Luis Esteban Galarza

Eslabón y leyenda

Muy joven llegó del exterior y en Bolivia se hizo leyenda, cuidando con destreza los tres palos del Tigre, de la Selección nacional y de varios clubes de la Primera División, hasta pasados los cuarenta. Aquí echó raíces y dio continuidad a una dinastía de arqueros que se originó, con sus antecesores, en Paraguay. Hoy –a sus setenta- le sigue apostando al fútbol boliviano… Anhela encontrar una oportunidad para trabajar con los niños deportistas que aman la pelota.

“Luis Esteban Galarza es uno de los jugadores más talentosos que llegaron del exterior. Su aporte fue muy valioso para The Strongest y –una vez naturalizado en 1976– también lo fue para la Selección boliviana. Lucho es uno de los jugadores que hizo de Bolivia su segundo país y se sintió más boliviano que muchos, formando una familia y dándole a nuestro fútbol hijos que, siguiendo su ejemplo, se constituyeron en valores importantes”. Así sintetiza el consagrado periodista deportivo, Grover Echavarría, la talla y aporte del portero asunceno que –desde jovenzuelo hasta veterano– se constituyó en el eslabón de una dinastía sudamericana de arqueros.

El presente de un ídolo de antaño

Cuando lo conocí personalmente en septiembre del año pasado, el ex arquero y leyenda del fútbol nacional, Luis Esteban Galarza Mayeregger, me comentó que había llegado a La Paz en marzo, con la finalidad de permanecer en la sede de gobierno –textualmente– por cuatro días. “Cuando llegué a la Terminal para embarcarme de regreso a Santa Cruz, donde vivo con mi hijo Sergio y mis nietos, estaba todo cerrado”. Resulta que la pandemia del coronavirus llegó sin previo aviso y –como a muchos– agarró al ex portero paraguayo-boliviano desprevenido y lejos del hogar.

Ante la imposibilidad de retornar a la capital oriental, se dirigió al céntrico hostal que lo acogería con el cariño y respeto que supo ganarse como ídolo deportivo y ser humano. “No pensé que iba a ser tan largo… Aquí los dueños me recibieron muy bien porque me conocen desde hace mucho, pero ya estoy preocupado porque el tiempo pasa y pasa…”, me confió entre suspiros, mientras el calendario ubicado en el recibidor de la posada, dejaba al descubierto los muchos meses transcurridos.

Antes de la súbita y emergente cuarentena rígida que lo obligó a aislarse en el alojamiento, Galarza había asistido al último clásico que se jugó en el Hernando Siles… “¡Seis goles en el primer tiempo!”, exclamó mientras se agarraba la cabeza y, a continuación, evocó los años en los que los encuentros entre las dos potencias paceñas eran tan parejos y peleados que generalmente terminaban con el marcador 0 a 0, 1 a 0 o 2 a 1, a lo mucho. “Demasiados goles… Me salí del estadio caliente porque el fútbol está muy mal”.

Sin embargo, su visita a La Paz estuvo motivada por un propósito mayor al de regresar a las tribunas del Siles: Tenía la ilusión de encontrar empleo en el club que lo vio brillar durante casi dos décadas y al cual le brindó muchas alegrías, el Tigre. Sin embargo, el ex golero que se preparó como entrenador en Argentina, acumuló experiencia formativa como director técnico de Real Potosí, Bolívar, Destroyers, Wilstermann y The Strongest, y atesora hoy el sueño de preparar a niños y jóvenes que aspiran a llegar a la Primera División, no encontró lo que buscaba. “Nada se concretó con The Stronguest –tampoco con Bolívar ni con Always–, y después me quedé acá, sin poder salir y esperando la llegada del nieto de mi hermano Arturo, Lucas, quien –al terminar su contrato con Nacional de Asunción–, planea probarse para defender el arco del Tigre”.

Así transcurrían los días del apacible y robusto Lucho Galarza que bordeaba los setenta: Entre la habitación del hotel que lo cobijaba, el paseo del Prado por donde solía responder al saludo afectuoso de algún peatón, y los lugares a los que acudía para alimentarse; con hijos y nietos distribuidos en distintos puntos de Bolivia; definitivamente separado de la paceña Lourdes Soliz, con quien en 1974 habría contraído matrimonio; con la añoranza de un próximo reencuentro con los hermanos y la hermana de Asunción; con el recuerdo latente del papá, la mamá y los hermanos que ya no están (Ramón, Arturo…); y con la extraña sensación de saberse “olvidado” / “ignorado” por la actual dirigencia del club al que le entregó los mejores años de su vida. “Cuando voy a las instalaciones de Achumani, nadie me reconoce y me cobran para ingresar, aunque en el museo está mi foto, grandota. La gente que hoy maneja el club, nos ignora por completo”.

Aflojadas las restricciones de la primera fase de la crisis sanitaria, el ex guardameta pudo regresar a Santa Cruz de la Sierra para reunirse con los suyos y celebrar las fiestas de fin de año. Sin embargo, no renuncia a la posibilidad de retornar al altiplano para dar continuidad a las gestiones que le permitan prestar sus servicios a algún club paceño. “Finalmente Lucas firmó con Wilstermann, aunque mi ilusión era que atajara en The Strongest”, comenta con una mezcla de desilusión y enojo, pero firme en su propósito de un pronto retorno a La Paz, donde confía radicará y encontrará alguna oportunidad para trabajar con los chicos, quienes –asegura–, “aprenden mejor”.

Excursión por épocas felices

Luis Esteban Galarza Mayeregger es el menor de una familia numerosa de Asunción, Paraguay. De los diez hermanos –dos de la mamá cuando soltera y ocho de su matrimonio con don Eduardo Galarza–, actualmente seis están con vida.

El golero Eduardo Galarza trabajaba en una fábrica de cigarros y su esposa Juana se dedicaba al cuidado de los hijos y a recibir ropa para lavar y planchar. La pareja formó una fecunda familia futbolera, que dio continuidad a una especie de dinastía de arqueros.

Y nuestro entrevistado –principal protagonista de esta saga de cinco generaciones– rememora: “Mi infancia fue muy linda y todos mis hermanos nos hicimos arqueros en la calle y en la tierra, jugando en el tremendo calor que hacía en Villa Morra. Jugábamos con pantaloncitos cortos y sin camisa; y fabricábamos nuestras pelotas con trapos y papeles. Pateábamos tres veces y atajábamos tres, esa era la dinámica. De chico yo quise jugar fuera del arco hasta que en Nacional de Asunción –donde nos formamos todos–, se me dio la oportunidad de probar otras posiciones. Papá insistía con toda seguridad: ‘Vos no sos afuera; vos sos arquero’. Un día nos levantamos a las cinco de la mañana para ir al partido. En los 90 minutos de juego, toqué dos veces la pelota; fui un desastre… Allí me empecé a dar cuenta de que no era volante, ni marcador de punta, ni central.  Cuando tenía once años, me aferré al arco y no lo solté más”.

Dinastía Galarza “a la boliviana”

En los años cincuenta del pasado siglo, Ramón Mayeregger –el mayor de los diez hermanos–, destacó rápidamente bajo los tres palos de Nacional de Asunción, hasta llegar a la Selección paraguaya de finales de la década y consolidar una exitosa carrera futbolística en el Emelec de Ecuador.

Por su parte, Arturo Galarza llegó a la Primera División de Nacional y en 1969 emigró a Bolivia, contratado por el Club Bolívar de La Paz.

Resulta que ese mismo año pereció todo el equipo del club rival, The Strongest, en el trágico accidente aéreo de Viloco. Cuando el sentimiento de pesar calaba en las entrañas más profundas del pueblo boliviano que en su conjunto anhelaba coadyuvar al renacimiento del Tigre, Arturo Galarza le comentó a un dirigente atigrado sobre su hermano menor, Luis, que atajaba en Asunción con buena proyección.

En ese momento Luis Esteban –de 18 años– ya había pasado por todas las etapas de las divisiones de menores del mencionado club: Cadete, Infantil, Aspirante, Reserva… Sin embargo, no había debutado profesionalmente en el fútbol paraguayo. Trabajaba con su padre en la fábrica de cigarros y estaba considerando la idea de abandonar el fútbol.

La inesperada llegada del empresario Andrés Vigo a Asunción, quien lo buscó por indicaciones del golero celeste –Arturo Galarza–, propició el viaje “relámpago” del joven a la urbe boliviana.

Llegó a un equipo de sólo tres jugadores que intentaban retomar los entrenamientos, abrumados por el recuerdo fantasmal de los compañeros desaparecidos en las montañas. Llegó a un equipo, cuyo cuerpo técnico lo consideró demasiado tierno para actuar en calidad de titular y que optó por mantenerlo en reserva mientras se preparaba. Eso sí, lo fundamental fue que el muchachito extranjero de 18 fue acogido por la calidez y fraternidad del entonces Presidente del Tigre, don Rafal Mendoza Castellón, quien había adquirido su pase en 1.500 dólares para regalarlo al Club. “Transcurrido un año y medio, finalmente llegó el día en el que el entrenador Freddy Valda –confiado en la potencialidad del nuevo elemento– fue directo al grano: “Lucho, es tu hora. Entrá y demostrá las condiciones que tienes”.

Así nació una carrera fructífera de alrededor de diez y ocho años (1969 – 1987), que dio forma y figura a un emblema viviente e irremplazable de la garra atigrada. “Pude jugar en Alianza Lima, en Cruzeiro de Belo Horizonte, en FBC Melgar de Arequipa, pero The Strongest no me quiso soltar nunca. Don Rafo (Mendoza) decía siempre: ‘Pueden llevarse a los jugadores que quieran, menos a Galarza’”.

Entre muchos eventos épicos, salta a la luz su debut en 1970 cuando los atigrados consiguieron el Campeonato de la mano de Maldonado, Díaz, Bastida, Romerito… Y aquella Copa Libertadores de 1980, en la que el cuadro aurinegro hizo gala de una destacada campaña, luciendo con orgullo su famosa columna vertebral defensiva: Angulo, Fontana y “El Mono” Galarza, respaldados por la destreza de estrellas deportivas como Ovidio Messa, Jorge Carlos Lattini y David Paniagua, entre otras.

Los hermanos Arturo y Luis se enfrentaron por más de una década en los clásicos paceños, defendiendo con el alma sus respectivas porterías. Ambos se nacionalizaron bolivianos, ambos se casaron y tuvieron hijos en tierras alternativas a las propias; ambos defendieron a la Selección boliviana y, en múltiples ocasiones, Luis Esteban enfrentó a la Selección de su país de origen, tanto en Eliminatorias como en diferentes versiones de la Copa América.

Por cosas de sangre, genética y/o herencia, sus hijos Sergio Daniel (“El Monito” Galarza) y Luis también jugaron profesionalmente defendiendo los arcos de los principales clubes cruceños. Sergio, además, formó parte del Club Wilstermann, brilló en la Selección nacional y actualmente sigue vinculado al club verdolaga en calidad de gerente técnico. Luis, por su parte, formó parte del cuadro aviador y del club atigrado, entre otros, dejando el fútbol profesional antes de cumplir los treinta. En la actualidad está laboralmente vinculado al Club Always Ready, después de su paso por el Nacional de Potosí.

El joven arquero Lucas Galarza, hijo de Rolando, nieto de Arturo y sobrino nieto de Luis, tras actuaciones en Olimpia y en el Sportivo San Lorenzo de la Primera División de Paraguay, acaba de confirmar su vinculación al equipo aviador de Cochabamba, prometiendo así el resurgimiento de la dinastía Galarza en Bolivia.

Grande Lucho

Lucho Galarza era dueño de una gran personalidad; gozaba de altura, solvencia, fuerza y garra. Junto a los aguerridos defensores de la era atigrada, formó parte fundamental de una muralla infranqueable que logró, por ejemplo:

  • Campeonato de Fútbol Paceño (1970, 1971 y 1974).
  • Campeonato nacional de 1974.
  • Primer Campeón liguero (1977).
  • Campeón liguero (1986).
  • Varios subcampeonatos locales y nacionales a lo largo de la década de los setentas y principios de los ochentas.

Y nuestro entrevistado asegura que, más allá de sus aptitudes naturales, cuidaba su alimentación, dormía bien y entrenaba mucho. “Si pudiera darles un consejo a los jóvenes, les diría que la disciplina debe ser lo primero en su vida; lo demás viene después: Las mujeres no se van a terminar y cada día habrá más cerveza… Siempre habrá tiempo para eso, pero para el fútbol, no hay tiempo”.

La Verde contó con la garra felina de Luis Esteban Galarza en eventos internacionales, como:    

  • Eliminatorias de 1977 para Argentina ’78: Arturo y Luis Galarza, ya nacionalizados, fueron convocados para jugar el repechaje con Hungría, de la mano de grandes figuras como Eduardo Angulo, Fernando Bastida, Carlos Aragonés y Ovidio Messa, entre otras. Sin embargo, los resultados no favorecieron al cuadro nacional.
  • Eliminatorias de 1985 para México ’86: La Selección boliviana estuvo alineada con la leyenda del arco strongista, Luis Galarza. “Bolivia escribiría historia con un empate sin antecedentes como visitante en tierras brasileñas. La gloria fue para Juan Carlos Sánchez que, tras un servicio de esquina, anotó impecablemente de cabeza el tanto que dejaría las cosas 1 a 1. Así reflejó el 30 de junio de 1985 la agencia italiana ANSA el inesperado, aunque inútil, campanazo boliviano” (Historiadelfutbolboliviano.com).
  • El mismo año Galarza fue Capitán de la Verde frente a Paraguay, en Los Defensores del Chaco, donde –confiesa– se sintió profundamente boliviano.
  • Eliminatorias de 1989 para Italia ’90: La Verde estuvo conformada por íconos del fútbol nacional como Carlos Borja, Ricardo Fontana, Eligio Martínez, Vladimir Soria, Milton Melgar, Erwin Romero, William Ramallo, Álvaro Peña, Luis Héctor Cristaldo, Erwin Sánchez, Eduardo Villegas y Romer Roca. Luis Esteban Galarza (Medalla al “Mejor Jugador” de 1989) y Carlos Leonel Trucco alternaron en el arco. Bolivia le ganó a Perú y a Uruguay en La Paz y por un gol de diferencia no fue al Mundial de Italia 1989. La campaña de Bolivia se constituyó en el brillante aperitivo de lo que ocurriría en 1993: La primera clasificación de la Selección boliviana a un mundial.
  • En la Copa América de Brasil del mismo año, Bolivia logró empatarle a la Argentina campeona de Diego Maradona, a quien “El Mono” le tapó un tiro libre al ángulo.

“Lo mejor de mi vida”

Formar una familia con tres hijos varones y una niña, fue lo mejor que le pasó, asegura “El Mono” Galarza.

La alegría más grande: Cuando lo convocaron a la Selección boliviana para participar en la Copa América de 1975, con Freddy Valda de técnico.

Recuerdos imborrables: “Aquél en el que estábamos todos en casa, sentados alrededor de la mesa. Mis hermanos que llegaron de Ecuador, de Colombia… Papá en la cabecera y rodeado de sus hijos arqueros, evocando recuerdos y anécdotas de su propio paso y el de su viejo por el fútbol, defendiendo el arco de Guaraní”.

Y más momentos llenos de magia como los de los grandes duelos paceños, cuando los hermanos Galarza eran Capitanes y dueños de los arcos de Bolívar y The Strongest. “Antes se jugaban dos clásicos al año y eran a muerte. Cuando uno de los dos equipos perdía el último clásico, tenía que esperar hasta el siguiente año para la revancha. En Bolívar estaban grandes jugadores como Gallo, Solórzano, (Pablo) Baldivieso, Lugo, Romero, Aragonés, Tamayá, Borja, Soria…; y nosotros conformábamos un ejército fuerte con Iriondo, Martínez, Fontana, Juan Peña, Messa, Angulo, Canelas, Ayaviri… ¡Linda época! Época en que la gente, por una entrada, dormía alrededor del estadio; época en la que a las cuatro de la tarde, el Siles vibraba con 42.000 almas en la tribuna…”.

Entre lo mejor de la vida de Lucho Galarza también se encuentran los tantos y tantos amigos ganados (fuera y dentro de la cancha): Ovidio Messa, “El Tano” Fontana, Uber Acosta, Carlos Salas, Raúl Ruiz y muchos otros. Y, claro está, el saludo y el afecto de la gente.

Lo peor y lo más duro: Las pérdidas de los padres y los hermanos, estando lejos del seno familiar y sin la posibilidad de poder llegar a despedirse de los seres más queridos.

Trayectoria en y por Bolivia

Después de 18 años de gran liderazgo y popularidad en el Tigre, Galarza fue requerido por el Club paceño Always Ready, donde tuvo buenas actuaciones entre 1987 y 1988. Defendió el arco celeste de 1989 a 1990, con una destacada actuación en la Copa Libertadores de finales de la década ochentera.

A principios de los noventas se unió al conjunto de San José de Oruro donde se convirtió en el gran ídolo de la hinchada del equipo santo; y más adelante, se trasladó al Valle para cuidar el arco de los aviadores. Antes de cerrar su ciclo como portero profesional, se unió al Club Independiente Petrolero y, finalmente, cerró el en el Club Blooming de Santa Cruz (1995).

De acuerdo a una nota publicada por El Comercio de Perú (marzo, 2020), el jugador más veterano en más de seis décadas de Copa Libertadores es Luis Esteban Galarza, “quien el 17 de abril de 1995 se retiró de la Libertadores actuando para Jorge Wilstermann con 44 años y 81 días”. En la ocasión, Sporting Cristal le anotaría 7 goles, resultado que –claramente– no le hizo justicia a su grandeza.

“Luis Esteban es, sin duda, un verdadero ejemplo”, concluye Grover Echavarría y, justamente en época de nuevas contrataciones en el mercado de fichajes, agrega: “Ojalá llegaran muchos jugadores como él para convertirse en verdaderos refuerzos para el fútbol boliviano, tanto en el terreno profesional, como en el personal”.

Últimamente las fake news estuvieron a la orden del día, desinformando sobre la supuesta desaparición del ícono deportivo. Sin embargo, a juzgar por la energía, vitalidad y la capacidad de proyección hacia el futuro de Lucho Galarza, tenemos a una leyenda viva para rato. Lo lógico sería saber aprovecharla y que, ¡finalmente!, se le abran las puertas. La pregunta es sencilla: ¿Algún club interesado en el plan de trabajo con menores que propone este gravitante autor y co-autor de capítulos dorados del fútbol boliviano?

Crónica 6.  ESTRELLAS DEL FÚTBOL

La Paz – Bolivia.

Beatriz Villa-Gómez C. – NEOCOM S.R.L.

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