Rolando Vargas Romero

El “Perro/Tigre”, emblema viviente de la afición aurinegra

El 10 adulado de The Strongest protagonizó una serie de circunstancias míticas a lo largo de su carrera deportiva: Tras haber jugado varios años en La Academia, declaró públicamente su afición por El Tigre y, en medio del revuelo público que se armó, cruzó a la vereda del frente y se integró al equipo de sus amores. Comprometido y apasionado, el sentimiento que despertó en él su joven novia lo llevó a renunciar a la oportunidad de jugar como titular de la Selección del Campeón Sudamericano de 1963. Por azares del destino, se salvó de encontrar la muerte en el evento que conmocionó al país de finales de los 60, la Tragedia de Viloco.

El baúl de los recuerdos

Rolando Vargas Romero, nacido en abril de 1939, fue uno de los grandes 10 de The Strongest y un ícono del fútbol boliviano de las décadas de los 60 y 70. Después de una destacada carrera deportiva –matizada por una serie de eventos dignos de ponderarse–, también se desempeñó como director técnico. Si bien el deporte fue el eje central de su vida por muchos años, tuvo la oportunidad de diversificarse y dedicar parte de su tiempo y esfuerzo a sus actividades como empresario y experto en comercio exterior.

Con más de 80 años, sigue al frente del negocio familiar “Vargas y Cía. Ltda.”, empresa despachadora de aduanas y especializada en trámites aduaneros y, en medio de la pandemia que amenaza al mundo entero, la mayor parte del tiempo se encuentra resguardado en su domicilio, acompañado de los mayores tesoros que le dejó su señora: sus hijas Soni y Tina.

Desde la quietud y la espera, el ex jugador acude a menudo al baúl de los recuerdos, de cuyo fondo extrae pedazos de momentos que atizan el amor profesado hacia su esposa Lourdes Andrade Portugal (+) –fallecida hace cuatro años– y que inundan su memoria de momentos irrepetibles, registrados durante aquellos años mozos en los que se vivía al ritmo, temperatura y velocidad de la pelota.

“Perro”, un legado familiar

“El Rulo horizontal máximo a las siete pm”, era la consigna que anunciaba casi a diario doña Ernestina, su madre, pues junto a su esposo, don Carlos Alberto Vargas, se preocupaba por garantizar el adecuado descanso y la buena alimentación de sus cinco hijos deportistas: Carlos (+), Edgar (+), Mario, Rolando (Rulo) y Norberto.

Los esposos Vargas Romero educaron a sus seis hijos –siendo Carmela la única mujer– alrededor del barrio Obrero, cerca al estadio miraflorino. Rolando –el cuarto– estudió en las escuelas Panamá y México para posteriormente unirse a sus hermanos mayores que lo hacían en el Colegio Mariscal de Ayacucho. Asimismo, siguió la huella trazada por los mayores Carlos, Edgar y Mario, quienes –en distintos momentos y bajo condiciones diferentes– destacaron deportivamente y se alinearon a La Academia.

El gusto compartido de los hermanos Vargas Romero por el balón no era casual, pues don Carlos Alberto era un deportista aficionado que practicaba tenis en el Club The Strongest, mientras su hermano Raúl se consagró como futbolista profesional y, a su paso por el Club Ferroviario y la Selección nacional de la década de los 40, dejó huella por su espíritu aguerrido y su particular marcación al estilo de “can policial”. “El tío Raúl no dejaba pasar la pelota por nada”, asegura Rolando, característica que le valió el apodo de “Perro”, el “Perro Vargas”.

Pero resulta que el sobrenombre también le calzó a su propio padre, quien por años trabajó en el departamento de aduanas de Villazón, junto a sus hermanos. En el ambiente de barrio y trabajo era considerado un “churo amigo”, calificativo que también se relacionaba al fiel animal y daba como resultado la asignación del mismo apodo: “Perro” Vargas. 

Más tarde, el sobrenombre fue heredado por sus hermanos Mario y Edgar –este último diez años mayor que Rolando– y popularmente conocido como el “Perro Vargas” del Bolívar, jugador que brillaba en el campo de juego como Capitán del equipo de Víctor Agustín Ugarte, Mario Mena y Guillermo Santos, entre otros jugadores de lujo.

El propio Rolando es recordado hasta hoy como el “Perro atigrado” y cuando apareció en la escena deportiva Norberto, el menor de todos, éste fue rápidamente identificado: Norberto “Perro” Vargas de Chaco Petrolero y después de The Strongest.

Finalmente, sin calcular que el mismo mote se mantendría de generación en generación, sus nietos también lo heredaron desde su etapa escolar, siendo identificados como los “Perritos” Vargas. Uno de ellos –Angelo– es hoy un joven cantante y compositor, cuyo nombre artístico “Doggy Dog” mantiene la esencia, aunque en inglés. Jhosep, el nieto menor y de ojos claros, vivió una etapa corta de pérdida de su identidad cuando en el colegio lo empezaron a llamar “Gato”. Sin embargo, la recuperó rápidamente cuando descubrió la raza “husky” de los perros siberianos.

“La oveja aurinegra”

Los talentosos hermanos hicieron carrera en La Academia, y Rolando no fue la excepción. En 1957 debutó con la camiseta celeste enfrentando al cochabambino Wilstermann y la defendió durante cinco años, hasta 1962.

“Rulo”, como lo llamaban en su casa y en el colegio, frecuentaba a menudo las instalaciones del colegio Domingo Sabio, donde el sacerdote Adolfo Cuevas Frack –aficionado al deporte–, formó el equipo de fútbol “Cóndores” de cara al primer Campeonato Infantil “Eva Perón” o “Copa Evita”, a realizarse en Buenos Aires, Argentina. El cuarto de los Vargas fue convocado a integrarse a este cuadro que, a su vez, era parte de la División Infantil del Club Bolívar, noticia que alegró enormemente al clan.

A partir de esta experiencia internacional, los pequeños “Cóndores” pasaron a la Cuarta División del Bolívar y, tras estrictos entrenamientos y una buena campaña, la mayoría de los elementos quedaron en la Reserva del club. Rolando Vargas no paró hasta llegar a la Primera División. “Recuerdo que viajé a Cochabamba como marcador de punta y un delantero se lesionó. Fue así que tuve el chance de debutar en esa posición. Ese mismo día el periodista Toto Arévalo –muy jovencito– me entrevistó. Yo me presenté como ‘el hermano menor de Edgar Vargas’, pues él era mi referencia y mi ejemplo; un futbolista de gran técnica, mi maestro y, para mí, el mejor futbolista de Bolivia. Así empezó mi carrera”, rememora nuestro entrevistado.

A continuación, el ex futbolista trae a colación un evento que vivió al año de su debut en el Bolívar: “Era un día más de 1958 y recuerdo muy bien que mi padre me pidió que lo acompañe al Club The Strongest donde practicaba tenis y que en ese entonces se ubicada en la calle Yungas. Mientras lo esperaba, tuve la oportunidad de toparme con los jugadores del Tigre y con un grupo grande y alegre de hinchas… En ese momento confirmé que mi identidad era aurinegra y me dije: ‘Quiero ser de este club’. Una vez que mi padre terminó su partido, le planteé mi inquietud y él prosiguió a inscribirme. Me entregaron mi carnet de socio del Club The Strongest, mismo que conservo hasta la fecha. Nunca me olvido de ese día”.

Así Rolando se perpetuó como “la oveja aurinegra” del grupo de hermanos. Y es que, más allá de los buenos momentos que había vivido de la mano del club que le había abierto las puertas de su carrera profesional, su corazón era atigrado. Pertenecía al grupo de los rebeldes del barrio y del colegio, explica. “Éramos rebeldes porque éramos inquietos; nos gustaba manifestar nuestras ideas abiertamente, éramos altamente competitivos (en el buen sentido de la palabra), y no encajábamos con los hinchas del Bolívar, en su mayoría creídos”, complementa divertido.

Alboroto: “Vargas deja el Bolívar y se pasa a la vereda del frente”

A los cinco años de trayectoria en Bolívar, se sumó la experiencia de haber sido parte de la famosa gira por Europa del club paceño Always Ready (1961), en la cual un selecto grupo de elementos de refuerzo visitaron más de diez países, codeándose con grandes equipos y figuras, fogueándose en su técnica y otorgándole talla a sus historiales. Ramiro Blacut, Ausberto “Oso” García y Rolando Vargas fueron algunos de los privilegiados que regresaron fortalecidos a su Patria, después de cinco meses de ausencia.

En una nota publicada por el periodista Rafael Sanpértegui (La Razón, octubre 2016), se da cuenta de un suceso periodístico ocurrido poco tiempo después, en 1962, mismo que desembocó en el brinco del elemento celeste a la vereda del frente, causando gran revuelo en la opinión pública y la afición.

“Todo comenzó con un apunte que el estadígrafo Lorenzo Carri publicó en el periódico poco antes de la Navidad de 1962, en su columna ‘Café caliente, café’. En plena plaza Murillo, el periodista le preguntó: ‘Rolando, ¿qué le gustaría que le mande el Niño Jesús?’. Y su ocurrente respuesta fue: ‘La camiseta de The Strongest’. Pero no todo quedó ahí: ‘¿Y para Año Nuevo?’. Él replicó: ‘Estrenarla”’.

Si bien las declaraciones se habían dado entre bromas y risas, la dirigencia bolivarista no tomó con agrado la picardía, e hizo pública una carta dirigida al futbolista, donde se lo acusaba de poco agradecido. “Mellaron mi dignidad, me dolió mucho. La situación se hizo insostenible y envié mi renuncia”, confesó Vargas a La Razón. Acto seguido, el entonces presidente atigrado, Antonio Asbún, gestionó una operación para lograr el pase del futbolista a su club, considerado el más alto de la historia del fútbol profesional boliviano. Así empezó una nueva etapa en la vida deportiva de Rolando Vargas, el “Perro/Tigre”.

En The Strongest, como Capitán y referente, dio rienda suelta a su talento y consolidó su famosa “Bicicleta”, técnica que empezó a ensayar en la gira por Europa y que consistía en un movimiento particular de piernas que dejaba mal parado a su marcador.

Entre 1962 y 1973, logró varios títulos para su equipo y su calidad destacó ante los ojos de los aficionados y periodistas deportivos de la época, como Mario “Cucho” Vargas, quien lo consideraba un jugador fuera de serie que brindaba espectáculo por su gran dominio de balón y sobresaliente capacidad lanzadora.

Los hitos más importantes que Rolando Vargas vivió en esta etapa de su carrera futbolística fueron:

  • Sub Campeonato Paceño (1962 y 1965).
  • Campeonato Paceño (1963, 1970 y 1971).
  • Bi Campeonato de La Paz (1964).
  • Campeonato nacional de la Copa Simón Bolívar (1964).
  • Sub Campeonato Copa Simón Bolívar (1970).
  • Campeonato Torneo Tres Ciudades (1971).
  • Participación en la Copa Libertadores de América (1965 y 1971).

El “strongista, paceño y liberal” defendió el oro y el negro con el alma, jugando contra sus propios hermanos perros y contra sus ex compañeros. Sin embargo, la inminente rivalidad de juego entre Rolando y Edgar –ídolo académico de quien el menor aprendiera tanto– se mantuvo siempre en el marco del respeto y de los valores inculcados por sus padres.

Durante la década de los 60s y parte de los 70s, Vargas fue titular de la Selección nacional en diversas versiones de torneos sudamericanos y eliminatorias mundialistas.

Todo por amor

El joven deportista se enamoró profundamente de Lourdes Andrade Portugal (+) y, sin pensarlo dos veces, asumió el compromiso de desposarla el 8 de diciembre de 1962.

Paralelamente, la concentración del plantel boliviano de cara al Campeonato Sudamericano de 1963 se había iniciado en Cochabamba, y Rolando Vargas estaba allí como preseleccionado.

“Me armé de valor y busqué a don Roberto Prada (entonces Presidente de la Federación Boliviana de Fútbol), le conté sobre el compromiso que había asumido y él lo entendió. La condición era que regresara a Cochabamba el 10 de diciembre, después de la boda. Resulta que saliendo de hablar con el ingeniero Prada, me encontré con el director técnico, Danilo Alvim, quien –al conocer la noticia– se enfureció y me anunció enfáticamente que si cruzaba la puerta, no regresaba más. Crucé la puerta y días más tarde envié una carta informando que no regresaría a la concentración. Después de Carnaval, mi club me contactó para que me incorpore a la concentración de la Selección que se llevaba adelante en las instalaciones del Colegio Militar de La Paz. Me sentí agradecido, pero no lo hice porque consideré poco ético llegar como si nada, cuando todos mis compañeros no habían dejado de trabajar en todo ese tiempo para ganarse un lugar”.

A 57 años del hecho, el ex jugador no se arrepiente de haber perdido la oportunidad de formar parte de la brillante Selección que logró el único título sudamericano para Bolivia, pues manifiesta haber compartido cada victoria alcanzada por sus compañeros y haber asistido al correspondiente acto de premiación, ocasión en la cual los dirigentes destacaron sus valores humanos y deportivos, y le hicieron entrega de un carnet vitalicio para ingresar libremente a todos los partidos organizados por la FBF.

Lo más importante, sin embargo, fue haber construido un matrimonio ejemplar y haber llegado a las Bodas de Oro al lado de la mujer con la que formó una familia de tres hijos (Sonia, Ernestina y Rolando), tres nietos (Angelo, Joseph y Paola), un bisnieto varón (Jamiah) y una hermosa mujercita de nombre Salomé.

Su hijo Rolando (+) les dio a sus padres la alegría de llegar a jugar en The Strongest. Sin embargo, la pareja experimentó un dolor indescriptible cuando éste perdió la vida siendo muy joven. A partir de la tragedia que envolvió a la familia Vargas Andrade, Rolando y su señora acogieron con amor y entrega a sus tres nietos, es decir, a los hijos de Roly que quedaron huérfanos. “Mi nieto Angelo estaba listo para enfilarse al Tigre de la generación de Alejandro Chumacero, pero se decidió por la música, proyectando su carrera y talento en el programa de Unitel ‘Yo me llamo’, al imitar al rapero estadounidense Eminem”, relata con orgullo, y complementa: “Jhosep estuvo en Argentina y Brasil haciendo un trabajo como voluntario; él sacó el genio amistoso de su papá”.

Doble gambeta a la muerte

El también experto en comercio exterior asegura que en su época de futbolista no percibía un sueldo fijo, y que los bonos que recibía no eran suficientes para mantenerse. Es así que, desde muy joven, llevó su carrera deportiva de forma paralela a las obligaciones que le demandaba la empresa familiar aduanera, de la cual su padre era fundador.

Resulta que don Carlos Alberto Vargas se aseguró de que el negocio continuara de la mano de sus hijos después de su muerte, y Rolando asumió esta responsabilidad con mucho agrado, paralelamente a la de la Capitanía de The Strongest.

“Poco tiempo después de que mi padre falleciera, viajé con el equipo a Potosí. Al regreso, el avión no podía aterrizar por la inusual granizada que caía. Recuerdo que todos nos pusimos pálidos y nerviosos cuando la tripulación nos dio a conocer la situación de alerta. Después de varias vueltas y minutos de terror, finalmente aterrizamos en El Alto. Nunca olvidaré al entrenador Ortuño que salió primero y se instaló en las graditas finales, esperando que bajemos. ‘Tranquilos muchachos, sean machos’, nos iba repitiendo. Me acuerdo muy bien que el último en bajar fue el jugador argentino, Miguel Ángel Porta. ‘Tan grandote y asustado. Macho, macho, que no ha pasado nada’. ‘Profe, usted ya ha vivido, pero yo soyo pibito, lindo, tengo una vida por delante…’, le replicó con su acento cordobés”. Nadie imaginó que ese episodio era quizás el preludio a la fatalidad.

El siguiente viaje (destino Santa Cruz) estaba programado para la semana siguiente, días en los cuales Rolando Vargas tenía el compromiso de recoger un documento notariado que su padre le había dejado para que pueda fungir como apoderado de la compañía. Pidió permiso al técnico y éste se lo negó. Insistió ante otras instancias y finalmente recibió la autorización del club para ausentarse del juego cuadrangular internacional a desarrollarse en la capital oriental y cumplir con sus obligaciones laborales.

Aquel fatídico 26 de septiembre de 1969 despertó con un nuevo gobierno, asentado mediante el golpe de estado que el General Alfredo Ovando Candia le propició al entonces Presidente constitucional Adolfo Siles Salinas. La arremetida golpista pasó a segundo plano cuando, al caer la tarde, se anunció que el avión de Lloyd que transportaba de regreso al plantel atigrado, había sido declarado en emergencia.

El Capitán del equipo se anotició de la situación de alarma al regresar a su domicilio antes de lo previsto, pues el alboroto callejero en el que desencadenó la jugada política no le permitió llegar a su trabajo. Esa misma tarde, ya en las oficinas del Lloyd, le dijeron que el motor de la aeronave había fallado y que se había perdido contacto con la tripulación. En ese instante, antes de que se tengan noticias oficiales de la catástrofe, él supo que no volvería a ver a sus compañeros.

A más de medio siglo del macabro episodio, nuestro entrevistado no encuentra las palabras precisas para explicar lo que le tocó experimentar. Sólo tiene claro que hace 51 años murió con su equipo y que, después de mucho tiempo, volvió a nacer.

Podía sentirse afortunado de haber sorteado a la muerte por segunda vez, pero ya no tenía a los amigos con los que compartía a diario por las calles de Villa Fátima y de los que conservaba el último recuerdo del helado de canela y las vueltas divertidas por la plaza principal de Potosí. Tenía que someterse a una terapia psicológica y debía tomar pastillas tranquilizantes antes de subir a un avión. Soñaba con ellos, se atormentaba al aceptar la crueldad de sus destinos. Se sentía un extraño en el nuevo equipo, en el campo de juego. Lo acompañaba, insistentemente, la idea de abandonar el fútbol.

Pero fue don Rafael Mendoza, entonces Presidente del plantel aurinegro, quien logró contagiarle su energía para levantar al equipo que ambos amaban, y darle una nueva oportunidad. Así, con garra, resurgió de las cenizas y volvió a la vida, sumándole a su equipo y a La Verde.

Broche de oro

En marzo de 1973, Rolando Vargas le puso punto final a su trayectoria futbolística. “Dejé el fútbol a los 34 años; siempre dije que el fútbol no me iba a dejar a mí”, afirma con convicción.

Y el renacer que experimentó tiempo atrás, lo impulsó a estudiar en el Comité Olímpico Alemán para ser entrenador y graduarse como DT. Preparó así a The Strongest, consiguiendo para su equipo el Campeonato de la Primera División de la Asociación de Fútbol de La Paz (1974) y la Copa Simón Bolívar (1974). Finalmente, como Presidente del Comité de Fútbol de The Strongest, también obtuvo resultados satisfactorios.

La pasión y el amor a la camiseta hacen la diferencia”, concluye el legendario “Perro/Tigre”, después de auscultar, una vez más, en el baúl de los recuerdos, y compartir la experiencia con nuestros lectores.

Crónica 3.  ESTRELLAS DEL FÚTBOL

La Paz – Bolivia.

Beatriz Villa-Gómez C. – NEOCOM S.R.L.

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