballero” (2011); caricaturas y dibujos –muchos de ellos autoretratos– que él mismo elaboraba en tela de tocuyo; notas y pequeños poemas para obsequiar a sus seres queridos; cuadritos, carpetas y álbumes que cuidadosamente confeccionada en honor a su familia, a su trayectoria deportiva y a otros temas que lo apasionaban.

Todo aquello que se reúne en el que fuera su escritorio da cuenta de que, como pocos, Rodolfo Aliaga fue un hombre que, en vida, fue justamente reconocido, valorado, admirado, galardonado y homenajeado.

El pasado 28 de agosto de 2020, a los 83 años, se fue con la tranquilidad y satisfacción propias de los hombres de bien que dejan huella y que trascienden; se fue con la esperanza de que, un día, su amado Club Ingavi vuelva a escribir nuevos capítulos de gloria.

Su afán por recordar y homenajear a los grandes del deporte resulta inspirador y, desde estas páginas, deseamos que muy pronto y por el bien de Bolivia, empiece a replicarse y multiplicarse el modelo de deportista y ser humano “R.A.S.”, como lo hacen las estrellas en el firmamento cuando cae la noche clara.

BOLIVIANOS CAMPEONES 8

La Paz – Bolivia.

Beatriz Villa-Gómez C. – NEOCOM S.R.L.

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