Wálter Nosiglia Navarro

Más de cuatro décadas de total entrega a su deporte, legitiman su reinado

El 21 veces Campeón nacional de motociclismo logró una hazaña que difícilmente podrá repetirse: Es el único piloto boliviano que conquistó un lugar en el podio en uno de los rallys más duros y exigentes del mundo: El Dakar.

En 2015 –justamente cuando la carrera hizo su paso por Bolivia– “El Lobo del Desierto” quedó en tercer lugar en la categoría de cuatrimotos, convirtiéndose así en héroe nacional.

El gran campeón pudo subyugar los títulos al sentimiento de orgullo nacional, e hizo posible que miles de bolivianos, con lágrimas en los ojos y la sonrisa a flor de piel, se sintieran agradecidos de haber nacido en esta tierra.

Junto a otras figuras del motociclismo boliviano, como el gran Juan Carlos “El Chavo” Salvatierra, Leonardo y Suany Martínez, Fabricio Fuentes y otros, este hombre acostumbró al público boliviano a pasear la tricolor por el mundo.

Pero la cosa no queda allí porque, además, tiene el mérito de haberse convertido en un gran formador de nuevos talentos. No sólo les contagió a sus dos hijos su pasión por las ruedas, los motores y la velocidad, sino que los formó como deportistas de élite y campeones de talla internacional, dejando así un legado de gran proyección para Bolivia.

¿Cómo vive Wálter Nosiglia Navarro la actual crisis sanitaria?

Wálter Nosiglia (W.N.): El tema de la pandemia ha sido y es un tema complicado para todos; creo que todos hemos sufrido con el susto de contagiarse con la familia, con los amigos, etc. Durante el confinamiento que inició en marzo del año pasado, pasamos alrededor de dos o tres meses en familia, en casa, completamente encerrados y esto para mí ha sido como estar en el cielo… La hemos pasado muy bien con mis hijos, no hemos parado de entrenar nunca, hemos implementado un gimnasio en la casa y hemos hecho nuestras actividades físicas todos los días. Y bueno, hemos compartido esa actividad con mi esposa también. Aparte de eso, hemos compartido miles de cosas juntos, cosas que nos han enseñado a conocernos un poco más. Tal vez uno vive con sus hijos por tantos años y no los conoce realmente, hasta que pasa una cosa de éstas.

En cuanto a lo deportivo, estoy plenamente entrenado, no he parado nunca… No he podido estar en el último Dakar (2021) por temas netamente económicos; los auspicios que tengo y todo, tampoco podían llegar a cubrir un Dakar y somos tres, entonces no he podido estar ahí, pero los tres hemos estado siempre listos y entrenados. Estoy listo para cualquier carrera, a pesar de las lesiones de mis pulmones y a que tenemos que irnos ajustando al comportamiento del Covid-19. Están los mundiales de Rally Cross Country, el Mundial de Chile (Atacama), etc.

Tenemos Wálter Nosiglia Navarro para rato…

W.N.: No tengo tanto futuro ya con la edad; creo que muchas cosas ya no voy a poderlas hacer… Lo que sí te puedo asegurar, es que no voy a dejar de correr, es una decisión, porque ya he dicho mil veces que iba a dejar de correr y nunca he cumplido. Entonces ahora ya he decidido que voy a seguir corriendo mientras me den las fuerzas, voy a hacer las cosas lo mejor que pueda y voy meterme en las categorías donde más competitividad haya.

Yendo hacia atrás…, ¿cómo y cuándo se propicia esa conexión tan especial con las motos?

W.N.: Bueno, yo he nacido en Sucre en 1962 y he vivido hasta los 17 años en esa ciudad. Desde que me acuerdo, siempre he sido fanático de las carreras. Mi mamá era super fanática de las carreras de autos y motos y cuando yo era chico, me llevaba a verlas. Mi papá lo mismo, pero obviamente tampoco aceptaban que yo sea corredor… Yo, desde mis ocho o nueve años, decía que de grande iba a ser corredor; no importaba de qué, pero corredor…

Mi primo hermano, Marcelo Flores, corría motos y vivía al lado de mi casa, entonces él fue una influencia muy grande para mí. Empecé a manejar moto desde muy chico, tratando siempre de hacer las cosas de la mejor manera posible, aunque un poco de a ocultas de mis papás…  Un buen día, por un tema largo de explicar, logré el sueño de tener una moto propia. Pasaron unas semanas y vino la primera carrera y fui a correr… Mi mamá no estaba enterada y mi papá me dio su autorización a duras penas. Gané esa carrera y ese logro fue la primera llave para que mi papá se fuera abriendo respecto al tema. De allí en adelante vinieron más carreras y gané las primeras once de manera consecutiva, lo que me permitió conseguir el apoyo de mis padres.

¿Por qué decidió dejar Sucre y trasladarse a La Paz?

W.N.: Me vine a La Paz porque en Sucre no había las carreras que yo quería correr. Los campeonatos nacionales y los pilotos oficiales que representaban marcas estaban en La Paz, entonces aproveché que había salido bachiller para venirme a estudiar y a correr. Durante el primer año acá tuve mi primer Campeonato nacional y a partir de allí no paré.

Me vine solo, pero mi hermana Tere vivía en La Paz, entonces siempre estaba con ella. Me acuerdo que ese momento era hermoso porque todo estaba enfocado en el motocross y no me importaba nada más que hacer miles de cosas dentro de mi deporte.

La parte económica fue la más difícil; tuve que vender todas mis cosas para poder llegar donde he llegado porque cuando he empezado, era más pobre que una rata. Si no me daban esa moto para correr ese año –cosa que fue clave en mi vida–, no hubiera sucedido nada.

¿Cuáles considera que fueron los hitos más importantes de su carrera deportiva, hasta el momento?

W.N.: Normalmente todos mencionan campeonatos o cosas muy grandes; para mí las cosas chicas son las que más me impactan. Una de las partes importantes de mi carrera deportiva ha sido el hecho de que, al llegar a La Paz, pude representar a una marca que corrió con los gastos de las carreras de ese momento. Yo creo que fue algo de Dios porque no era el mejor piloto en ese momento, no era nadie, no era ni conocido y me escogieron…

También me ha impactado mucho la posibilidad de poder representar a Bolivia en Perú (por primera vez). Ese hecho generó en mí un sentimiento inexplicable al tener la oportunidad de llevar mi bandera con responsabilidad.

Lamentablemente en este rubro veo deportistas que nos representan yéndose a las categorías inferiores, únicamente para figurar y tener protagonismo… En mi caso, puedo decir con orgullo que siempre he buscado estar en lo mejor, en lo más alto, pelear con los mejores. Cuando tuve la oportunidad de representar a Bolivia, me puse a entrenar con todo para poder estar al nivel de los mejores deportistas del mundo.

Tener la oportunidad de representar a una marca, llevar la bandera boliviana afuera… Seguramente hubo más hitos o hechos importantes…

W.N.: Así es. La tercera cosa fue la primera etapa que pude conquistar en un Dakar. Yo corrí el Dakar pero no pensaba ganar la competencia ni pensaba estar en ese nivel… Es más, ni me la creía… Creo que fue un premio a un esfuerzo de muchos años.

Fue precisamente durante el Dakar que fue bautizado como “El Lobo del Desierto. ¿Cómo se dio esto?

W.N.: En el momento crucial del Dakar, un periodista empezó a hablar de eso porque cada que me llamaba me decía: “Cómo es Wálter, ¿dónde estás?”. Y yo le contestaba: “Estoy en un desierto”, “estoy en el Desierto de Atacama entrenando” o “estoy en tal desierto”. “Entonces vos ya eres el ‘Lobo del Desierto’”, me dijo. Era el periodista Aldo Cobo que empezó a repetir el sobrenombre en su programa y de allí en adelante quedó el apodo.

¿Qué fue lo mejor de su paso por el Dakar?

W.N.: Es muy emocionante representar a un país, más aún a Bolivia que es un país que necesita de éxitos, de héroes, que necesita de pilotos o deportistas ejemplo para nuestras nuevas generaciones. Lo mejor fue definitivamente esa emoción que pude experimentar al llevar nuestra bandera al podio y al poder tener la cabeza en alto delante de los demás deportistas y de los demás países. A veces no puedo expresar lo que sentí de la emoción… El hecho de entrar a Bolivia y recibir las expresiones de cariño de toda esa gente fue para mí más que mi deporte, más que todo lo que he tenido en mi vida. Obviamente te desconcentras y no puedes manejar; fue tremendo porque se me salían las lágrimas… Me acuerdo que por fin había logrado calmarme y controlar un poco mis emociones, y al dar una curva, veo un cerro del tamaño de una cancha de fútbol, hecho de piedritas pintadas de blanco, donde decía: “Vamos Wálter”. Otra vez a llorar… Difícil…, pero emocionante, y creo que ahí es donde uno asume lo que es cumplir con un país y con Bolivia. Eso fue lo mejor que me dejó el Dakar, definitivamente.  

Dicen que detrás de los éxitos del hombre, siempre hay una mujer… Su caso no es la excepción. Cuéntenos sobre Verónica quien, además de ser su esposa, es madre de dos valientes y exitosos pilotos.

W.N.: Mi esposa me conoció corredor, entonces siempre ha aceptado el tema y siempre me ha apoyado a mí y a nuestros hijos. Pese a todas las cosas difíciles que uno pasa dentro de este deporte, el apoyo y la ayuda de ella han sido fundamentales para nosotros porque realmente las lesiones están todo el tiempo, el peligro está todo el tiempo. No ha sido fácil, pero ella ha aprendido a sobrellevar los miedos y temores, y a tomar esta actividad con la misma pasión con la que nosotros la tomamos. Ella es muy creyente y confía en Dios.

La fractura de siete costillas que lamentablemente sufrió en octubre del año pasado, seguramente es una de las tantas lesiones que le tocó enfrentar…

W.N.: Efectivamente, y los momentos más difíciles de esta carrera casi siempre tienen que ver con accidentes. He tenido muchos y los he llevado a veces por meses, por años…, pero las lesiones de mis hijos me han dolido más que las mías.

¿Alguna vez pensó en apartar a sus hijos de este deporte para mantenerlos a salvo?

W.N.: Cuando yo empecé el Dakar, ellos estaban en el motocross y la prensa siempre me preguntaba si los chicos iban a entrar al Dakar y yo les decía a los periodistas que imposible, y lo decía con toda convicción.

Pero resulta que ellos, al igual que yo, tuvieron la oportunidad de formar parte de un equipo a nivel mundial, de la mano de una marca. Habían más de mil postulantes para esos dos lugares y los escogieron a ellos, les dieron esa oportunidad. Considero que fue un milagro similar al que me pasó a mí en un momento. De tal manera que ni yo, ni Verónica, podíamos cortarles las alas. Pese a los riesgos, pese a los miedos, creo que la balanza se inclina por lo que estamos haciendo que es apoyar su esfuerzo, su dedicación y sus pequeños y grandes logros, y también estar con ellos cuando tropiezan.

¿Tuvo referentes del motocross que lo hayan inspirado?

W.N.: Aquí en Bolivia yo he tenido referentes bien grandes, sobre todo en mi infancia, y compañeros de competencia también… Mi primo Marcelo Flores ha sido un referente mío y lo he admirado mucho; también a Wilter Ocampo, quien corrió conmigo por muchos años; éramos íntimos amigos y él perdió la vida en una carrera de motocross, lo cual fue muy duro para todos nosotros… Fue un amigo y un corredor admirable. Actualmente a quienes más admiro son a mis hijos; los tengo ahí, como lo máximo.

Además de compartir con sus hijos la pasión por correr y conformar con ellos un team de primer nivel, también están juntos en el negocio familiar, ¿no es cierto?

W.N.: Sí, esta tienda la tengo desde el año ‘88 más o menos, es un trabajo de muchos años, de toda la familia… Trabajamos todos, mis dos hijos y mi esposa, y bueno, trabajamos en lo que más nos gusta que son las motos, entonces es para nosotros una belleza. Como en todo, también tiene sus tremendos problemas.

Este trabajo también lo compartimos con la familia Salvatierra; yo soy muy amigo del papá de Chavo, quien ha corrido y entrenado conmigo durante muchos años; prácticamente se venía dos, tres meses de sus vacaciones a practicar conmigo cuando era chico, así que tenemos una relación cercana. Esta tienda está cien por ciento ligada a esa familia. Creo que hacemos un buen equipo y me siento muy contento de poder representar a estas marcas y de poder vivir de esto.        

Imagino que el negocio también ha permitido solventar parte de la inversión que implica cada competición…

W.N.: Tres pilotos en un Dakar, ni te imaginas el gasto que es… Gracias a los sponsors que hemos tenido, se ha hecho posible, y obviamente nosotros, con nuestro trabajo, hemos puesto la parte más importante en todos estos años. Es bien difícil porque a ratos te cuestionas muchas cosas… Con mi esposa nos preguntamos sobre qué patrimonio les vamos a dejar a los chicos si todo se gasta en las motos… Es un poco complicado, pero creo que al final vale la pena.

¿Considera que en Bolivia los deportistas reciben el apoyo necesario para competir en las grandes ligas?

W.N.: Esa es una pregunta difícil, pero yo considero que el deportista es el que tiene que sacrificarse para poder formarse, el que se tiene que rajar, hacer las cosas bien y llegar a los mejores sitiales dentro del país para proyectarse y poder hacer algo bueno y digno cuando le toque representar a Bolivia.

Pienso que si el Estado o la empresa privada tienen que hacer una colaboración a los deportistas de élite, debería ser de esa manera, y también considero que debería haber mayores exigencias para apoyar a los deportistas amateur, de tal forma que sean realmente entregados a su deporte, no simplemente aficionados. Hay mucho vendedor de humo entre los deportistas y el público boliviano es conformista en general. Creo que hay que cambiar el chip y pelear los primeros lugares. Nos hemos acostumbrado a pensar que, por ser bolivianos, hay cosas que no podemos hacer, lo cual es completamente falso. Tengo plena seguridad de que los bolivianos podemos lograr grandes cosas; sólo es cuestión de dedicarse plenamente y hacer las cosas bien.

BOLIVIANOS CAMPEONES 1

La Paz – Bolivia.

Beatriz Villa-Gómez C. – NEOCOM S.R.L.

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