Carlos Aragonés

Esbozo de un jugador de marca mayor

La estrella del fútbol que nació en Yacuiba y que brilló en las décadas de los setentas y ochentas, supo explotar sus múltiples cualidades en el juego y sus dotes de indiscutible líder y organizador. Como DT, enriqueció los historiales de los clubes más importantes del occidente y del oriente del país.

Un jugador estrella, cuya grandeza merece una introducción, una exclusiva, una anécdota, una semblanza y… una yapa.

INTRODUCCIÓN

Gozó de una infancia feliz, corriendo descalzo bajo el sol chaqueño y tras una pelota de goma. Una infancia intensa y feliz, a pesar de las carencias y limitaciones con las que él y sus hermanos crecieron en el extremo sur del país, en Yacuiba. Así lo reveló en una entrevista que le realizó el periodista Erik Arauco, desde Tigo Sports (2020).

Doña Rosa Espinoza (+) quedó viuda cuando Carlos, el menor, tenía apenas tres añitos. Éste, desde pequeño, se esforzó para poder devolverle a su madre el amor y la entrega que les brindaba a sus cinco hijos, por lo que destacó en el colegio como mejor alumno y abanderado.

Dio sus primeros pasos en el balompié, sobresaliendo en los equipos colegiales. Más tarde, junto a su hermano Hernán, quien también gozaba de talento y técnica, se integró al Club “Comercio” de su ciudad natal. Al poco tiempo, el Club “Independiente” marcó un hecho inédito en el fútbol yacuibeño, al pagar por el pase de los hermanos Aragonés, mismos que saltaron a la primera división y empezaron a percibir un salario, destinado a coadyuvar a la economía familiar.

Desde los campeonatos yacuibeños que tenían gran proyección a nivel nacional, Carlos y Hernán tuvieron en sus manos la posibilidad de integrarse a equipos de mayor jerarquía como Chaco Petrolero, The Strongest y La Bélgica de Santa Cruz. Sin embargo, dejaron pasar esas oportunidades por diversos factores propios del momento.

Una vez bachiller, Carlos acudió al encuentro de sus hermanos mayores, quienes habían cruzado la frontera y se habían establecido en la ciudad de Salta para realizar estudios superiores. Si bien llegó a Argentina con la idea de estudiar una carrera que nada tenía que ver con el deporte, su participación destacada en los torneos universitarios de fútbol, propiciaron que fuera fichado por el Club “Central Norte de Salta” y después por el “Juventud Antoniana”.

Con esta introducción, inicia una historia de talento, trabajo y éxito, protagonizaba por un boliviano de raíces chaqueñas y de apellido Aragonés.

LA EXCLUSIVA

Desde la capital oriental, el crack chaqueño de 65 años recuerda los momentos más felices y también los más duros de su carrera futbolística. Dedicado al rubro de los bienes raíces, su corazón deportista anhela para Bolivia la implementación sostenida de un proyecto serio que trabaje en los cimientos: las divisiones menores. “Esto lo sabe todo el mundo” – afirma. “(…) Pero nadie tiene el coraje de hacer lo que se tiene que hacer”, concluye.

¿Cómo vive Carlos Aragonés la actual crisis sanitaria?

Carlos Aragonés (C.A.): Con el tema de la pandemia todos estamos sufriendo, atravesado una gran problemática social, económica y, en nuestro país, hasta política. Personalmente este tiempo lo he dedicado a mi familia, a compartir más con mis hijos. Actualmente estoy retomando las actividades que comparto con mi hijo mayor que es arquitecto, relacionadas a la construcción. Desde hace ya algún tiempo estamos en el rubro de bienes raíces; mi hijo como encargado de los proyectos y yo apoyándolo. Poco a poco estamos reactivando este emprendimiento que me gusta mucho.

Pasaron 35 años desde que concluyó su carrera como futbolista profesional… ¿Cuáles cree que fueron los mejores momentos de esa época?

(C.A.): Bueno, hubo muchos buenos momentos…Por ejemplo, cuando tenía 18 años y debuté en el fútbol profesional fuera del país, en Salta, Argentina, donde nadie me conocía y donde pude abrirme el camino a base de un esfuerzo propio. Ese fue un momento inolvidable en mi vida.

Llegué a jugar tres años en Salta y después fui transferido a Bolívar. Mi salto a Bolívar también fue un capítulo muy importante porque fue la puerta para que yo retorne a mi país, consiga campeonatos para el Club y tenga la oportunidad de jugar en la Selección boliviana. Recuerdo que pasé muchas noches en vela esperando que salga la lista de los convocados a la Selección y cuando fui convocado por primera vez, fue un momento de mucha alegría y satisfacción en mi carrera.

Y por supuesto mi transferencia al fútbol brasilero, al Palmeiras, misma que fue clave en mi vida deportiva.

¿Cómo vivió la experiencia en Brasil, tanto a nivel personal como deportivo?

(C.A.): A nivel personal, resulta que recién me había casado. El estar lejos de casa, de la familia y de todo nos permitió fortalecer nuestra relación y crecer como pareja y como matrimonio. Creo que para mí hubiera sido muy duro permanecer todo ese periodo fuera de Bolivia, sin la compañía y el apoyo de mi esposa Elsa.

En Sao Paulo la gente y la prensa me recibió muy bien y se generó una gran expectativa. En Palmeiras pude jugar contra grandes equipos como Flamengo, Corinthians, etc. Fueron momentos inolvidables que me ayudaron a crecer como jugador, compitiendo en un fútbol de semejante potencia.

¿Qué cualidades deportivas sentía usted que se valoraban más?

(C.A.): Bueno, yo sentía que se valoraba mi pasión por el fútbol y mi compromiso. El fútbol lo vivía yo con mucha pasión en el día a día, en cada entrenamiento y en los partidos. Me gustaba asumir el compromiso y la responsabilidad que se me asignaba como jugador y como Capitán. Yo sentía que lograba transmitir todo eso, lo cual me hacía sentir muy feliz y satisfecho.

¿Hubo momentos difíciles?

(C.A.): Sí, por supuesto. Creo que el más duro fue cuando tuve que dejar el fútbol a causa de una lesión en la rodilla que se originó durante mi desempeño en “Curitiva” y que se consolidó en Destroyers. Siempre fui muy disciplinado y ordenado y en ese momento –cuando tenía treinta años– estaba muy seguro de que tenía el físico y el intelecto necesarios para seguir rindiendo, pero forzosamente tuve que dejar mi carrera. Tener que alejarme de las canchas prematuramente, fue un golpe que me costó mucho asimilar y superar. Sentí un vacío enorme y no sabía cómo re-direccionar mi vida.

Me fui a Brasil a hacer unos cursos para musculación deportiva y regresé para abrir un gimnasio pensado en la preparación física de los atletas. Esa actividad fue mi soporte en ese momento, al igual que mi familia que siempre estuvo allí. También tuve la oportunidad de dedicarme al periodismo deportivo, de la mano de Fernando Nürnberg. Todo eso me sirvió de descarga y de soporte… Transcurrido el tiempo uno puede entender que el fútbol muchas veces te golpea, pero que también te regala grandes satisfacciones.

(C.A.): Y después pudo volver a las canchas y sumar nuevos éxitos deportivos, desde otro papel…

Así es. Como asistente técnico de la Selección mundialista, por ejemplo, tuve la oportunidad de participar del Mundial, de la preparación previa, de la llegada a USA, del primer partido con Alemania… Realmente fue una experiencia muy linda.

Como entrenador tuve la satisfacción de haber dirigido la Selección y la felicidad de haber ganado varios títulos con Blooming, The Strongest y Bolívar. Creo que cumplí y que el trabajo que se hizo, dio sus frutos.

¿Actualmente qué necesita el fútbol boliviano para salir del agujero negro?

(C.A.): Voy a repetir lo que vengo sosteniendo hace más de tres décadas cuando se decía que lo nuestro no iba a ser muy duradero, a pesar de la clasificación al Mundial de Estados Unidos…

El problema de base es que no existe un proyecto a largo plazo y que nadie hasta el momento ha tenido la capacidad de sostener un proyecto.

Los clubes tienen que retomar sus divisiones menores como formadores de los jugadores; después los jugadores pasarán a la Selección donde van a adquirir el roce y la experiencia internacional.

Ese es el único camino; trabajar desde las raíces y darle continuidad a ese trabajo; no hay otra fórmula. Necesitamos un cuerpo técnico que nos permita creer que se está formando un futuro y que no sea simplemente de boca para afuera como está sucediendo últimamente en nuestro fútbol.

Creo que todos sabemos qué es lo que se necesita, pero nadie tiene el coraje de hacerlo.

LA ANÉCDOTA

A propósito de los inicios de Carlos Aragonés, el periodista Toto Arévalo comparte con nosotros una vivencia:

“Nos reunimos en el tradicional Ely’s de la esquina del Cine Monje Campero, el más famoso de La Paz, para almorzar con Ovidio (Messa), Adolfo Flores y alguien más… Llega un muchacho joven, Juan Enrique Jurado, hoy cantante, y se aproxima con un periódico de nombre “El Tribuno de Salta”. En la portada de la sección deportiva resaltaba una fotografía con el pie de foto correspondiente: “Golazo de Aragonés”.

Nos miramos todos sorprendidos y Ovidio Messa no tardó en exclamar: “¡El Gallito, Carlos Aragonés de Yacuiba!”. De Independiente de Yacuiba, había dado el brinco a Salta, donde vivía con sus hermanos. Nadie lo conocía en Bolivia, por lo que me di a la tarea de realizar las averiguaciones pertinentes para publicar una nota en el periódico “Hoy”, misma que titulé: “Un boliviano de apellido Aragonés”. En la nota se daba cuenta del chico veinteañero que, jugando en Salta, había llamado la atención de clubes de Buenos Aires que pretendían llevárselo a la capital. La publicación no tardó en llegar a manos de don Mario Mercado, entonces Presidente del Club Bolívar de La Paz, quien de inmediato activó las gestiones para su contratación y lo regresó al país”.

LA SEMBLANZA

El historiador Carlos D. Mesa Gisbert nos brinda una semblanza completa del ídolo deportivo a quien considera “un ejemplo a seguir”:

“La imagen en mi retina es indeleble. Grito de celebración en un rostro iluminado, los dos brazos extendidos en señal de triunfo y el cuerpo en tensión corriendo mientras sus compañeros de equipo corren a abrazarlo. El color de la camiseta puede ser indistintamente celeste o verde. Es Carlos Aragonés, una de las figuras señeras del fútbol boliviano.

Aragonés es, por encima de todo, señal de fútbol elegante, de claridad de ideas, de dominio desde el mediocampo. El 8 clásico, el antecesor inmediato de otro referente inolvidable, Milton Melgar.

Su periodo fue corto pero fulgurante: 1976 – 1981. Fue a su generación a la que le tocó –cada vez lo tengo por más cierto– el salto cualitativo del fútbol nacional de la garra camachista que nos llevó al título sudamericano del 63, a la condición de dominio técnico que preparaba al equipo del 93 que nos llevó al Mundial.

Carlos Aragonés fue, junto a Ovidio Messa y Erwin Romero, el estandarte de un nuevo paradigma más sofisticado, la bisagra entre dos momentos estelares de nuestro balompié.  Si tuviéramos que establecer el periodo preciso sería el de la primera parte de la Eliminatoria del 77 y la Copa América de 1979. Pelota contra el piso, toque, pared, precisión en los pases, delineamiento táctico, posiciones específicas…

El joven yacuibeño venía de ser una pequeña estrella juvenil del fútbol del norte argentino, una veta para las contrataciones de los clubes grandes del país. Eran los tiempos de consolidación del mayor dirigente de clubes de nuestra historia, Mario Mercado, quien lo contrató. Aragonés llegó para vestir la celeste de Tembladerani, agrandar su nombre y pasar de jugador promesa a incuestionable realidad. Vino para ser campeón. Tenía 19 años cuando llegó a La Paz y fue campeón como parte de un Bolívar protagonista en 1976 y 1978, además de disputar la Copa Libertadores en 1976, 1977 y 1979, antes de irse al Palmeiras en lo que fue entonces la transferencia más cara de nuestro fútbol.

Aragonés era un mediocampista lúcido, de manejo pausado de la pelota y de arranques sorprendentes. Sin la gambeta endiablada de Romero, tocaba con precisión magistral y era un buen lanzador. Amigo del área, estaba siempre coqueteando con el gol.

En la Selección, donde debutó el 6 de febrero de 1977 en la Copa Paz del Chaco frente a Paraguay, logró la plenitud en la Copa América de 1979, cuando Bolivia derrotó como local a Brasil y Argentina. En el partido contra Brasil fue la figura indiscutible. Si en el 77 su compañero de creación había sido Ovidio Messa, en el 79 la dupla la hizo con Erwin “Chichi” Romero. Su liderazgo dentro del campo era incontrastable, fue ficha inamovible del combinado boliviano durante los años que jugó en Bolívar. Pero, lo que pocos recuerdan, es que Aragonés, además de merecido Capitán de La Verde, es hoy el cuarto goleador histórico de la Selección con 15 goles (soberbio lanzador de penales, convirtió 7) en 31 partidos, un promedi8o de 0,48 goles por encuentro, sólo superado por Máximo Tutula Alcócer con un promedio goleador de 0,59 por partido.

Carlos Aragonés fue, además, un jugador de comportamiento ejemplar, de fútbol limpio, inclaudicable en el éxito y en el infortunio, y de gran serenidad. Ver jugar a Carlos era un deleite, sin estridencias, con talento innato y gran sentido de administración de los tiempos, lo que en su caso no era en absoluto sinónimo de lentitud. Se despidió vistiendo la casaca de Bolivia el 22 de marzo de 1981 en las Eliminatorias ante Brasil.

Por cierto, ¿cuántos jugadores se pueden dar el lujo de decir que le hicieron cuatro goles a la Canarinha? Carlos se los hizo en tres partidos, todos puntuables, por Eliminatorias o por Copa América.

Por si fuera poco, como DT, además de conducir a la Selección en 22 partidos, logró cuatro campeonatos nacionales: The Strongest (1993), Blooming (1998 y 1999) y Bolívar (2006 Apertura). ¿Se le puede pedir más?

Queda para la historia su silueta y su mirada segura, pisando el balón en el templo del fútbol boliviano, el legendario Hernando Siles”.

LA YAPA

El profesor Xabier Azkargorta, protagonista de uno de los hitos más importantes del fútbol boliviano, la clasificación al Mundial de Estados Unidos ’94, tuvo como asistente de campo al ex jugador Carlos Aragonés.

“No lo conocí como jugador. Hace muchos años, cuando estaba a punto de trasladarme a Bolivia, Carlos se presentó en la clínica donde yo trabajaba en Barcelona como médico traumatólogo. Así nos conocimos.

Asumida la responsabilidad como nuevo director técnico de la Selección del ’93, tuvimos que armar un equipo paralelo que fuera a representar a Bolivia en un partido de un Torneo que se iba a realizar en La India. Los responsables del equipo fueron Carlos Aragonés y Víctor Barrientos. Volvieron de La India y Aragonés se quedó como parte del cuerpo técnico.

Recuerdo que, durante la época mundialista, Carlos no estaba pasando por un buen momento en su vida personal, debido a la enfermedad por la que estaba atravesando su esposa Elsa, y que lo ausentó del partido que nos llevó a la clasificación en Guayaquil.

Curiosamente, en un momento dado, tanto él como mi otro asistente de campo, Luis Orozco, me llamaban al mismo tiempo para que les brinde mis consejos o criterios sobre los equipos que cada uno dirigía: The Strongest y Bolívar, respectivamente.

Más adelante nos reencontramos en Oriente Petrolero… Lo considero una persona muy sincera; opinaba a ‘calzón quitado’ y no dejaba de manifestar su criterio. Para mí su opinión siempre fue muy valiosa”.

Crónica 10.  ESTRELLAS DEL FÚTBOL

La Paz – Bolivia.

Beatriz Villa-Gómez C. – NEOCOM S.R.L.

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