Carlos “Pichicho” Borja:

Misión cumplida, Capitán

Ex futbolista, aficionado al fútbol, ingeniero y leyenda viva e “intransferible” del Club Bolívar. El “Capitán de Capitanes”, priorizando siempre la tranquilidad de su familia, compartió con cinco generaciones de futbolistas, nutriéndose de lo mejor de los grandes exponentes del balonpié. Su buen temperamento y su “nunca claudicar” se sumaron al conjunto de cualidades físicas y técnicas que le dieron un lugar de privilegio en la historia del fútbol boliviano.
«Tenía 16 años, me pagaban y hacía solamente lo que más disfrutaba que era jugar al fútbol. ¡Estaba chocho!»

Pregunta (P): ¿Cómo fue la infancia de Carlos Borja?

Respuesta (R): Yo he tenido una infancia feliz porque nunca me ha faltado nada; mi papá era farmacéutico y mi mamá era profesora de Educación Física. La familia de mi mamá tenía una hacienda en Independencia (pueblo tras El Tunari) y recuerdo que me encantaba ir a montar caballo, bañarme en el río, comer fruta. Una infancia espectacular en todo sentido…

Fui criado con mucho amor y con dedicación y eso me hizo una persona segura de mí misma que le supo sacar provecho a sus aptitudes para el deporte desde el tiempo en que mi madre era basquetbolista y yo –muy chiquito– la acompañaba a sus entrenamientos.

P: ¿En qué momento se da el enganche definitivo con el fútbol?

R: Mi papá era hincha de Wilstermann y a mí me gustaba el fútbol pero no pensaba ni remotamente en dedicarme a él porque en mi casa el requisito era estudiar, salir profesional, etc. Tenía la idea de ser ingeniero y llegué a serlo, pero no me imaginaba ser futbolista profesional…

Sucede que mis padres me mandan a estudiar a la Argentina un año y después regreso a Bolivia y salgo bachiller en Cochabamba. Sin embargo, ese mismo año se clausura la universidad… En ese periodo mi padre le comenta a su amigo –que era un coronel Presidente del Club Litoral– que yo tenía condiciones para el fútbol. Al poco tiempo, me invitan a jugar y me encuentro con todo este mecanismo de los pases (que yo desconocía por completo) y me ofrecen un sueldo. Tenía 16 años, me pagaban y hacía solamente lo que más disfrutaba que era jugar al fútbol. ¡Estaba chocho!

De Litoral paso a Bolívar… Un buen día el profesor Ramiro Blacut, que era parte del cuerpo técnico de la Selección, me ve jugar y recomienda a la dirigencia que me considere. Paralelamente, en Cochabamba los de Wilstermann me invitan a entrenar y en uno de mis primeros entrenamientos con este club, llega gente del Bolívar diciendo que yo ya era parte de La Academia. En ese momento yo no entendía nada, pero resulta que Litoral le había vendido mi pase a Bolívar. Sin darme cuenta, de pronto ya era jugador del Bolívar, llego a La Paz un domingo y el mismo día por la tarde, debuto frente a Oriente Petrolero. Mi vida cambió por completo de un momento a otro pero lo más importante es que a mí me encantaba jugar.

«Entonces siempre fui cuidadoso en ese sentido, actuando en el marco del profesionalismo y muy consciente de que mi cuerpo era mi instrumento de trabajo y que si lo maltrataba no iba poder alargar mi rendimiento en una carrera que es tan corta».

P: ¿Y qué paso entonces con las expectativas de sus padres que querían verlo estudiar una carrera universitaria?

R: Fue complicado porque mi papá me exigía que deje el fútbol; en ese tiempo no se entendía la dimensión de lo que significaba jugar en el Bolívar, por ejemplo. Ese año nos fue muy bien, me encantó el fútbol, ya era conocido y mi carrera avanzaba de forma seria. Entonces hablé con él y me comprometí a que, terminando mi carrera futbolística, iba a estudiar. Como todo en la vida, el ciclo del fútbol terminó para mí y estudié Ingeniería, me gradué y tiempo después hice una maestría.

P: ¿Qué vieron clubes como Wilstermann y Bolívar en Carlos Borja?

R: Tenía buena consistencia muscular; mi respuesta en el campo de juego era positiva; me gustaba correr de un lado a otro; tenía mucha capacidad técnica y desde que jugaba en equipos de barrio siempre lo hacía de número 10. Llegué a Bolívar para jugar de puntero derecho para lo cual se requería habilidad y rapidez. Después bajé a mitad de cancha porque físicamente tenía la capacidad de corretear de un extremo a otro. Sin embargo, creo que más allá de las condiciones técnicas y físicas, había algo importante que era mi temperamento combinado con el “nunca claudicar”. Esa combinación es la que me ha permitido sobresalir positivamente no sólo en el fútbol sino en mi vida cotidiana.

P: ¿Cómo pudo manejar la fama y la popularidad siendo tan joven?

R: Yo creo que lo esencial para cualquier actividad que uno realice, es la educación y la cultura. Cuando tienes una cultura de respeto a ti mismo y a los demás y una educación que te permite conocer todo lo que pueda favorecer a tu formación, se te hace un poco más fácil.

Nunca me gustó el alcohol ni el cigarrillo porque entendía que no era algo que me hacía bien; alguna vez he tomado pero nunca en exceso. Además al tener esa pequeña popularidad, me di cuenta que era parte de la sociedad y que debía comportarme de acuerdo a lo que te idealizan sobre todo los niños. Entonces siempre fui cuidadoso en ese sentido, actuando en el marco del profesionalismo y muy consciente de que mi cuerpo era mi instrumento de trabajo y que si lo maltrataba no iba poder alargar mi rendimiento en una carrera que es tan corta.

«El tercer hito fue mi lesión el año 80 donde tuve una triple fractura en el tobillo. Me dijeron que ya no podía volver a jugar y ahí sentí la crudeza del deporte; entendí lo que vale un jugador cuando está rindiendo y cuando no, pasa al olvido».

P: ¿Cuáles fueron los hitos de la carrera futbolística de Carlos Borja?

R: Primero la llegada al Bolívar a mis 17 años, la llegada a un club sumamente exigente que tenía una hinchada aún más exigente… Recuerdo que en esa época tenías que rendir sí o sí y demostrar en cada partido que eras merecedor de ser titular. Había que jugar bien y ganar por goleada. Si ganábamos 1 a 0 teníamos que quedarnos varias horas en el camerín porque te insultaban y peor aún si perdíamos un clásico. Todos esos factores me obligaban a estar constantemente concentrado y cuidándome para poder responder al público aficionado.

El segundo momento importante: mi primera convocatoria a la Selección porque soñaba con estar ahí… Estar en la Selección era mi ilusión de chango… y cuando me convocaron fue muy emotivo para mí.

El tercer hito fue mi lesión el año 80 donde tuve una triple fractura en el tobillo. Me dijeron que ya no podía volver a jugar y ahí sentí la crudeza del deporte; entendí lo que vale un jugador cuando está rindiendo y cuando no, pasa al olvido.

Ese año prácticamente mis padres tuvieron que hacerse cargo de toda mi recuperación. Me fui a Cochabamba y estuve 8 meses y medio con yeso, más 2 meses sin poder jugar. Finalmente, después de ese largo periodo, reaparecí en el fútbol y al poco tiempo Ramiro Blacut me convoca nuevamente a la Selección y vuelvo a ser titular, hecho que me permite fortalecer mi personalidad, mi carácter y mi pensamiento, siempre positivo. Creo que Dios me premió con la oportunidad de participar en la clasificación al mundial.

P: Hablando de esos años maravillosos del 93 y 94, ¿qué es lo que más recuerda?

R: Es difícil sustraerse al aspecto emotivo que hemos generado nosotros, sobre todo al acto de comunión que hemos generado con todo el pueblo de Bolivia. Yo creo que fue el mejor momento de integración de todos los bolivianos; ahí nos olvidamos de cualquier diferencia política, económica, religiosa, y nos hemos sentido orgullosos de ser bolivianos. Como jugador, me siento afortunado de haber sido parte de ese grupo de deportistas que generaron ese fenómeno de integración dentro de un marco de humildad y sencillez, y del cual tuve el honor de ser Capitán.

Los integrantes de esa Selección mundialista no ganamos mucho materialmente, pero sí ganamos algo invaluable como es el cariño de la gente que nace hace 26 años y perdura hasta hoy…

«Yo les digo a los niños que vayan en busca de sus sueños y de sus ilusiones. Que no olviden que para poder alcanzar sus sueños y superar los obstáculos que seguramente se les van a presentar en el camino, necesitan tener fortaleza, constancia y voluntad. Que no dejen de lado valores importantes como la cortesía, la amabilidad y el saber ser agradecido, por ejemplo. Y, por supuesto, que cuiden mucho su estado físico, su salud».

P: ¿Qué les diría a los niños que no han tenido la suerte de conocer a esa Selección pero que persiguen el sueño de jugar al fútbol? ¿Y qué les diría a los otros actores involucrados como padres, dirigentes, entrenadores, etc.?

R: Yo les digo a los niños que vayan en busca de sus sueños y de sus ilusiones. Que no olviden que para poder alcanzar sus sueños y superar los obstáculos que seguramente se les van a presentar en el camino, necesitan tener fortaleza, constancia y voluntad. Que no dejen de lado valores importantes como la cortesía, la amabilidad y el saber ser agradecido, por ejemplo. Y, por supuesto, que cuiden mucho su estado físico, su salud.

A los adultos, a los padres, les diría que busquen proporcionar a sus hijos las condiciones y la seguridad necesarias para la práctica del deporte.

A los dirigentes, que planifiquen adecuadamente; que trabajen con honestidad; que asuman decisiones consecuentes; que respeten las normas.

A los periodistas, que muestren la realidad de nuestro fútbol, que hagan diagnósticos reales y que no sean exitistas.

A los técnicos, que se capaciten más y que permanentemente busquen mejoras en las relaciones con sus jugadores.

A los aficionados les diría que sean más exigentes con los jugadores, que apoyen a sus equipos y que potencien a nuestras instituciones deportivas con su asistencia a los partidos.

Finalmente, a los ex jugadores, decirles que cada tiempo es distinto y tiene connotaciones diferentes… Que apoyen a las nuevas generaciones de deportistas desde donde puedan hacerlo.

P: ¿Ha dejado la herencia del fútbol a alguno de sus hijos?

R: Me hubiera gustado que mi hijo se dedicara a este deporte, ya que desde los dos meses iba a la cancha y tenía muy buenas condiciones técnicas para jugar. Quizás no tenía la pasión que se necesita y, por tanto, la capacidad de sufrir y resistir ante las pruebas que se van presentando. Él creía que el fútbol era gambetear a unos cinco y que los demás recuperen la pelota, y eso no es así. Él es ingeniero y me siento orgulloso porque cada quien es arquitecto de su propio destino y él tiene su propia personalidad y sus propias aptitudes. Por su parte, mi hija es psicóloga y aficionada al fútbol, hincha del Tigre. Ambos reciben de mi parte y mi esposa el apoyo y los consejos que necesitan.

Me encantaría ser abuelo y poder llevar al pequeño “Pichicho” a jugar fútbol…

P: El mejor jugador del mundo…

R: Pelé, Maradona, Ronaldinho y Messi son grandes referentes, pero es muy difícil distinguir cuál ha sido mejor porque cada uno tiene características distintas.

P: El mejor jugador de Bolivia…

R: Cuando yo me inicié me gustaba Limberg Cabrera Rivero que jugaba en el Wilstermann de número 9; no lo vi jugar al Maestro Ugarte, simplemente tengo referencias.

Tengo el privilegio de haber podido compartir con cinco generaciones de jugadores… Jugué primero con grandes como Carlos Aragonés, Ovidio Messa y Chichi Romero. Luego con Milton Melgar, David Paniagua, Eduardo Villegas y Carlos Trucco. Más adelante con la generación de Marco Etcheverry, posteriormente con la generación de Johnny Villarroel y Julio Baldivieso; y finalmente con la de Joaquín Botero y Luis Gatty… El haber compartido con todos ellos, me permitió mejorar y convertirme en un jugador competitivo para poder estar a su altura.

Lo propio me ha ocurrido con los técnicos que me dejaron grandes enseñanzas como jugador y como persona: Ramiro Blacut, Jorge Habbeger, Mauricio Prieto, Xabier Azkargorta, Moisés Barack, etc.

P: ¿Actualmente ve a alguna figura que esté al nivel de las mencionados?

R: Honestamente no he visto a uno que esté a la altura de los mencionados, y la culpa no es de los jugadores, sino del empirismo que se practica constantemente en el fútbol nacional y de la falta de trabajo en las divisiones menores. Muchas selecciones de Europa aprovechan mejor el recurso humano sudamericano que nosotros mismos, por ejemplo. Deberíamos aprovechar mejor el talento que hay acá y también nutrirnos del talento de afuera para sacar adelante a nuestro fútbol.

P: Un pasatiempo…

R: Me gusta ir al cine, me gusta la lectura aunque actualmente la tecnología le resta tiempo a la lectura, y obviamente el deporte; juego racquetball y frontón.

P: Una canción…

R: Me identifico con “Forever Young” porque mientras te sientes joven de espíritu y de alma, disfrutas más la vida. Pienso que es importante envejecer con dignidad y con las cicatrices que son señales de que has vivido bien.

Edición 1.19. ESTRELLAS DEL FÚTBOL

La Paz – Bolivia.

Beatriz Villa-Gómez C. – NEOCOM S.R.L.

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