Erwin “Platiní” Sánchez:

Disciplina con sabor a gloria

El joven boliviano de piernas largas, polera afuera y medias bajas que hacía goles de tiro libre, recibió el sobrenombre de “Platiní. La analogía siempre estuvo a la altura del genio francés porque Erwin Sánchez se convirtió en el ícono del fútbol boliviano que durante 14 años lució su portento en Europa. Hoy, satisfecho de poder dedicarse a su segunda pasión –la ganadería– rememora sus vivencias al lado de la pelota y reflexiona sobre el presente del fútbol boliviano.
«La Tahuichi significa mucho para mí porque me hizo soñar muy temprano, y el soñar te permite que en el futuro se vayan dando las cosas. Soñaba con la Selección Nacional y con salir afuera».

Pregunta (P): ¿Cómo fue la infancia de Erwin “Platiní” Sánchez?

Respuesta (R): Era un niño travieso, bastante inquieto. Siempre en las canchas de mi barrio y con ese gusto por la pelota. Todos los días después del colegio llegaba a mi casa a botar los cuadernos y saltar a jugar a una de las canchas cercanas.

A pesar de la vida bastante humilde que nosotros tuvimos, puedo decir que tuve una niñez feliz, con padres que nos inculcaron principios y valores que nos llenan hasta este momento y que nosotros intentamos transmitir a nuestros hijos y sobrinos. Siempre me ha gustado la vida familiar.

Mi padre trabajaba en un aserradero y mi madre era ama de casa, y siempre trataron de darnos a mí y a mis hermanos lo mejor que tenían y podían, sin muchas cosas materiales pero con lo esencial, lo básico que son los principios y valores que nos inculcaron y por lo que estamos eternamente agradecidos.

P: ¿De qué manera el fútbol se convirtió en protagonista de esa vida tranquila y familiar?

R: Entre Villa San Carlos y el barrio 12 de Octubre que era donde vivíamos, había una cancha y un equipo que incluyó categorías juveniles y pre infantiles porque les obligaban a tener un equipo de primera de ascenso. En las pre infantiles justamente mi padre fue nuestro primer entrenador. Éramos muchos los chicos que entrenábamos hasta que se dio la oportunidad de participar en un inter-barrio que organizaba la Academia Tahuichi cuando empezaba a repuntar. Era nuestro primer año y salimos subcampeones, lo cual fue fabuloso. 

En esa época se pagaba una mensualidad para entrenar en Tahuichi, pero nosotros no teníamos la posibilidad de pagarla. De esa manera un grupo de amigos de mi padre hizo una colecta para pagarnos el curso de invierno a un primo y a mí. Recuerdo que nos compraron la polera, el short y nos regalaron un par de chuteras. Gracias a los amigos de barrio de mi padre, empieza mi historia en la Academia.

Pasa el curso de invierno, hacemos las pruebas para la beca y conseguimos la beca. Inicia una etapa espectacular con grandes experiencias y muchos viajes que nos ampliaron el horizonte. De repente ya estábamos en Madrid, Copenhague, Suecia, Noruega, China… Gracias a Roly Aguilera –un tipo avanzado y visionario– y a la Academia, viajamos un montón.

La Tahuichi significa mucho para mí porque me hizo soñar muy temprano, y el soñar te permite que en el futuro se vayan dando las cosas. Soñaba con la Selección Nacional y con salir afuera.

«Creo que pasamos cosas que al no estar en hoteles de cinco estrellas ni con todas las comodidades, nos hicieron un grupo fuerte y muy sólido. Dicen que al hijo hay que criarlo con un poco de hambre y un poco de frío y en este caso funcionó».

P: ¿Cómo se da el salto a la profesionalización?

R: Primero voy a The Strongest a probarme pero me vieron muy flaco, muy delgado… Volví a Santa Cruz y a los pocos meses firmé con Destroyers junto con Marco Etcheverry y Mauricio Ramos. Ahí empiezo a despegar en la carrera profesional, impulsado por la pasión que sentía al jugar, la cual se fortaleció con el apoyo que me brindaron mi padre y sus amigos.

Mi carrera profesional fue muy linda y muy corta aquí en Bolivia. Después de dos años en Destroyers, me fui a Bolívar por un año y de ese club salto a Portugal.

P: Cuéntenos sobre su experiencia en la Selección Boliviana…

R: Al llegar a Destroyers, llego a la Selección, teniendo delante a grandes jugadores como Chichi Romero, Hebert Hoyos, Roberto Pérez, Horacio Baldessari, a “Ruso” Navarro, Trucco, en fin… Gente de gran experiencia que estaba al lado de nosotros y de la cual aprendimos mucho porque nos iban transmitiendo cosas muy importantes. Jugar al lado de ellos era algo espectacular.

P: ¿Qué recuerda de las Eliminatorias del 93?

R: Recuerdo muchas cosas… Lo más lindo y anecdótico para nosotros fue que había que bajar disparando del micro para poder hallar agua caliente en la ducha, todos los días era la misma cosa. En la mañana a veces entrenábamos doble turno y después nos peleábamos en los asientos por los primeros lugares para poder salir rápido, escondíamos las llaves de los cuartos para que otros no pudieran llegar antes… Todas esas cosas hacen parte de las anécdotas de la Selección de esa época y de las condiciones en las que nos preparamos.

Creo que pasamos cosas que al no estar en hoteles de cinco estrellas ni con todas las comodidades, nos hicieron un grupo fuerte y muy sólido. Dicen que al hijo hay que criarlo con un poco de hambre y un poco de frío y en este caso funcionó…

«Para cualquier profesión es indispensable la disciplina; sin disciplina no se puede conseguir nada y ésta abarca muchas cosas: una buena alimentación, el buen descanso y el estudio porque está demostrado que quien usa la cabeza, juega mejor con los pies».

P: ¿Cómo vivió el hecho de anotar el único gol mundialista de la historia de la Selección Boliviana?

R: Fue una mezcla de alegría y de rabia porque siempre estábamos cerca pero la pelota no entraba al arco. Eso pasó con Alemania, con Corea y recién en el partido contra España pudimos marcar el descuento.

El sentimiento mío y general era que no estábamos conformes, queríamos más porque sabíamos que éramos capaces de más.

Nosotros calentábamos al lado de Alemania, hacía bastante calor y verlo a Milton (Melgar) al lado de Stefan Effenberg –con un porte de 1,80 y un físico de atleta– diciendo muy seguro: “Que venga a chocar conmigo”, mostraba esa autoestima fuerte que tenía el equipo, y creo que esa fue una característica positiva de esa camada de jugadores, muchos de los cuales tuvieron la oportunidad de salir del país y proyectarse a nivel internacional.

P: ¿Qué significó para Erwin Sánchez la larga estadía en Portugal y la experiencia de jugar en Champions?

R: Me fui con 20 años a Portugal, muy joven, y con la convicción de que quería quedarme para aprovechar al máximo esa experiencia. Fue fuerte entrar a un estadium como el Benfica que alberga a 120 mil personas, una locura…

Durante mi estancia aparecieron ofertas de clubes de Alemania o España, pero en Portugal siempre se renovaban los contratos y yo me quedaba muy cómodo allí. La gente hizo que me sintiera como en mi casa y eso es algo que no tiene precio.

Pasaron cosas que en ese momento no era consciente de lo importantes que eran. Por ejemplo, estar en la Champions League y escuchar el himno fue algo espectacular; haber salido campeón con Benfica y después con Boavista, haber disputado partidos con la Manchester United, con Liverpool FC, etc.

P: ¿Qué implica llegar a ser un jugador de alto rendimiento y un referente deportivo?

R: Para cualquier profesión es indispensable la disciplina; sin disciplina no se puede conseguir nada y ésta abarca muchas cosas: una buena alimentación, el buen descanso y el estudio porque está demostrado que quien usa la cabeza, juega mejor con los pies.

El don no alcanza sin disciplina. Con disciplina se puede pulir el don y eso implica mucho trabajo y sacrificio porque si uno quiere ser un buen futbolista, hay que dejar de lado las fiestas, los cumpleaños, compromisos familiares, etc.

«Por eso insisto en que de nada sirve que exista la materia prima, si no se tiene una cabeza que sepa y pueda manejarla cabalmente. Tenemos que trabajar todos juntos: dirigentes, entrenadores y jugadores para finalmente lograr el despegue que todos los bolivianos anhelamos».

P: ¿Sus hijos –también involucrados en el fútbol– heredaron esa disciplina?

R: Yo creo que sí. Junior fue campeón juvenil de la Selección Juvenil cruceña con 16 años, su entrenador era Marco (Etcheverry) y después de esa Selección, Marco lo agarra para Oriente Petrolero cuando Junior estaba terminando el colegio. Marco quería que se quede con él en Oriente y yo le planteé nuestro interés de que vaya a estudiar a Estados Unidos donde al mismo tiempo podía jugar fútbol.

Finalmente se fue a Estados Unidos por cinco años y al volver estuvo en Real Potosí por un año y probándose en Bolívar, San José, Destroyers…

Lamentablemente en nuestro medio no es fácil y a él le pesó en contra el ser hijo de Erwin Sánchez… Cuando estuve dirigiendo Blooming surgió la opción de que trabajara conmigo, teniendo en claro que las cosas no iban a ser fáciles y él me dijo que tenía espalda para soportar todo. Como padre lo conozco y sé de sus principios y de su buena formación, entonces ¿por qué no darle una oportunidad?

Me siento contento por las cosas que ha conseguido; el haber llegado a la Selección es algo espectacular para él. Leonardo anda por los mismos pasos, buscando su espacio también a sabiendas de que lo que le espera no será fácil.

P: El mejor jugador de la historia del fútbol boliviano…

R: No vi jugar a Víctor Agustín Ugarte aunque toda la gente mayor dice que era un jugador extraordinario, pero sí vi jugar a Chichi, a Carlos Aragonés, a Ovidio Messa… Me quedo con Chichi Romero; creo que hacía cosas que pocos hacían.

P: ¿Cómo ve la situación actual de fútbol boliviano?

R: Yo creo que siguen apareciendo jugadores jóvenes muy talentosos, aunque algunos caen en el conformismo cuando hacen un gol o ganan un partido.

Nuestra Selección Sub 23 ha demostrado buen nivel y esperemos que desarrolle un buen trabajo a la cabeza del profesor Farías y que el proceso no se corte a medio camino porque lo que se necesita es continuidad.

Considero que actualmente faltan “Tahuichis”, la formación no existe en Bolivia y seguimos fallando. Aunque a la gente no le gusta escucharlo, es verdad. Han pasado muchos años desde el 93-94 y sigue existiendo el mismo hueco que no lo podemos rellenar hasta ahora.

En la Selección no se trabaja bien en las divisiones de menores. Y eso lo digo desde mi propia experiencia como director técnico porque los avances que se pudieron lograr en un periodo, se truncaron en el siguiente… Y vamos a seguir así porque culturalmente no estamos preparados. Si hay alguien de La Paz que está trabajando, los de Santa Cruz molestan; si hay alguien de Santa Cruz trabajando, los de La Paz y Cochabamba molestan.

Por eso insisto en que de nada sirve que exista la materia prima, si no se tiene una cabeza que sepa y pueda manejarla cabalmente. Tenemos que trabajar todos juntos: dirigentes, entrenadores y jugadores para finalmente lograr el despegue que todos los bolivianos anhelamos.

Edición 1.18. ESTRELLAS DEL FÚTBOL

Santa Cruz – Bolivia.

Beatriz Villa-Gómez C. – NEOCOM S.R.L.

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