José Milton Melgar:

Cuando la picardía del deportista vivo, te la da el barrio…

Surgido del seno de la familia, los amigos y un barrio en el que se respiraba fútbol, Milton Melgar es símbolo del deportista nato y despierto. Sin planificarlo, se convirtió en ídolo deportivo en Bolivia y Argentina. Hoy, a sus 60 años y desde su natal Santa Cruz, dedica su vida a la formación futbolística de niños y jóvenes.
«Recuerdo todos esos momentos donde jugábamos en la calle y poníamos unas piedras de arco, recuerdo los arenales cuando llovía o cuando hacía frío, las noches iluminadas con la luz de la luna. Todo eso para mí es inolvidable porque iba acompañado del disfrute de jugar y jugar».

Pregunta (P): ¿Cómo fue la infancia de Milton Melgar?

Respuesta (R): Mi infancia fue muy normal, como la de cualquier niño. Seguramente un poco más intensa en el tema del fútbol porque mi familia es futbolera. Tengo fotografías de muy chiquitito siempre agarrando una pelota; eso me indica que ya tenía en la cabeza la pelota. Mis compañeros de barrio, de colegio eran todos futboleros, entonces yo tuve una infancia bastante feliz en lo que respecta a la convivencia dentro del barrio.

P: ¿Hubo un momento específico de su infancia en el cual decide dedicarse al fútbol?

R: Nunca, la verdad es que nunca. No pasó por mi cabeza llegar a ser futbolista profesional; siempre lo hacía porque me gustaba, porque estaba con mis hermanos, porque mi padre siempre me llevaba a jugar pero jamás pensé en dedicarme a ser futbolista profesional. Más bien se fue dando de una forma muy natural.

P: ¿Qué es lo que más recuerda de su juventud?

R: Casi lo mismo, pero en otra dimensión. Empecé a jugar el fútbol de una manera un poco más formal con equipos del barrio, con amigos del barrio conforme iba creciendo. Recuerdo todos esos momentos donde jugábamos en la calle y poníamos unas piedras de arco, recuerdo los arenales cuando llovía o cuando hacía frío, las noches iluminadas con la luz de la luna. Todo eso para mí es inolvidable porque iba acompañado del disfrute de jugar y jugar. Creo que es lindo vivir de esa manera, disfrutando del deporte.

P: ¿Cómo se dio el brinco del futbolista amateur al profesional?

R: Empecé a jugar en clubes de la Asociación Cruceña de Fútbol, jugué en Amboró en Infantiles, en el Club Libertad. Más adelante en Máquina Vieja y posteriormente me convocaron a la Selección Juvenil Cruceña primero y después a la Selección Juvenil Nacional, donde me vieron jugar los clubes de selección profesional, como Oriente Petrolero, Real Santa Cruz y Blooming. Al regresar del Sudamericano al que asistí por una convocatoria de la Selección Juvenil, arreglé mi entrada a Blooming porque este club “ganó la pulseta”, digamos, entre los equipos que querían contar con mis servicios.

Por eso repito que mi incursión en el fútbol profesional se dio de forma natural porque yo no buscaba algo concreto; simplemente jugaba y nada más.

P: ¿Qué fue lo que vieron estos clubes en Milton Melgar?

R: Pienso que tenía una habilidad innata que consistía en hacer lo correcto en el momento preciso. Yo no era un jugador grande ni tenía un físico importante, más bien todo lo contrario, era delgado, bien liviano, pero aprovechaba mi físico jugando rápido y utilizando muchos amagues. Creo que esos amagues hicieron la diferencia. Esa picardía del deportista vivo que está despierto, te la da el barrio. Hay que sacar ventaja de esos detalles y yo creo que cuando jugué en los clubes demostré tener esa particularidad.

«Antes íbamos temerosos a los encuentros porque nuestros rivales eran superiores, pero el 93 fue distinto porque nos sentíamos capaces de ganar».

P: Hablando de la época gloriosa del 93 y 94, ¿cuáles fueron los mejores momentos que le tocó vivir?

R: Todos los partidos de las Eliminatorias fueron muy lindos, todos, incluso los partidos en los que perdimos. Todo lo vivíamos con mucha intensidad y había mucha expectativa. Empezamos perdiendo contra Venezuela y terminamos ese partido ganando 7 a 1, algo impensado. A partir de esa experiencia, la expectativa creció en todo el país y, a diferencia de otras eliminatorias, esperábamos con ansias jugar cada partido. Antes íbamos temerosos a los encuentros porque nuestros rivales eran superiores, pero el 93 fue distinto porque nos sentíamos capaces de ganar.

Vivimos muchas cosas lindas: las concentraciones, los viajes que hicimos para jugar partidos amistosos por Sudamérica, Centro América y Estados Unidos y la confianza que fuimos ganando a partir de esa experiencia.

P: ¿Qué es lo que más recuerda de la etapa en Argentina donde llegó a ser un ídolo deportivo?

R: Fue una de las mejores etapas que he tenido en mi carrera deportiva. El fútbol argentino me enseñó a ser futbolista profesional. No bastaba con jugar bien; tenía que prepararme de la mejor forma para poder enfrentar la dura competencia. La preparación consistía en que tenía que alimentarme bien, descansar bien, entrenar bien y todo lo que implica la preparación de un deportista de alto rendimiento con óptimas condiciones. Había que tener mucha disciplina y demostrar cada vez mayor intensidad tanto fuera como dentro del campo de juego.

Por otra parte, la gente me trató muy bien: los compañeros, los dirigentes y ni hablar los hinchas, cuyo apoyo y constantes elogios hicieron que me sintiera muy bien.

Cuando voy de visita a la cancha en Buenos Aires, todavía se acuerdan de mí porque la Argentina tiene una cultura futbolística diferente a la nuestra. A pesar de los años que han pasado, muchos niños y jóvenes se me acercan con cariño porque allá saben todo sobre el historial de sus equipos, sobre sus figuras, y las siguen permanentemente.

P: ¿Existieron momentos difíciles en su carrera?

R: Si, siempre hay momentos difíciles que hay que saber manejarlos. Una de las situaciones que tuve aquí en Bolivia, fue una expulsión y castigo de un año que me llevó a estar parado sin poder jugar. Fue una situación difícil porque yo era casado, tenía un hijo, había compromisos familiares, pero pasó eso e inmediatamente fui transferido a Boca Juniors. Pienso que en situaciones difíciles uno tiene que ser fuerte y hay que seguir entrenándose, seguirla peleando para que cuando aparezca la oportunidad, uno esté preparado y pueda salir adelante.

«Lamentablemente hoy en día el excesivo uso de la tecnología a veces termina por alejar a los chicos de las actividades positivas para su vida y para su salud. No debemos olvidar que el deporte es salud».

P: Después de culminar su carrera futbolística usted siguió apoyando al deporte de una forma u otra. ¿Quedan cosas pendientes por hacer a favor del fútbol boliviano?

R: Definitivamente hay mucho por hacer en el tema futbolístico… Yo lo que hice y vengo realizando viene de un compromiso de tipo personal; de poder aportar algo con la experiencia que he ido acumulando, sin buscar ningún tipo de reconocimiento.  Lamentablemente estamos en pañales en comparación con otros países, entonces los que tenemos la experiencia de haber jugado, de haber viajado, de haber dirigido, de tener escuelas de fútbol, de tener la vocación formativa, estamos en la obligación de hacer las cosas bien. Hay que trabajar con mucho compromiso e intensidad porque tenemos muchos niños a cargo y nuestro objetivo es formarlos y disciplinarlos para que lleguen a ser personas de bien en un futuro.

¿Qué mensaje les daría a los niños y jóvenes de Bolivia que juegan al fútbol?

R: Les diría lo mismo que digo a los chicos que están en nuestras escuelas: que perseveren y que se entrenen todos los días.

Pero sobre todo a los padres les diría que apoyen a sus hijos, que los incentiven y que les proporcionen las condiciones necesarias para la práctica del deporte que es algo que les va a servir para toda su vida. Lamentablemente hoy en día el excesivo uso de la tecnología a veces termina por alejar a los chicos de las actividades positivas para su vida y para su salud porque no se debe olvidar que el deporte es salud.

P: El mejor jugador del mundo…

R: Cuando uno aprecia el fútbol, puede ver las cualidades de uno y otro. Por ejemplo, se decía que Pelé era el mejor. Está Maradona, Messi… En fin, hay una serie de futbolistas que han estado siempre en un primer nivel, pero me gusta mucho Ronaldihno.

P: El mejor jugador de Bolivia…

R: También se dice que el mejor fue el “Maestro” Ugarte… Después pasaron jugadores como Ovidio Messa, Carlos Aragonés…, pero de la época que yo viví no tengo ninguna duda de que los compañeros que tuve han sido los mejores: Marco Antonio Etcheverry y Erwin Sánchez, y en la defensa habían varios destacados como Juan Manuel Peña que estuvo mucho tiempo jugando en Europa, por ejemplo.

«Creo que la materia prima está en nuestro país; lo que hace falta es trabajarla, pulirla y darle condiciones».

P: ¿Qué ve actualmente en cuanto a figuras?

R: Creo que la materia prima está en nuestro país; lo que hace falta es trabajarla, pulirla y darle condiciones.

Nosotros no tenemos una ley que beneficie al deporte como otros países y esa es una tarea urgente y un compromiso que deben asumir los dirigentes y las autoridades. Hay muchos temas que se deben mejorar como la infraestructura, la capacitación de entrenadores, las condiciones para los niños y jóvenes en formación, etc.

P: Un hobby…

R: El hobby que tengo yo es jugar fútbol, no he cambiado, sigo jugando al fútbol, me voy a la Mutual a jugar en mi categoría Super Senior y este hobby no va a cambiar.

P: Una canción…

R: “La vida sigue igual” de Julio Iglesias.

Edición 1.14. ESTRELLAS DEL FÚTBOL

Santa Cruz – Bolivia.

Beatriz Villa-Gómez C. – NEOCOM S.R.L.

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