Ricardo “El Tano” Fontana

Caudillo histórico a prueba de bala

A sus setenta, el natal de “La París de América”, goza de una salud envidiable como resultado de haber llevado una vida sana y libre de excesos. Tras consolidar una destacada carrera futbolística como ilustre paladín de la tropa atigrada, hoy se sabe “un boliviano querido”, una figura cuya popularidad no sede al paso del tiempo. En Bolivia formó su familia, echó raíces y creó lazos de amistad que lo mantienen –nostálgico y frontal– en la ciudad de las montañas. Hoy sale a tomar el sol con la satisfacción propia de quien, por más de dos décadas, enfrentó múltiples batallas con armas infalibles: la técnica, la garra y el corazón.

Del hambre al juego

Ricardo «El Tano» Fontana es el menor de seis hermanos de una familia de origen italiano que emigró a la Argentina a mediados del pasado siglo.

“Después de la Segunda Guerra Mundial, mis padres y mis cinco hermanos chiquitos se morían de hambre en Italia y, como miles de familias que pasaban por lo mismo, salieron de ese país y llegaron a Buenos Aires”, relata.

Al poco tiempo de haber llegado a Argentina, el 17 de octubre de 1950, los esposos Fontana recibieron a su sexto hijo: Ricardo. Si bien en el país sudamericano las posibilidades de sobrevivencia eran mayores que en Europa, el ex jugador recuerda que su niñez fue dura porque los ocho integrantes de la familia trabajaban con sacrificio y tesón para poder salir adelante. El esfuerzo conjunto hizo posible que no faltara un plato de comida y un techo para cobijarse.

“Mi hipótesis es que, para ser jugador de fútbol, hay que pasar hambre; el chico pobre tiene más posibilidades de llegar lejos. No digo que todos los futbolistas tengan que ser necesariamente de los estratos más bajos para triunfar, pero –desde lo que me tocó vivir– puedo afirmar que cuando la parte económica no da para casi nada, la única cosa que puede hacer un chico es salir a la calle y a los potreros para correr detrás de una pelota. Lo he visto con mi hijo y también con mis nietos: Como no pasan hambre ni frío, tienen una forma distinta de encarar las cosas y probablemente sus prioridades son otras: estudiar, irse al extranjero, etc. Por ejemplo, si a mí de chico me decían que había un partido a las cinco de la mañana en la punta de la montaña, me iba para la montaña porque un chico que vive en la escasez, sabe que el fútbol puede ser su tabla de salvación”.

Pininos con la pelota

A pesar de la diaria contienda que Fontana enfrentaba contra el hambre y el frío, hoy el recuerdo de aquellos tiempos deja la hostilidad a un lado: “No me quejo porque, a pesar de las limitaciones, todos los días disfrutaba de correr tras de un balón, como el resto de los chicos del barrio. Ahí nació mi pasión por el fútbol, pasión que se ha mantenido a lo largo de mi vida, hasta hoy”.

La meta de Ricardo –confiesa–, era llegar a ser jugador profesional de fútbol, “primero, porque me gustaba y me divertía; y segundo, para tener la posibilidad de salir de la pobreza”.

Resulta que tal objetivo era el de cientos de muchachos que apostaban a lo mismo. Como es habitual en el país del tango, al transcurrir los años, algunos fueron abandonando el camino y otros tantos llegaron a los 16 o 17 años con la idea de probarse en diferentes equipos: River, Boca, San Lorenzo… “Yo la tenía clara, pero era muy difícil porque había miles de chicos con buenas condiciones y la misma ilusión que llegaban de todas las provincias del país”.

En la mayoría de los casos, los jóvenes no son aceptados en la primera prueba, tampoco en la segunda, por lo que no les queda más alternativa que renunciar a sus sueños. Sin embargo, éste no fue el caso de nuestro entrevistado, quien se probó y tuvo la fortuna de ser fichado para la Cuarta División de uno de los clubes más prestigiosos del fútbol argentino: San Lorenzo. “Creo que ese fue uno de los días más felices de mi vida; llegué a mi casa y nadie podía creer la noticia”, rememora.

Terminando la década de los sesenta, Fontana ascendió a la Tercera División de su club, alternando la actividad deportiva amateur con el trabajo en un taller mecánico, mismo que le permitía contribuir al sustento familiar y tener unos pesos en el bolsillo, pero que, al mismo tiempo, le impedía asistir a todos los entrenamientos. “Cuando estaba en una etapa complicada en la que se me cruzaban las cosas, apareció Bolivia”.

Pagando derecho de piso

El pibe capitalino nunca había oído nada acerca de Bolivia, y menos de un club llamado Always Ready cuando, después de un partido, el técnico le informó que dos representantes del vecino país que habían observado su desempeño en un juego de las divisiones menores de San Lorenzo, querían hablar con él. Y recuerda como si fuera ayer: “Uno de los señores era un mago, un ilusionista y periodista que trabajaba en radio y que, además, era el director técnico del Club Always Ready de La Paz. El otro señor era un general retirado que era el Presidente del Club. Eran Micky Jiménez y Alberto Correa. Estos señores me propusieron que me vaya a jugar a La Paz, con la opción de ganar un poco más de lo que generaba trabajando en el taller”.

La familia Fontana, una vez establecida en Buenos Aires, nunca se había movido de allí, y la madre del joven deportista no quería ni siquiera escuchar que su hijo menor se fuera a vivir a otro país, a un lugar completamente desconocido.

Con la intervención de sus hermanos mayores, la futura figura del fútbol nacional logró convencer a sus padres y decidió aceptar la oferta, hecho que representaba la oportunidad de saltar de Tercera a Primera, aunque el equipo en cuestión no era de los más grandes, no estaba en la tabla de posiciones, ni gozaba de cierta estabilidad económica. “Pero bueno, el reto estaba allí y lo que queríamos era jugar”, señala Fontana a medio siglo de transcurrido el suceso que le dio un giro a su destino y el cual compartió con otro joven elemento de San Lorenzo, de nombre Oscar Alfredo Belello.

Tras llegar a La Paz con 19 años (1969), la película que se les había contado a los jóvenes extranjeros, no parecía encajar con lo que les tocó vivir durante la primera etapa en la capital altiplánica: La comida que resultaba “terrible” y la cancha de piedra y tierra, decepcionaron a los recién llegados quienes, al mismo tiempo, fueron acogidos por un grupo de jóvenes miraflorinos e hinchas del CAR que, apenas se anoticiaron del arribo de los dos jugadores argentinos, se presentaron en el Estadio Obrero para conocerlos.

El equipo era chico y los jugadores también, por lo que, al llegar a su cuarto partido jugado, Fontana ya era Capitán del plantel. Tras la primera campaña, el Club no terminó bien en la tabla y los dirigentes no cumplieron con sus compromisos. “La comida era realmente mala, nos debían pagos y nos fuimos a vivir a una sede del Club que quedaba detrás del Estadio Obrero… Todo era muy pobre y éramos jóvenes, así que no nos importaba mucho”.

Terminada la aventura “de seis meses” y cuando Ricardo Fontana estaba a punto de regresar a su país y al seno familiar como lo había planeado inicialmente, recibió una oferta del Club Litoral, también de la Primera División. Aunque la experiencia en Bolivia no había sido la mejor y a sabiendas de que “al ser extranjero no puedes reclamar porque nadie te da bola”, el reto / riesgo fue nuevamente tomado. El defensor volvió con los suyos y a los pocos meses regresó a Chuquiago para afilarse al club de los policías.

Resulta que la segunda experiencia fue aún peor que la primera –recuerda el ex futbolista. “Me tenían durmiendo en cualquier lado, la estaba pasando mal: ‘Gaucho, hijo de tal…; cállate o te ponemos en la frontera’…, hasta que obligatoriamente tuve que volver a Argentina para cumplir con el Servicio Militar”. 

Tras obtener el certificado que avalara el cumplimiento de sus deberes, en 1972 el prometedor jugador regresó al Club Litoral, donde finalmente las cosas se fueron componiendo de a poco, tanto en lo deportivo como en lo personal. “El ‘72 salimos Campeones Paceños. Ese fue un gran momento para nosotros, a pesar de que no ganábamos ni un peso”.

El caudillo histórico del Tigre

A principios de 1974, el líbero de Litoral que supo exhibir sus cualidades tanto físicas como técnicas, fue convocado al Club The Strongest de la mano de su entonces Presidente, Rafael Mendoza. Como presagio de que los tiempos más difíciles estaban llegando a su fin, el mismo año los aurinegros lograron el Campeonato nacional y, tres años después y recién iniciada la era de la Liga, los atigrados volvieron a acariciar la gloria.

El salto del Tano Fontana al Tigre y su consolidación como uno de los puntales más importantes del plantel, marcó un antes y un después altamente satisfactorio en la carrera deportiva del caudillo que vistió la camiseta atigrada por quince años, exhibiendo su mejor versión como un deportista que daba rienda suelta al ejercicio de la técnica, rodeado de la bravura y ñeq’e del resto de los jugadores.

El resultado: 4 títulos nacionales (Copa Simón Bolívar 1974 y 3 Ligas del Fútbol Profesional Boliviano en 1977, 1986 y 1989), y la participación en un total de 8 ediciones de la Copa Libertadores de América.

Más allá del Gualdinegro

En medio de una primera etapa atigrada de indiscutible liderazgo (1974-1982), El Tano Fontana tuvo un paso breve por Oriente Petrolero de Santa Cruz (1983) y Bolívar de La Paz (1984).

Al respecto, asegura que dirigentes del Club The Strongest que estuvieron de paso, lo abandonaron estando lesionado y lo prestaron a estos dos equipos, como resultado de negociaciones dirigenciales. “Su corto paso por Bolívar, se caracteriza por haber estado aquejado por una lesión”, sintetiza el periodista deportivo Ramiro Camacho.

Su regreso al Tigre marcó el inicio de una segunda etapa en el cuadro aurinegro, misma que duró cinco años con un rendimiento que alcanzó el nivel esperado (1985-1992).

A los 43 años (1993), el deportista veterano que había ganado fama y popularidad a nivel nacional, se integró al plantel del Club Chaco Petrolero que en ese entonces participaba en la Liga, para cerrar así un prolongado ciclo como futbolista profesional.

Posteriormente se desempeñó como entrenador de The Strongest en dos ocasiones: La primera como interino, en 1999 y más tarde en 2008. “Como director técnico, a veces me iba bien, a veces no tan bien… Fueron pasando los años y aparecieron nuevas generaciones de entrenadores y, como yo ya era mayorcito, se me cortó. Tampoco era mi gran obsesión porque lo mío siempre fue jugar; lo hacía para estar en contacto con el fútbol y también para trabajar”.

En la actualidad, eventualmente aporta y “pone la cara” en las gestiones de la FABOL, presidida por su ex compañero de juego, David Paniagua.

Los cimientos de la clasificación

Tras haber formado parte de una pre Selección boliviana en 1985, el argentino-boliviano de 38 años, se integró a La Verde, de cara a la Copa América de Brasil (1989), donde Bolivia no logró superar la primera fase del Campeonato internacional.

En ese marco, cómo ignorar el duelo con Argentina (entonces Campeón mundial), en el que los roces del jugador del bigote con su compatriota Maradona, toman hoy un tinte anecdótico: “Recuerdo que en el vestuario le dije a Eligio (Martínez) que estemos atentos a Maradona y a Cannigia, y ya en la cancha, se me salió y le dije: ‘Eligio, agarralo al petiso’. Maradona se enojó y me recordó que era Campeón del mundo. Algo le contestamos, pero lo más destacado fue que el Campeón del mundo no pudo ganarnos porque el partido terminó 0 a 0”.

El mismo año (1989), Fontana fue nuevamente convocado por el director técnico Jorge Habbeger, como defensor titular durante una buena campaña de Eliminatorias rumbo al Mundial de Italia ’90, en la que Bolivia llegó a la tercera fase del torneo y se quedó en el camino por diferencia de un gol. Una Federación que no cumplía con sus compromisos y un plantel de jugadores tan bueno como desmotivado por los conflictos internos, derivó en una derrota definitiva contra un Uruguay que jugaba en su casa.

A pesar del resultado final, la lectura que se hace hoy de aquel episodio, toma un rumbo positivo: La combinación juventud-experiencia permitió que a Bolivia le fuera bien, ya que jugadores “mayorcitos” como Luis Galarza, Eligio Martínez, Chichi Romero, Carlos Borja y Ricardo Fontana, por ejemplo, dejaron la base para la clasificación de Bolivia al Mundial de Estados Unidos (1993-1994).

Boliviano, querido y picante, como el fricasé

Si bien fue en 1976 cuando el Club The Strongest asumió la nacionalización de uno de sus bastiones, fue a mediados de los ochenta –época en la que El Tano Fontana consolidaba su familia–, que más allá de los papeles, el argentino se empezó a sentir boliviano. Al respecto, detalla: “Ya llevaba cinco o seis años en Bolivia cuando el Club me nacionaliza para que yo pueda responder a una convocatoria para la Selección boliviana de cara a Argentina ’78. Si bien no me convocaron, quedé nacionalizado. Me casé con una chica argentina que conocí en Bolivia y cuando empezaron a llegar los hijos –el mayor, boliviano y dos niñas que nacieron en Argentina pero que llegaron a Bolivia a los días de haber nacido–, empecé a pensar distinto y a sentirme más identificado con este país. Ya retirado del fútbol, mandé a toda mi familia a Argentina, pero yo valoraba mucho la seguridad, la tranquilidad y la conexión de la gente que siempre me hizo sentir bien en Bolivia. Son treinta años que pasaron desde que dejé de jugar, y apenas cruzo la frontera, mucha gente me reconoce y me expresa su cariño. En Buenos Aires no me conoce ni el verdulero, por eso me establecí acá”, explica el amante del fricasé y el chicharrón.

Ricardo Fontana vivió por muchos años entre Bolivia y Argentina, yendo y viniendo todo el tiempo. Hace dos años se separó de su esposa, y sus hijos y nietos hicieron sus vidas en Córdoba y en República Dominicana, gozando de la estabilidad económica por la que el ex futbolista trabajó. “Mi objetivo era que mi familia esté más o menos bien y lo he conseguido; esa es mi satisfacción”, confiesa.

Los amigos que hizo en el corazón de Sudamérica son “amigos de verdad”, asegura y, a continuación, admite: “No todos me quieren, tuve problemas y varios, pero ya pasó”.

Resulta que el fuerte temperamento del ex defensa no pasó desapercibido durante su etapa como futbolista profesional. Al respecto, Ramiro Camacho nos cuenta: “Fontana es un hombre que muchas veces ha perdido los estribos, hecho que le ha costado ser expulsado del campo de juego. No era raro verlo envuelto en temas de peleas que iniciaban en discusiones y terminaban en golpes… Pienso que su temperamento le ha jugado en contra y ha sido determinante en su carrera porque algunos dirigentes no han visto con buenos ojos esa parte de su personalidad.”

Marca “Fontana”

Fontana goza de plena claridad al momento de referirse a las virtudes deportivas que le permitieron consolidar una carrera destacada: “Técnico, aguerrido y muy de ponerle el corazón a cada partido. Yo he caído justo en el equipo que tenía que caer porque si bien tenía calidad para jugar, la garra fue una particularidad mía que empalmó perfectamente con la identidad del Tigre. Pienso que fui un jugador muy identificado con una camiseta y eso se proyectó hacia afuera, por eso hasta la fecha la gente me reconoce”.

Sin embargo, la técnica y la garra tuvieron que nutrirse de una vida sana y ordenada para brillar aún más en el campo de juego. “Vengo de una familia donde era imposible pensar en tomar una copa de vino en la casa y nunca fui de salir de noche. En Argentina era un poco inocentón y prefería quedarme en mi casa, antes que tener que pasar vergüenzas por las limitaciones económicas que tenía. En Bolivia, la ‘fama’ me ayudó a sentirme más seguro, pero no daba para tener vida nocturna y andarme emborrachando. No me arrepiento porque ahora, con mis años, me siento muy sano”.

Y quién mejor para resumir las cualidades deportivas del caudillo atigrado, que el periodista de amplia trayectoria, Ramiro Camacho: “Un líder en el campo de juego, un Capitán y un pilar, cuya actitud aguerrida, vehemente y luchadora, tenía un efecto contagiante en el resto de los jugadores. Un zaguero recio y firme en cuanto a la marca. La dupla central que hizo con Eligio Martínez, marcó historia. Fue, sin duda alguna, una defensa infraenqueable en The Strongest, misma que le significó muchos títulos al equipo gualdinegro. El paraguayo Martínez se caracterizaba por un juego recio y duro, y Ricardo Fontana le ponía toda la técnica en los momentos de las salidas con el balón. Y allí se sumaba Galarza en el arco… El trío de jugadores defensivos gozaba de un temple y carácter que atemorizaban a los jugadores e hinchadas rivales, aun en sus actuaciones en calidad de visitantes. Fontana sobresalió en un equipo muy batallador que proponía un juego complicado de entender en cuanto al tratamiento del rival, y que gozó de una ‘marca’ propia”.

Sin pelos en la legua

Pregunta (P): ¿Qué hubo / qué hay después de 24 años de fútbol profesional?

Respuesta (R): A principios de los noventa emprendí un negocio de parrilla en el centro de la ciudad de La Paz y posteriormente, me dediqué a la dirección técnica. Hoy no dejo de entrenar y de disfrutar de partidos eventuales con mis amigos, y esta actividad me permite gozar de buena salud.

También hay nostalgia por los muchos amigos que ya no están y por los que están enfermos; por la pandemia que impide realizar los acostumbrados viajes para estar cerca de los hijos, los nietos (cuatro de ellos cambitas) y los hermanos (algunos de los cuales todavía radican en Buenos Aires…). Solía estar tres meses en Bolivia y tres en Córdoba donde viven mis hijas pero, con la pandemia, tuvieron que pasar muchos meses para poder llegar a Argentina.

P: ¿Quiénes considera que fueron o son los mejores futbolistas de Bolivia?

R: Cuando llegué a Bolivia me gustaba mucho Limbert Cabrera. Respecto a los que eran más o menos de mi generación o un poco más chicos, admiraba mucho a Chichi Romero, a Ovidio Messa, a Etcheverry, a Platiní y a Ramiro Castillo, por citar a algunos.

P: ¿Habrá solución para la actual crisis del fútbol boliviano, quizás la más aguda de su historia?

R: Mientras sigan los dirigentes pícaros, difícilmente se podrá mejorar. Hay mucho dinero en el fútbol, desde lo que manda la FIFA, la Conmebol, los sueldos, los viáticos, los derechos de televisión. Hay tanta plata que por eso se pelean. La gente que maneja el fútbol ahora, no es gente de fútbol. Tampoco voy a decir que antes no había sinvergüenzas, pero la mayoría era gente comprometida con el fútbol que inclusive ponía sus pesitos y sus horas de trabajo por una causa noble.

Somos el único país que no tiene una cancha propia para la Federación, que no tiene un lugar de concentración, un comedor para los jugadores. Hasta el último país del mundo tiene un mínimo de infraestructura. ¿Por qué? Porque vienen donaciones de la Conmebol o de la FIFA para hacer obra, para organizar campeonatos de divisiones inferiores, campeonatos de fútbol femenino, etc., y desaparece toda la plata. Después los pillos se van con los bolsillos llenos y sin haber rendido cuentas; esa es la realidad.

P: ¿Quién / quiénes deberían tomar las riendas del fútbol boliviano?

R: Los ex jugadores de fútbol, nadie mejor que ellos. En Cochabamba están Jhonny Villarroel y William Ramallo; en Santa Cruz están Erwin Sánchez, Marco Etcheverry o Milton Melgar, y aquí en La Paz están Carlos Borja, Vladimir Soria, etc., que sí tienen conocimiento y saben de fútbol.

P: ¿Los actuales dirigentes saben de fútbol?

R: Bueno, el señor Marco Rodríguez que aspiraba a ser Presidente de la Federación, por ejemplo, es un matón de cantina; está muy lejos de ser una persona intachable que sabe de fútbol, que conoce el tema y que nos puede representar con dignidad a nivel sudamericano. A él lo que le interesa es cobrar, a toda costa, los 40.000 dólares que la Conmebol paga por mes a los presidentes, y si para conseguir votos tiene que comprarlos, lo hace. Por eso somos los últimos de los últimos, por esa gente que nos maneja, y bueno, el Ministerio de Deportes no ha hecho hasta ahora absolutamente nada al respecto.

Nos guste o no, los últimos presidentes que han pasado por la FBF han sido unos pobres tipos que se han hecho millonarios. Si aparece alguien honesto –como los pícaros son la mayoría–, no puede hacer mucho y volvemos a lo mismo.

Hoy en día cualquiera puede llegar a ser Presidente, como la señora de The Strongest que puede que sea una buena persona, pero –que yo sepa– llegó a postularse sin ningún tipo de antecedente dirigencial. El señor Salinas (Q.E.P.D) antes de llegar a la Federación, puso primero a su sobrino de Presidente, puso a su mujer, y yo me pregunto: ¿Qué mérito tuvo la señora para ser Presidente del Club The Strongest?

P: ¿Qué opina del nuevo Presidente de la FBF, Fernando Costa?

R: Creo que es una persona honesta y trabajadora, gente sana. En pocos años hizo bastante por Always que era un equipo que estaba por desaparecer y que ahora, gracias a su gestión, recuperó un sitial con jugadores a los que se les paga, etc. Pero, insisto, tengo miedo de que estos pícaros lo rodeen y hagan más de lo mismo.

P: Desde su experiencia, ¿cuál es la actual condición de los ex futbolistas en Bolivia?

R: En general puedo decir que cuando un ex futbolista enferma, los clubes no te dan ni la hora.  Esa es la verdad. Hace poco murió Eliseo Ayaviri, Benjamín Robles y varios de mi generación, y se puede decir que casi murieron en la indigencia. Se enferman y no tienen plata para ir a ningún lado y se mueren porque no los ayuda nadie, esa es la realidad. Es muy ingrato esto. Antes los clubes no tenían mucha plata, pero hoy tienen todo; tienen gabinetes médicos, tienen traumatólogos. Yo no digo que te regalen plata, pero por lo menos un chequeo con el gabinete médico que a ellos no les significa nada porque no pierden nada, y les permitirían hacer un mínimo acto de justicia.

P: ¿Cuál es su visión sobre el rol de la FABOL, desde su cercanía a esta instancia?

R: FABOL solamente representa a los jugadores que están en actividad, vive de los jugadores que están en actividad y defiende a los jugadores que están en actividad. Hace meses se quería parar el fútbol porque a los jugadores de San José se les debía más de 8 meses de sueldo, y el Presidente que acababa de fallecer no hizo nada para que esos jugadores cobren lo que les correspondía. Llegó una plata de la Conmebol para estos jugadores, esa plata se perdió en la Federación y nadie dijo nada. Por eso FABOL sigue presionando para ponerle un freno a los dirigentes y a los periodistas cómplices, con el objetivo de que los jugadores puedan mantener a sus familias en una época tan dura como la que estamos viviendo por la pandemia. ¿Qué puede hacer un jugador de un equipo chico con 200 dólares que ni siquiera puede cobrar?

Con esa interrogante se despide nuestro ilustre entrevistado quien, tras largos meses de espera, finalmente pudo visitar su país de origen para disfrutar de una temporada de anhelado reencuentro con los suyos. Mientras tanto, el hogar y el cielo de Achumani aguardan su regreso.

Crónica 4.  ESTRELLAS DEL FÚTBOL

La Paz – Bolivia.

Beatriz Villa-Gómez C. – NEOCOM S.R.L.

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