Ovidio Messa Soruco:

Por siempre… ¡Ovidio!

En los valles pardos del Chaco boliviano se hizo el hombre firme y templado, el líder de la cancha, cuyas múltiples virtudes lo llevaron a catapultarse como el clásico 10 sudamericano que le regala magia y hazaña a su hinchada. Fue grande en su técnica y digno abanderado del talento yacuibeño; impuso estilo y marcó tendencia con su juego y con su imagen. Su nombre y su recuerdo quedan impresos, para siempre, en las páginas doradas de la historia del fútbol boliviano.

A manera de introducción: de la cuna a la tumba

Nos ubicamos en Sanandita, Yacuiba (capital de la provincia del Gran Chaco del departamento de Tarija), entre serranías, lomeríos, colinas, valles, terrazas y lechos de río con sello chaqueño, donde un 12 de diciembre de 1952 –año de profunda transformación política, económica y social en Bolivia–, nacía una estrella que –acorde a los aires de la época– revolucionaría el fútbol boliviano. Hablamos pues del mediocampista y volante ofensivo, Ovidio Messa Soruco.

Allí, en los valles pardos y en el seno de una familia petrolera, se hizo el hombre alto y servicial que supo combinar la firmeza de carácter con el temple espiritual, virtud que se vio reflejada en su desempeño como líder del campo de juego y que lo llevó a catapultarse como el clásico 10 sudamericano que le regala magia y hazaña a su hinchada.

Este liderazgo de acciones, más que de palabras, lo consolidó como un deportista de múltiples cualidades: equilibrado en el amague y la gambeta, elegante en el toque, veloz y de largo zanco, visionario e intuitivo de mirada periférica, exquisito en la técnica, ingenioso para la creación, preciso en los pases, explosivo en las salidas, desequilibrante a la hora de escabullirse entre las defensas rivales, potente en el remate y contundente en la anotación.

Su primer equipo fue el Petrolero de Cochabamba, se sintió íntimamente conectado al Club Chaco Petrolero de La Paz y su identidad como deportista sobresaliente estuvo ligada a la casaca gualdinegra. Defendió con dignidad la Verde y paseó su talento fuera de las fronteras nacionales.

La época futbolera de los 70s y 80s lleva estampado su nombre y, además, –como lo subraya el periodista deportivo Toto Arévalo y lo avala quien fuera su compañero de juego y amigo, Víctor Hugo Méndez–, su amable sonrisa, su humildad, liderazgo, solidaridad, constancia, serenidad y natural carisma lo llevaron a sembrar grandes amistades en la vida, además de forjar una familia.

Se casó con Blanca Lila Sanabria, hija del entrenador paraguayo, Carlos Sanabria, quien lo acompañó hasta el final. “Un gran deportista, ser humano extraordinario y, especialmente, maravilloso esposo, padre y abuelo. Los casi 42 años compartidos con tanto amor y entrega, hacen posible nuestra lucha”, nos confió su viuda. La pareja tuvo cuatro hijos: Claudio Javier, Carla Lorena, Carlos Ovidio y Rodrigo Gabriel, además de varios nietos que crecen en el extranjero y aseguran la descendencia del ídolo.

Tras su carrera futbolística, se dedicó a la dirección técnica y los 15 últimos años de su vida los pasó en Alicante, España. En octubre de 2015 visitó por última vez su país natal. En julio de 2017 murió alejado de los llanos del Chaco y de los nevados de Chuquiago, aquejado por un fulminante cáncer de páncreas. Partió rodeado del amor de su familia y consciente del cariño y la admiración de su gente, cultivados a lo largo de 64 años de vida fructífera.

Crónica de una trayectoria de lujo

Petrolero de Cochabamba y Chaco Petrolero de La Paz

A los 17, Ovidio Messa debutó profesionalmente en el Club Petrolero de Cochabamba, ciudad en la que culminó sus estudios secundarios a los 18 años (1969-1970).

Su entrañable amigo, Toto Arévalo, nos cuenta: “A Ovidio lo conocí una tarde que debutó en una cancha de fútbol en Cochabamba. Era muy joven, era estudiante de quinto de secundaria y estaba rapado por el servicio militar. Coincidentemente, con 18 años y estando en el último año de colegio, yo debutaba en la radio. Seguramente aquella fue la primera entrevista que le hacían en su vida y, a partir del momento en que nos presentamos, nos hicimos amigos. Conocí a los suyos; era el único varón de una familia yacuibeña de cuatro hijos que vivía en la Avenida América y Libertador Bolívar de Cochabamba”.

Los padres de la futura estrella de fútbol trabajaban en Yacimientos de Yacuiba y cuando su hijo tenía aproximadamente 16 años, decidieron dejar su tierra y emigrar a La Llajta. Con destacadas aptitudes para el balonpié, Ovidio se enganchó al equipo petrolero de la capital valluna hasta que Yacimientos de La Paz realizó las gestiones necesarias para integrarlo a su plantel.

Entre 1982 y 1983 tuvo un segundo paso por el club de sus inicios, en calidad de Capitán.

En 1970, el chaqueño pasó a formar parte del cuadro paceño Chaco Petrolero hasta 1974, disputando la Copa Libertadores de 1971 y enfrentando a The Strongest, Peñarol y Nacional de Uruguay. En 1972, su actuación sobresalió de la mano de un equipo sólido compuesto por jugadores como Adolfo Flores y Víctor Hugo Méndez, con quienes protagonizó jornadas inolvidables.

Toto Arévalo y “la banda messista”

Hace 43 años –relata Toto Arévalo– el periodista deportivo llegó a La Paz por quince días, sin imaginar que ese viaje casual propiciaría el cambio definitivo de su residencia. Dejó Cochabamba y la nueva etapa de soledad que le tocó experimentar en la sede de gobierno, se hizo más llevadera gracias a que el futbolista tarijeño lo incluyó en su grupo de amigos, todos deportistas y la mayoría chaqueños. “Ovidio fue mi primer contacto en La Paz y todos sus amigos se hicieron mis amigos: Huber Acosta, Carlos Aragonés, Adolfo Flores, Gregorio Gallo…”.

La amistad del grupo se mantuvo y se sostuvo a través de los años, alimentándose, entre otras cosas, de inolvidables veladas de bromas, chacareras, vino, guitarra y sana chacota, recuerda el periodista.

Víctor Hugo Méndez (ex futbolista y médico traumatólogo): “O ganas todo o pierdes todo”

“Desde muy niño me gustó jugar el fútbol; era mi pasión como deportista. Poco a poco fui subiendo de categoría porque antes había divisiones inferiores en los equipos profesionales; había Cuarta, Tercera, Segunda, Reserva y se llegaba a Primera. Yo empecé en las Cuartas de Chaco Petrolero y poco a poco fui ascendiendo hasta llegar a la Primera División profesional. Ahí tuve la suerte de conocer a grandes jugadores del Club Chaco Petrolero, con quienes salimos Campeones de la Primera División profesional de 1970 y Subcampeones en 1971. Ambos años fuimos a la Copa Libertadores de América y jugamos primero contra los equipos uruguayos (1971) y después contra los equipos ecuatorianos (1972).

Fui convocado a la Selección boliviana jugando dos partidos amistosos contra Brasil y Chile, pero mi carrera se vio interrumpida por un accidente de tránsito con fractura de la pierna derecha, hecho que me condujo a las aulas de la Facultad de Medicina de la UMSA para desarrollarme en la especialidad de Traumatología.

A ese Chaco Petrolero altamente competitivo, sólido y bien formado llegó Ovidio, coadyuvando a las victorias que lográbamos en las diferentes ciudades del país. Rápidamente se consolidó como pieza fundamental del equipo. Nos entendíamos muy bien dentro de la cancha y fuera de ella cultivamos una amistad y un sentimiento de compañerismo muy especiales.

Nuestra relación de amigos sinceros se mantuvo a lo largo de los años hasta que él fue asignado como entrenador de la Selección nacional en 2005 de cara a las Eliminatorias mundialistas. En esa oportunidad me contactó para que me hiciera cargo de la parte médica del plantel y de esa manera tuvimos la oportunidad de compartir nuevas experiencias.

Siempre recordaré una anécdota… Estábamos en un hotel de Sucre, concentrados, y Ovidio, como era habitual cuando llegábamos en esa ciudad, recibió la visita de amigos y paisanos del Chaco, de Yacuiba, de Camiri… No era la primera vez que se reunía con ellos a jugar cartas y apostar, a manera de pasar el tiempo. En esa oportunidad, Ovidio me invitó a unirme a la mesa, pero yo ni siquiera sabía jugar… Me convenció y con la típica suerte de principiante, empecé a ganar parte del dinero que había en la mesa. Cerca de las diez de la noche, satisfecho y prudente, decidí retirarme para descansar, sin imaginar que mi amigo se pondría de pie y con firmeza exclamaría: ‘De aquí nadie se va. O ganas todo o pierdes todo’. De inmediato me volví a sentar y cuando eran casi las tres de la mañana, me di cuenta que había perdido todo. Menos mal que no era mucho…”.

The Strongest

La participación de Ovidio Messa en el cuadro aurinegro tuvo una duración de más de cinco años en tres etapas diferentes: 1) 1976-1980, 2) 1983 (como fichaje estrella del Club en sus Bodas de Diamante) y 3) 1985-1986.

Tras haber brillado en Chaco Petrolero, a finales de 1976 se integró al Club The Strongest, donde inició su camino de máxima consagración como deportista y donde logró el primer título nacional del Torneo de la Liga del Fútbol Profesional Boliviano de 1977. Al lado de aguerridos jugadores como Galarza, Fontana, Iriondo, Cañiellas y Lattini, Messa lució su talento y acarició la gloria.

En el marco de la Liga, el chaqueño anotó 99 goles, siendo uno de los más recordados aquel que registró en el partido The Strongest vs. Oriente Petrolero. Ganaba Oriente 1 a 0 e igualó Juan Peña, hasta que Messa anotó el 2 a 1 y el “Zorro” Bastida consiguió el 3 a 1 final. “Ovidio recibió la pelota en el borde del área grande, hizo dos amagues que se llevaron por delante a sus marcadores y lanzó un misil que entró en la parte superior izquierda del arco verdolaga” (Historiadelfutbolboliviano.com).

En 1986, Messa obtuvo el Campeonato Nacional con The Strongest. Sin embargo, es recordado por las repetidas jornadas en las que desbordaba talento y enamoraba a los aficionados con su liderazgo y su gran capacidad futbolística, cualidades que lo convirtieron en ídolo de la hinchada atigrada y lo consagraron como uno de los mejores 10 de la historia boliviana.

Sin duda, su mayor identidad deportiva la alcanzó con The Strongest, siendo por muchos años su goleador histórico con 78 tantos registrados. Al respecto, Toto Arévalo opina: “Yo creo que ha sido ídolo del Tigre y su hinchada es injusta porque se olvidan de él como autor de grandes jornadas, de grandes goles, y prefieren idolatrar a extranjeros cuando bolivianos como él le han dado tanto brillo y orgullo al club”.

Ricardo “El Tano” Fontana (ex futbolista): “Con Ovidio chocamos y también tiramos para el mismo lado”

He compartido muchos años con Ovidio. Nos enfrentamos cuando él jugaba en Chaco y yo en Litoral, o cuando él jugaba en Bolívar y yo en The Strongest. La verdad es que chocamos al jugar en equipos contrarios. Después nos tocó estar en el mismo equipo y allí no tuvimos grandes problemas, pero sí tal vez algo de ese recelo que siempre hay.

Recuerdo que en una época en la que ambos jugábamos en The Strongest, tuve una discusión con Ovidio en una práctica (porque yo no era indisciplinado, pero sí un poco rebelde…). Entonces su suegro –que era nuestro técnico– intervino en la conversación y me dijo algo que no recuerdo exactamente… Lo que sí recuerdo es lo que yo le respondí: ‘Escúcheme profesor, acá los dos somos jugadores… Claro que yo no me casé con su hija y él sí, pero no por eso usted le va a dar la razón a él y va a estar en contra mía…”. Inmediatamente todo el equipo rompió en risas. ‘Si hubiera tenido otra hija, tal vez se hubiera casado conmigo, pero tuvo una sola que se casó con Ovidio’, añadí divertido, y allí quedó la cosa.

No coincidíamos en todo, pero no importa: tirábamos para el mismo lado. Recuerdo que era callado e introvertido. Era una persona sana que no hacía ningún tipo de ostentación de su fama. Un excelente jugador, de los mejores que yo vi aquí en Bolivia.

La verdad es que su desaparición hace un par de años fue muy dolorosa; yo había estado con él charlando en Santa Cruz un par de meses antes de su partida. Si bien ya estaba enfermo, no comentaba nada, y cuando nos enteramos de que estaba delicado, nos golpeó muy duro porque fue una persona con la que compartimos mucho y que no merecía ser víctima de una enfermedad tan cruel”.

La Academia

Tras su estadía en The Strongest, a fines de 1975 llegó el momento de jugar en el Club Bolívar, donde encajó perfectamente y donde alcanzó el título de Campeón paceño en 1976. Más adelante, su estilo de juego técnico y elegante nuevamente lo llevó a destacar en el equipo celeste del torneo liguero de 1983 y a brillar como el número 10 del Bolívar de 1984.

Selección boliviana

Messa brilló en la Selección nacional entre 1972 y 1983, debutando en la Copa Independencia realizada en Brasil y defendiendo la bandera tricolor en partidos de Eliminatorias mundialistas, Copa América, Copa Libertadores, Copa Independencia, Copa Paz del Chaco, Copa Mariscal de Sucre y Copa Leoncio Provoste.

A continuación, nos referimos a sus participaciones más destacadas:

  • Copa América ’75, donde anotó goles inolvidables; 2 a Chile y 1 a Perú.
  • Eliminatorias ’77 al Mundial de Argentina ‘78, donde vivió un momento estelar al derribar en la primera fase del torneo a Uruguay y Venezuela, bajo la dirección técnica de Wilfredo Camacho y junto a un grupo de destacados como Pablo “Guillotina” Baldivieso, Erwin “Chichi” Romero, Carlos Aragonés, Jesús Reynaldo y Miguel Aguilar, entre otros. Bolivia no pudo instalarse en la cita ecuménica por una decisión de último momento que alargó la competencia y dejó a la Selección nacional fuera del Mundial.
  • Copa América ‘83, donde –en calidad de Capitán– tuvo destacadas actuaciones y donde jugó su último partido, enfrentando a Perú.
  • Copa Libertadores, donde jugó un total de 32 partidos y anotó 14 goles internacionales.

Paraguay

Su destacada trayectoria en el fútbol boliviano hizo posible que el ícono traspasara las fronteras nacionales para lucirse en dos grandes clubes de Paraguay: Guaraní (1974) y Libertad (1980-1981).

Moda futbolera-setentera: “Todos queríamos ser Messa”

El periodista Edgar Toro Lanza es también un ex futbolista que se desempeñó en las divisiones menores del Club Bolívar por cinco años. “Jugábamos los partidos preliminares en el Estadio Hernando Siles ante 45 mil espectadores en los clásicos nacionales cuando se creó la Liga del Fútbol Profesional Boliviano (LFPB) en 1977”, recuerda nuestro entrevistado.

Desde esa visión, desde la mirada interna, Toro califica a Ovidio Messa como “un 10 completo”, de gran técnica, talento, inteligencia y creatividad. Destaca también la disciplina del jugador que se ponía en evidencia al momento de patear penales y tiros libres magistrales, marcar goles de cabeza, gambetear con gran finura y “comerse a la defensa a gusto y placer”. 

Asimismo, Toro se refiere a un dato curioso: El chaqueño Nº 10 que brindaba inolvidables espectáculos de avance, toque y gol, impuso la moda futbolera-setentera, diferenciándose del resto al lucir las medias caídas en armoniosa combinación con los pantalones cortos. El toque final: la peculiar melena oscura que sobrevolaba el campo de juego con elegancia y estilo.

“Todos queríamos ser Messa”, recuerda el cronista.

Amigos y rivales

Hablar de Ovidio Messa es hablar de quien abriera la senda para que una camada de deportistas del Chaco boliviano marcaran historia al quedar registrados dentro de “la generación de oro del fútbol yacuibeño”. También es evocar a uno de sus paisanos, no menos destacado, de nombre Carlos Aragonés Espinoza. El coterráneo brincó a Salta para luego ser fichado por el Club Bolívar que casualmente se informó de sus hazañas deportivas en Argentina.  

Cuenta Toto Arévalo que entre 1977 y 1978, el popular jugador argentino Mario Alberto Kempes, más conocido como “El Matador”, llamaba la atención de propios y extraños por su frondosa melena y las medias caídas. En Bolivia, fueron precisamente Ovidio Messa y Carlos Aragonés quienes –sacando provecho de su juventud, su altura y buen porte– optaron por seguir la línea del ícono argentino, sin imaginar que su look marcaría tendencia y sería copiado por futbolistas y seguidores, en permanente analogía con el del famoso cantante español, Camilo Sesto.

Hablar de Messa en El Tigre es hablar de Aragonés en Bolívar. Hablar de Messa en la Selección de finales de los 70s es hablar de Aragonés como dupla perfecta, y viceversa. Hablar de Messa y de Aragonés, de Aragonés y Messa, es hablar de paisanismo, de equipo, de amistad y también de rivalidad en la cancha y, alguna vez, en el amor.

Impases

Durante un partido desarrollado en el marco de la Liga ’84, Messa fue protagonista de una supuesta agresión al árbitro que provocó que el Tribunal de Justicia Deportivo de Bolivia decida suspenderlo por un año, regresando a las canchas hasta agosto de 1985.

Un año más tarde, en 1986, el jugador sufrió una grave lesión de rodilla que lo obligó a retirarse por unos meses de las canchas. Sin embargo, en octubre del mismo año, se alejó definitivamente de la práctica activa del fútbol profesional.

Messa, el entrenador

Concluida su carrera como futbolista, Ovidio Messa no abandonó su pasión y se dedicó a la dirección técnica, preparando a cientos de deportistas del país.

De acuerdo al recuento efectuado por Historiadelfutbolboliviano.com, en 1989 tomó a su cargo al cuadro de Always Ready y a partir de allí continuó con otros equipos de la Primera División como Bolívar, San José, Independiente Petrolero, The Strongest (94-95 y 98), Real Santa Cruz, Chaco Petrolero, Oriente Petrolero, Wilstermann y Blooming.

Preparó a las divisiones menores del seleccionado boliviano. Dirigió a la Selección Nacional en 1999 (de manera interina) y en 2005, rumbo a las Eliminatorias para Alemania 2006, oportunidad en la cual proyectó a jugadores como Carmelo Angulo, Doyle Vaca, Joselito Vaca y Danner Pachi, entre otros.

Final de la contienda

Y prosigue Toto Arévalo, al recordar las instancias finales del partido Ovidio vs. Muerte: “Por muchos años hice la campaña de Ovidio, lo acompañaba, lo entrevistaba y él nunca se negó a nada… El grado de amistad que nos unía permitió que en un momento muy difícil Carlitos, su hijo, me llamara desde España para pedirme algo que lo hice con todo gusto. Me preguntó si podía hacerle un video desde Bolivia porque ya estaba muy delicado. De inmediato activamos el encargo capturando saludos y mensajes de aliento, cariño y admiración de muchos de los amigos que supo cultivar a lo largo de su vida futbolística. Supe que el video lo emocionó profundamente y le arrancó lágrimas. Me habló desde España y la última frase que escuché de él fue: ‘Tranqui, tranqui, todo está bien’. Así era él… El líder sereno que difícilmente se enojaba y que siempre esbozaba una sonrisa; el hombre callado hacia afuera y bromista en el círculo de mayor confianza”.

A poco más de tres años de la partida sin retorno, su primogénito, Claudio Messa, recuerda los rasgos más importantes del hombre que habitaba detrás de la casaca deportiva: “Mis padres tuvieron siempre una relación absolutamente ejemplar, tanto en los buenos tiempos como en las dificultades; estando juntos o a la distancia. Mi padre era muy tranquilo y tenía una manera muy cariñosa de ser estricto. Siempre nos dio un buen ejemplo con muy buen sentido del humor. Gozaba de sus nietas cuando íbamos de visita a España (vivimos en Estados Unidos), y se dedicó mucho al nieto que vive allá. Es más, él se quedaba a su cargo cuando mi hermana y mi cuñado salían a trabajar”.

Legado y sugerencias para el fútbol nacional

Ovidio Messa Soruco también se desempeñó como Cónsul de Bolivia en Barcelona – España (2007).

El estadio provincial de Yacuiba lleva su nombre, en justo reconocimiento a lo que este deportista tarijeño le dejó a Bolivia.

Finalmente, rescatamos una entrevista publicada por el periódico “La Razón” (2017), en la que la estrella deportiva nos deja un par de recomendaciones (fruto de su amplia trayectoria como estrella de fútbol y entrenador), a ser tomadas en cuenta por su vigencia y claridad:

  • Varias cabezas no pueden dirigir el fútbol nacional.
  • Se recomienda volver a las asociaciones locales para evitar que los equipos vayan desapareciendo y que, por el contrario, se fortalezcan y se hagan más competitivos.
  • Debe consolidarse una nueva estructura de fútbol con objetivos claros y que vaya de las divisiones inferiores al fútbol profesional. Este modelo funcionó en Venezuela, Ecuador y Chile, y podría funcionar en Bolivia.

Crónica 2.  ESTRELLAS DEL FÚTBOL

La Paz – Bolivia.

Beatriz Villa-Gómez C. – NEOCOM S.R.L.

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