Marco Antonio «El Diablo» Etcheverry:

Genio creador de la jugada certera

El trabajo duro y su amor por el fútbol llevaron al “Diablo” de Ramafa a convertirse en una estrella internacional. Convencido de que las condiciones naturales del jugador no bastan para triunfar, nos comparte los aciertos y tropiezos que lo llevaron a considerarse un bendecido por Dios y un privilegiado de la vida.

Pregunta (P): ¿Cómo fue la infancia de Marco Antonio Etcheverry?

Respuesta (R): Mi niñez fue hermosa, tenía el colegio en la esquina de mi casa y yo ya sentía ese cariño y esa atracción por el fútbol. Tenía problemas con mi profesora porque en mi época el colegio era de 2 a 6 de la tarde, de primero a quinto básico; yo terminaba de almorzar y después de mi baño me iba más temprano al colegio, me acuerdo que me ponía a jugar en la cancha de tierra, tocaba el timbre para entrar a clases y yo llegaba todo sucio. Me retaban y le mandaban mensajes a mi mamá reclamando el tema de la higiene, yo le explicaba a mi madre que iba a jugar fútbol antes de entrar al colegio y entonces ya no me retaba. Tuve el apoyo de mis padres siempre para el fútbol.

Crecí en mi barrio “Ramafa” –que era cerquita del estadio– a la par de todos los amigos que tenía. Al cumplir nueve años hasta mis trece, mis padres me inscribieron en la Academia Tahuichi cuando ésta se fundó prácticamente. A partir de ahí yo ya empecé a soñar con el fútbol.

El fútbol para mí era lo máximo y empecé a entrenar bastante, a jugar en torneos inter barriales y en la Tahuichi jugaba de preliminar y miraba yo a mis ídolos en el vestuario, era un sueño.

P: ¿Quiénes eran sus ídolos?

R: Chichi Romero fue el primero, Ever Hoyos, Jorge Campos, William Arias y casi todo el equipo de Oriente Petrolero. Con mis amigos íbamos al estadio y buscábamos a una persona mayor para entrar gratis y verlos jugar.

Luego llegaron Tucho Antelo, Arturo García, Roca Saldías que eran ídolos también. A los tres o cuatro años me vi jugando contra ellos porque debuté muy joven en el fútbol profesional… Y mi niñez fue esa: colegio, Academia, fútbol de barrio. Mi vida en general ha sido un sueño, Dios ha sido muy generoso conmigo.

P: ¿Cómo manejó el tema del estudio conforme la Academia Tahuichi le demandaba cada vez más tiempo?

R: Cuando tenía 14 años y corría el año de 1985, la FIFA creó torneos infantiles, motivada por el fenómeno boliviano de la Academia Tahuichi Aguilera, y se crea el primer Mundial en China donde fuimos como invitados, representando a Bolivia en calidad de pioneros del fútbol infanto-juvenil, lo cual era un gran orgullo.

Mis padres habían hecho el esfuerzo de meterme a un colegio muy bueno y me acuerdo que un día fui a hablar con el Director para pedirle que pueda dar mis exámenes antes o de regreso del Mundial en Pekin. La respuesta fue: “Escoge entre China o el colegio”, a lo que le respondí: “A China no voy a ir nunca más en mi vida y hay miles de colegios acá en Santa Cruz” y me fui. Cuando le conté a mi madre lo que había sucedido, ella me dijo: “Marco, no es lo que queremos, pero nosotros te vamos a apoyar. Si vas a otro establecimiento y juegas fútbol, nosotros te vamos a apoyar”. Y de esa forma me cambié de colegio, donde me permitían jugar, entrenar y viajar sin descuidar mis estudios; fue una de las mejores cosas que me pasó.

«Yo tenía muy claro que para el futbolista su mejor herramienta es el cuerpo, por eso hay que cuidarlo. Había ejercicios que no me gustaban pero calladito los hacía y los que me gustaban los hacía media hora más».

P: ¿Qué hizo posible que Marco se llegara a convertir en una estrella de fútbol, en el gran “Diablo” Etcheverry?

R: Honestamente yo trabajaba durísimo y con mucho amor por el fútbol. Entrenaba toda la mañana, me duchaba, almorzaba a las doce en punto sagradamente con mi familia y en la tarde volvía a jugar, después el colegio y terminadas las clases otra vez a jugar. Entonces vivía completamente para el fútbol; veía videos, era el último en irme de los entrenamientos, trataba siempre de mejorar, en fin…

Realmente me costó mucho. Hay una cosa clara en el fútbol: puedes tener condiciones pero si no llegas a pulir eso que tienes con mucha constancia, esfuerzo, ganas, buena actitud, buen temperamento, etc., no llegarás muy lejos.

Yo tenía muy claro que para el futbolista su mejor herramienta es el cuerpo, por eso hay que cuidarlo. Había ejercicios que no me gustaban pero calladito los hacía y los que me gustaban los hacía media hora más. Si la instrucción era 10 minutos, yo hacía 15 y si había que pulir el tiro libre, yo me quedaba media hora más a ensayar tiro libre. Para cabecear la pelota, ejercitaba con la pared de mi casa por horas. Es importante trabajar e insistir en los pequeños detalles para ir mejorando, y hacerlo con pasión.

Yo, por ejemplo, tengo tres hijos varones y los tres jugaron fútbol en su momento pero a ninguno le llamó la atención seguir en ello. Tengo un sobrino con muchas condiciones, un crack, que la pasó muy mal siendo sobrino de Marco Etcheverry… Imaginen si hubiera sido mi hijo… Yo no quise ser egoísta con mis hijos, quise que ellos escogieran su camino y sean felices. La verdad tengo cuatro hijos extraordinarios.

«Después llegué a la posición que más me gustaba que era como de creación de la jugada. Ahí me sentí mucho más cómodo, haciendo asistencia más que haciendo goles; me parece que Dios me dio ese don de ser generoso, me gusta ser generoso, entonces me sentía mejor asistiendo en la jugada».

P: ¿Cuáles cree que eran sus principales potencialidades dentro del campo de juego?

R: En la Academía Tahuichi jugaba por la banda izquierda bien pegado a la orilla de la cancha, esa era mi posición; luego cambié y bajé a lateral izquierdo; después el técnico me dijo que juegue de líbero (defensa) y entonces jugué mucho tiempo de en esa posición; y posteriormente otro técnico vio mis condiciones y me dijo que juegue de contención.

Ya en el fútbol profesional, el técnico vio otra cualidad que era la velocidad. Entonces aprovechaba mi velocidad con la habilidad con el balón y esta buena combinación hace que me lleven más arriba, de delantero. Después llegué a la posición que más me gustaba que era como de creación de la jugada. Ahí me sentí mucho más cómodo, haciendo asistencia más que haciendo goles; me parece que Dios me dio ese don de ser generoso, me gusta ser generoso, entonces me sentía mejor asistiendo en la jugada.

Me quedo con las palabras de Azkargorta: “Haciendo cada uno su labor dentro del equipo, las cosas van a salir mejor. Para eso es el fútbol, sino dedíquense al tenis”, decía él.

A partir de mi lesión, cambió mi futbol; no perdí mi velocidad pero sí la explosión para salir a una jugada. Eso sí, me volví más preciso a la hora de los pases, me equivocaba muy pocas veces y fui muy responsable en ese sentido en la cancha.

«En fin, la prensa me mató y yo no estaba preparado para aguantar tanta presión. Me hicieron pruebas psicológicas y pruebas físicas y los resultados dieron que estaba saturado de fútbol y con 97 por ciento de ansiedad, o sea casi loco».

¿Cuáles fueron los momentos más complicados de su vida profesional?

R: El primero fue cuando salí Campeón Sudamericano Sub 16 y el segundo cuando me fui a España.

En este Sudamericano me fue una maravilla porque Bolivia sale Campeón y salgo el mejor jugador-goleador de América, el jugador destacado por participar limpiamente y me dan el Fair Play. Lo que sucede es que yo no estaba preparado para ser famoso a los 16 años. Homenajes, recibimientos increíbles, ofertas, etc. y uno se marea…

No tenía los pies bien puestos sobre la tierra y creí que lo había conseguido todo, entonces me relajé, me relajé mucho y descuidé lo que más amaba que era el fútbol. Dejé de ser constante con los entrenamientos y este momento de fama me llevó a cometer actos de indisciplina. Cuando a los dos años llegó el Torneo Sub 18 ya no me iban a convocar porque estaba claro que yo no estaba jugando… Finalmente me convocaron, me tuve que ir a concentrar a Cochabamba y después aparece una oportunidad en Destroyers. Así fue que Marco Etcheverry volvió a las canchas con este aprendizaje.

Una segunda experiencia mala fue cuando me fui a España en un momento en el cual no iba nadie porque sólo participaban dos jugadores extranjeros en la Liga Española. Por el año 91 llego allá y empiezo como titular. Me estaba yendo muy bien hasta el sexto partido en el que hago una jugada que fue muy polémica y donde el periodismo me atacó mucho. Argumentaban que yo me había avivado en una jugada que para ellos era una estafa al fútbol. Hice una jugada con la mano, a partir de ello expulsaron a dos jugadores rivales, me hicieron un penal que parecía que no era penal… En fin, la prensa me mató y yo no estaba preparado para aguantar tanta presión. Me hicieron pruebas psicológicas y pruebas físicas y los resultados dieron que estaba saturado de fútbol y con 97 por ciento de ansiedad, o sea casi loco.

El técnico me aconsejó que regresara a Bolivia a desconectarme de todo y que el Club me iba a pagar mis vacaciones. Me recomendó mucho que descansara, que la pasara bien con la familia, etc. y yo no hice caso. Me obsesioné porque no podía creer que no esté jugando y me mataba entrenando en mi casa y fuera de ella también hasta que los del Club se enteraron.

P: ¿Y cómo vivió lo del primer partido del Mundial del 94?

R: Lo del Mundial no me afectó porque me maté entrenando para jugar ese partido y me arriesgué a todo aunque yo no debería haber jugado. Al final jugué por lo que sentía y porque el profe Azkargorta por el cariño y la confianza me metió. No tenía condiciones para jugar, mi rodilla estaba sana pero no estaba preparada porque no tenía músculo.

Más allá de eso, el Mundial fue como un premio a mi sacrificio, a mi esfuerzo; sé que nunca le fallé a mi país, me maté, hice de todo para que a través del fútbol la gente esté feliz y ese afecto hacia mi persona lo siento hasta ahora.

Vivimos momentos únicos. Recuerdo por ejemplo que cuando le ganamos al Brasil, toda la gente en El Prado festejaba, mientras nosotros ya estábamos en nuestra cama mirando por televisión esa alegría de todo el pueblo boliviano, y a las nueve de la mañana ya estábamos entrenando de nuevo. Nosotros no podíamos festejar con la gente pero estábamos inmensamente felices de poder dar esa alegría a nuestros compatriotas. Por eso agradezco a Dios el haber sido parte de esa historia y de un grupo hermoso de jugadores. Ver llorar de alegría a la gente fue algo imborrable. Confieso que lloro también cuando veo las imágenes.

P: El mejor jugador del mundo…

R: Yo viví la época hermosa de Maradona pero mi primer ídolo mundial fue Zico, el “Pelé blanco” de Brasil; luego llegó Diego y nos enloqueció a todos los de mi época. Fue algo extraordinario, sacó un Mundial, a su Selección y a mí particularmente me gustaba mucho lo pueblo que era. Creo que Diego fue algo increíble para el fútbol.

P: El mejor jugador de Bolivia…

R: Lastimosamente no lo vi jugar al “Maestro” Ugarte. A Chichi Romero sí, iba al estadio a verlo y crecí con él. Era un jugador extraordinario… Después admiré mucho a Milton, a Carlos Borja, a Miguel Aguilar…

P: Figuras actuales en Bolivia…

R: Voy a ser honesto: no vi a un jugador fuera de serie hace mucho tiempo. Hay un jugador, Víctor Ábrego, que está en Bolívar, que estuvo en la Selección y que hizo muchos goles… Dios quiera que sea nuestro nuevo ídolo nacional y que nos traiga nuevas alegrías, que inspire a los niños; necesitamos que el niño se identifique con nuevas figuras, que quiera ir a la cancha, que quiere ir a entrenar.

A mí me pasó algo muy curioso hace tres o cuatro años cuando estaba dirigiendo la Sub 15. Llamo a un amigo y le digo que quería ir a ver jugadores a una zona de donde tradicionalmente salían futbolistas de buen nivel. Mi amigo me dice: “Marco, ahora no les interesa el fútbol, están en otra cosa”. Me puse muy triste, me callé, me despedí.

Por eso ahora espero que ese famoso celular tenga horarios y que los niños y jóvenes puedan disfrutar no sólo del fútbol sino de cualquier disciplina deportiva que es lo más lindo del mundo.

P: ¿Algún hobby?

R: Yo me puedo quedar horas con un grupo de amigos, charlando, bromeando, hablando, molestando, riendo, recordando… Eso me hace feliz. Termino de entrenar y nos quedamos a conversar.

Me gusta mirar y jugar tenis, soy hincha del Real Madrid, hincha de Boca, hincha de Oriente e hincha de la Selección Boliviana, sobre todo.

P: Una canción…

R: El año 85 cuando viajé a China salía el tema “We are the world”. Eso sí que me hace llorar, ese tema no lo voy a olvidar nunca porque fue el comienzo de mis primeros viajes con la Tahuichi, de mis primeros sueños, de épocas memorables.

Edición 1.16. ESTRELLAS DEL FÚTBOL

Santa Cruz – Bolivia.

Beatriz Villa-Gómez C. – NEOCOM S.R.L.

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