Carlos Leonel Trucco

Siguiendo la ruta de un loco idolatrado

Se consagró como ícono del fútbol boliviano, tanto fuera como dentro del área chica. Su figura marcó época en la portería de la AKD. Su gran personalidad y sus contundentes intervenciones en La Verde noventera, provocaron que miles de almas cortaran su respiración para luego soltar el grito ahogado y dejarlo ir, tras cada atajada. Por todos los goles que no fueron y por mucho más…, ¡gracias, Loco!

De Sur a Norte

En agosto de 1957 nació Carlos Leonel Trucco en Balnearia, localidad ubicada a 185 kilómetros de Córdoba, ciudad capital de la provincia argentina del mismo nombre.

El ex futbolista, director técnico y actual Director de Capacitación y Desarrollo del Fútbol del Club Pachuca (México), adquirió la nacionalidad boliviana a finales de los ochenta, pasados los treinta años. Desde hace más de dos décadas reside en el país azteca y se siente especialmente conectado a aquel donde vivió su mejor etapa como arquero profesional: Bolivia.

Su primer equipo fue el Club Independiente de Balnearia, Córdoba. Más tarde se unió a los clubes Unión de Santa Fe, Vélez Sarsfield y Estudiantes de Río Cuarto de su país natal. En 1985 saltó a Bolivia para unirse al Club Destroyers, donde salió a relucir el carisma, la personalidad y particular temperamento del argentino que no tardó en ganarse la simpatía de propios y extraños, siendo re-bautizado como “El Loco” Trucco.

Del Club Destroyers pasó a Oriente Petrolero, club con el que participó en Copa Libertadores de América y que hizo posible su llegada al Club Unión Magdalena de Colombia y, más tarde, al Deportivo Cali del mismo país.

Con el Club Bolívar conquistó varios títulos nacionales y locales, y fue el arquero titular de la única Selección boliviana que llegó a un mundial por méritos propios (Estados Unidos 1994), tras una –hasta ahora– irrepetible carrera en Eliminatorias.

En Bolivia conoció el éxito profesional y la popularidad. Santa Cruz de la Sierra vio nacer a su hija María Gabriela al poco tiempo de haber llegado a tierra boliviana, de la mano de su esposa Mónica y de su pequeño hijo. “Viví hermosos años allá. En México me siguen identificando como boliviano y mantengo muchos vínculos con Bolivia”, señaló el ex portero (La Razón, 2014), cuya amplia experiencia profesional lo convierte también en referente del avanzado y exitoso modelo deportivo del Club Pachuca de México.

Paso a paso

Camino hacia el arco

Un profesor de cultura musical y cajero de banco del pequeño pueblo de Balnearia, forma parte de la lista de co-responsables, al momento de hurgar en el destino que le tocó cumplir a Carlos Trucco. Resulta que todos los días el “pibito” pasaba a buscar al hombre que lo peloteaba hasta el cansancio. “Ya lo había intentado como delantero y era un desastre; como volante también era un desastre; de central, me corrieron: ‘Flaco, ¡fuera!’. Probé con el básquet, el atletismo, pero la realidad era que yo soñaba con ir a un mundial y hacer muchos goles… Cumplí lo primero, pero en vez de hacer goles, me los hicieron a mí”, ríe mientras recuerda, dejando en evidencia que la persistencia y el esfuerzo para cumplir metas, fueron cualidades que lo acompañaron desde chico.

Un segundo co-responsable, según el mismo ex arquero, fue el reconocido DT argentino, Reinaldo Volken (+), pieza fundamental durante sus inicios en el Club Atlético Unión de Santa Fe (1977): “… El titular era Biasutto y se lesionó, apareció Pumpido y fue expulsado en un encuentro ante Argentinos Juniors y allí le tocó la chance a Carlos Leonel Trucco, quien debutó, precisamente, en un partido clásico” (El Litoral, 2018).

En 1981 residió en Buenos Aires para defender el arco del Club Vélez Sarsfield, y en 1982 regresó al club que lo vio nacer. Su carrera en Argentina concluyó en 1985, cuidando la portería del Club Atlético Estudiantes de Río Cuarto.

El loco canario

1985 fue el año en el que Carlos Trucco inició una nueva etapa de su vida en un país tan vecino como desconocido. Convocado por el club boliviano Destroyers, el portero asumió el reto de trasladarse a Santa Cruz de la Sierra, consciente de que las condiciones que el decano del fútbol cruceño le ofrecía, no eran las mejores.

Junto a grandes figuras del fútbol de la época como Miguel Aguilar, Carlos Aragonés, Mario Pinedo y Federico Justiniano, entre otros, el “Loco” vivió una época inolvidable: “No teníamos para nada, llegábamos a los entrenamientos en los minibuses, agachados y traspirados… Pero ese sacrificio tenía el dulce sabor de los sueños”, rememora.

Al poco tiempo aparecieron en escena tres chicos salidos de la Academia Tahuichi –Mauricio Ramos, Erwin Sánchez y Marco Antonio Etcheverry (El “Trío de Oro”)–, quienes “empezaron a hacer diabluras” y a vislumbrar un prometedor futuro para la Máquina Vieja y para el fútbol nacional.

Buenos tiempos en Oriente

En un momento favorable para Destroyers –que llegó a una semifinal del campeonato nacional de 1988–, el elemento argentino fue requerido por los verdolagas en un tiempo en el que Oriente Petrolero también presentaba un alto nivel de juego, de la mano de grandes figuras como Víctor Hugo “Tucho” Antelo y Erwin “Chichi” Romero, entre otros.

Con Trucco en el arco, Oriente fue el primer equipo boliviano en llegar a la tercera fase de la Copa Libertadores (1988).

Por su parte, la visión de la dirigencia logró la nacionalización del argentino, quien hoy no se arrepiente de haber dado el paso, aunque acepta que, en un principio, no tenía intención de hacerlo. “Me naturalicé boliviano porque pensé en mi hija que es cambita, y hoy me siento feliz de haberlo hecho porque Bolivia me dio mucho… Destroyers me abrió las puertas; Oriente Petrolero me dio la solidez que necesitaba para internacionalizarme y brincar a Colombia; Guido Loayza me dio la oportunidad de vivir una gran etapa en Bolívar, mostrando lo que podía hacer; Azkargorta me llevó al Mundial; Wilstermann me dio la posibilidad de dirigir una Copa Libertadores… Siempre estaré agradecido con Bolivia y con toda la gente que me ayudó”.

Periodo en Colombia

En 1988, el “Loco” Trucco había descollado en el primer club que logró superar la segunda fase de La Copa Libertadores de América y disputar cuartos de final. En el partido de Oriente frente al América de Colombia, dirigentes cafeteros fijaron su atención en el argentino-boliviano y en 1989 propiciaron la ampliación de su horizonte internacional, integrándolo, en primera instancia, al Club Unión Magdalena de Santa Marta. El DT de este equipo era el profesor Jorge Luis Pinto que andaba en busca de “un portero zurdo”. Sucede que Carlos Trucco, en ese entonces, tenía desgarrada la derecha (por un incidente que se originó en el marco de la Copa Libertadores del ‘88) y sus saques se propiciaban, con toda eficiencia, con la pierna izquierda.

Con el Unión Magdalena salió Sub Campeón de la Copa Colombia y obtuvo “La valla menos batida”.

Un año más tarde acudió al nuevo llamado del profesor Pinto, quien había pasado a dirigir al Deportivo Cali.

Consagración en Bolívar

Tras un lapso de internacionalización en Colombia, Carlos Trucco llegó a escribir historia en la AKD (1991 – 1994), animado por su entonces dirigente, Guido Loayza.

La buena racha del Bolívar de Trucco empezó con el Bicampeonato nacional (1991 – 1992), logrando después el título de Subcampeón en 1993 y otros tantos a nivel local. El número uno del cuadro celeste se desempeñaba con la prestancia y seguridad que le aportaban jugadores de la talla de Miguel Ángel Rimba, Marco Sandy, Julio César Baldivieso, Carlos Fernando Borja, Carlos López, Marco Antonio Etcheverry y Jorge Hirano, entre otros.

 “En esta década (90s) se configuró el mejor equipo que Bolívar tuvo nunca, del que seleccionamos un cuadro ideal con Carlos L. Trucco en el arco” (Historiadelfutbolboliviano.com).

Sudando camiseta y guantes por Bolivia

Aunque nació en Argentina, Carlos Leonel fue internacional con la Selección de Bolivia entre 1989 y 1997.

En septiembre del 89 se produjo su debut en el Seleccionado nacional en un partido concerniente a las Eliminatorias para el Mundial de Italia ’90 frente a Perú, mismo que terminó con un 2 a 1 favorable a Bolivia.

“Yo creo que dejamos un camino muy lindo con Jorge Habbeger rumbo al Italia ’90… Al final no se dio la clasificación por diferencia de un gol, pero sin duda la Selección vislumbraba algo importante y dejó sembrado un camino a partir de una gran conjugación: gente grande con gente joven. Los más experimentados nos dejaron muchas enseñanzas. En mi caso, Lucho Galarza –quien jugó los dos primeros partidos– me transmitía todo lo que sabía, y lo propio hacían Chichi Romero, el Perro Vargas, Tano Fontana, etc. Todos, de manera muy desprendida y generosa, iban dejando sus enseñanzas a los más chicos como Cristaldo, Platiní y todos los que estaban dando vueltas por ahí y que después fueron la base de algo muy grande”.

Trucco fue el arquero titular de la Selección de Bolivia en las Eliminatorias y en el mismo Mundial de Estados Unidos ’94, donde jugó los tres encuentros del grupo.

Y repasa: “Xabier Azkargorta me hizo el aguante y me llevó al Mundial cuando yo estaba en Bolívar ya en calidad de ex jugador, ya estaba prácticamente retirado. Recuerdo que en esa época frecuentaba con mi señora un gimnasio de la Zona Sur y el profe me rescató… Quizás él no lo recuerda, pero en una primera charla me dijo muy francamente que lo que necesitaba era un técnico dentro de la cancha, un DT interno que lo ayude a ordenar todo… A partir de allí no solté a Carlos Aragonés que me pateaba, una y otra vez, hasta quedar con las rodillas casi rotas. Le pedía más, más y más porque lo que entrenaba nunca era suficiente para mí”. El esfuerzo tuvo resultados: “El dueño absoluto del pórtico boliviano del ’94, fue para mí el mejor arquero para descolgar el balón en juego aéreo”, opina, por su parte, el periodista deportivo Ángel Reynaga.

La carrera rumbo a Estados Unidos y la llegada al país del norte fue un sueño cumplido (quizás con algunas modificaciones): Salvó a Bolivia de por lo menos ocho goles en Eliminatorias, brilló en la conquista inolvidable frente a Brasil, tuvo una digna actuación en el partido contra Corea, e incluso en el cotejo inaugural contra Alemania.

Tres años después apareció una nueva oportunidad para traspirar la camiseta, sudar los guantes y defender con orgullo y convicción el arco de una Bolivia que llegó a la final de la Copa América de 1997.

 “No sé qué virtudes pude haber tenido… Lo que sé es que tenía un equipo adelante que era espectacular y yo disfrutaba viéndolo jugar; prácticamente no dejaba que nadie pateara al arco. La pelota me llegaba a las manos o me la metían en el ángulo. Salía bien a los centros y hacía pases precisos en jugadas largas”, declara la estrella con franca modestia.

Sin embargo, testigos directos de su gran potencial deportivo, van más allá. Es el caso de Roberto “El Negro” Azcui, uno de los encargados de la logística de La Verde durante las Eliminatorias a USA ’94 y durante el mismo Mundial: “Un deportista maduro e inteligente que siempre supo cumplir objetivos y tomar buenas y oportunas decisiones; jugaba no sólo con el cuerpo, sino también con la cabeza. De lejos, el mejor arquero que tenía Bolivia en ese tiempo. Él tenía un concepto muy elevado de lo que es la disciplina y la formalidad, lo que lo hacía especialmente serio y profesional. Pienso que por esas cualidades supo mantenerse por tantos años en un club tan exigente como el Pachuca. Como persona, un excelente ser humano, tremendamente carismático… Lo recuerdo al centro del jolgorio sano y hasta infantil, muy lindo y propio de la fraternidad que había en el equipo”.

Por su parte, el profesor Xabier Azkargorta coincide con lo anterior al momento de brindar una semblanza psicológica sobre el arquero (Sánchez, Delfín. Diccionario biográfico del fútbol boliviano 1930 – 2000, s.f.): “Es un niño grande que tiene una profesionalidad envidiable… Un elemento en el que se apoyan muchísimos jugadores, … un excelente portero”.

En las previas al Mundial, Carlos Trucco tenía ante sí una gran responsabilidad; era el blanco de la supuesta goleada que ejercería la poderosa Alemania. Inevitablemente le llegó el nerviosismo, lapso en el cual salió a la luz el lado “psicosomático” del ídolo, al cual también hizo referencia Azkargorta en la mencionada semblanza, y que se tradujo en un par de situaciones de tensión en los entrenamientos y en ajetreos logísticos para cumplir con sus expectativas respecto a su indumentaria, por ejemplo, relata Azcui.

Y concluye: “Uno de los primeros sponsors que tuvo Carlos fue una firma internacional de productos deportivos y, a partir de que tuve la oportunidad de acompañarlo en algunas sesiones de la negociación, nació entre nosotros una linda amistad. Cuando volvíamos del Mundial, me invitó a un viaje que haría a Acapulco con su familia. Había firmado un contrato muy interesante con Pachuca y me expresó su deseo de compartir su vacación conmigo antes de empezar a trabajar. Aunque no pude aceptar la generosa invitación por diversas razones, me sentí muy halagado y profundamente agradecido de contar con su amistad”.

En la tierra del nopal

El paso del portero por el fútbol mexicano inició en el Club Pachuca (1994 – 1995) y continuó en el Atlético Hidalgo (1996 – 1997).

Su retiro del fútbol profesional se produjo en el país azteca y, a partir de 1996, se dedicó a la dirección técnica, preparando a deportistas de diferentes clubes como Atlético Hidalgo, Real San Luis, Veracruz, Celaya y Pachuca.

Su estancia en la tierra del nopal y del maguey presentó un par de paréntesis, al ser requerido como entrenador por el Club Jorge Wilstermann de Cochabamba para participar en la Copa Libertadores de 1999, y por la Selección de Bolivia, de cara a partidos amistosos desarrollados en 2001 y a las Eliminatorias para el Mundial Corea del Sur / Japón 2002.

Han pasado 26 años desde que se produjo su asentamiento en México, donde cumple una destacada labor a favor de la formación deportiva del Club Pachuca.

Bolivia en el corazón

El ídolo regresó un par de veces a Bolivia, principalmente visitando a la gente del Bolívar con la cual mantiene una buena relación, y viendo al equipo desde la tribuna.

“Las veces que he ido a La Paz, ya de viejo, he disfrutado mucho de caminar por El Prado sin que nadie me reconozca, mirando los edificios que antes no podía ver, mirando a la gente comiendo su salteñita… Extraño muchas cosas de Bolivia… La comunión que tenía con la tribuna, con los equipos y la gente”.

Hace un par de años –en su condición de encargado de la Dirección de Capacitación y Desarrollo del Fútbol del Grupo Pachuca– participó en la implementación del Centro de Formación Social y Deportiva Tuzos Bolivia, producto del convenio firmado entre el plantel azteca y Ayuda País de la Primera A del fútbol paceño. Lo hizo compartiendo sus ideas y metodologías en beneficio de las nuevas generaciones de futbolistas bolivianos y bajo la premisa de “devolverle algo al país que me dio tanto”.

Emblema tuzo

Más allá de ser Director de Capacitación y Desarrollo del Fútbol del Club Pachuca –grupo de empresas que tiene varios equipos de fútbol y más de 3.600 empleados– Carlos Leonel Trucco es una figura emblemática de los tuzos por su arraigo en Pachuca y su larga trayectoria en la formación de jóvenes futbolistas que buscan ser entrenadores y dejar un legado. Un sector del Estadio Hidalgo, en consecuencia, lleva el nombre del ex golero, ex entrenador y actual directivo.

Desde la faceta dirigencial, le tocó desempeñarse en distintas áreas, hasta establecerse en la de formación académica. Durante el recorrido, también le tocó ganarle una batalla a la muerte, tras una pancreatitis derivada de una cirugía de vesícula que le dejó serias secuelas. Recuperada la salud, continuó con su labor de colaborar con la Federación Mexicana de Fútbol y la Escuela Nacional de Directores Técnicos (ENDIT), capacitando a los futuros entrenadores que más tarde serán captados por equipos de la Primera División de ese país.

El modelo del Grupo Pachuca está basado en procesos, cuyos resultados no son inmediatos, pero sí altamente eficientes, y en pilares fundamentales como el social, el deportivo, el de negocios y el cultural. Es por eso que intenta ser replicado en varios países latinoamericanos y de Europa.

El complejo deportivo de 27 hectáreas alberga a niños y jóvenes que se internan, se desarrollan, estudian (escuela, bachillerato, universidad, maestrías y doctorados), y se entrenan deportivamente. “El éxito del modelo radica en que está basado en la gente que conoce de fútbol porque lo ha practicado, y en la que los empresarios depositan toda su confianza”, explica nuestro compatriota.

Ideas generales para mejorar el fútbol en Bolivia

Priorizar la parte deportiva.- Carlos Trucco es testigo directo de que la evolución del fútbol en Bolivia y en cualquier país depende de la nivelación de la parte deportiva. Cuando se nivela para arriba la parte deportiva y se le da la prioridad que merece –señala– todo lo demás sigue la misma línea de evolución. Es decir, la dirigencia, el público, los periodistas, los patrocinadores, etc.

Empezar desde las divisiones menores.- Asimismo, el ex golero considera que la base sólida del fútbol está en las divisiones menores. “Si no hay formación, no pasa nada”, afirma.

Aumentar las posibilidades de acertar en las contrataciones.- A nivel dirigencial, es importante contar con una especie de inteligencia deportiva que garantice que las contrataciones sean acertadas, conociendo y considerando la parte social y cultural del jugador, su comportamiento, sus potencialidades y debilidades, etc.

Combinar juventud con experiencia.- “En la parte formativa, de pronto inyectarle a la juventud la experiencia del ‘abuelito’ que da consejos pero que al mismo tiempo está en la cancha o en el banco, es altamente positivo”.

Con esa afirmación finaliza el loco más grande de la historia del fútbol boliviano, mientras se prepara para seguir con las funciones de la jornada… El ritmo avivado en los campos del Pachuca no cede, ni siquiera en tiempos de pandemia.

Crónica 1.  ESTRELLAS DEL FÚTBOL

La Paz – Bolivia.

Beatriz Villa-Gómez C. – NEOCOM S.R.L.

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