Ramiro Blacut:

Cuando la disciplina y el profesionalismo hacen al as

Siempre jugó a todo dar y se preparó para enfrentar con éxito su presente y su futuro. Brilló en el Campeonato Sudamericano de 1963 y sus ansias de superación lo llevaron lejos, hasta el Bayern de Múnich. Tras su fructífera carrera como futbolista profesional, se consolidó como un DT preparado y visionario.
«Pienso que no he tenido una infancia común porque a mí el fútbol fue el que me educó. Desde los 13 o 14 años me he dedicado a cuidarme».

Pregunta (P): ¿Cómo fue la infancia de Ramiro Blacut?

Respuesta (R): Yo era el menor; tenía un hermano mayor y una hermana intermedia. Mi padre era muy aficionado al fútbol (incluso llegó a ser dirigente) y cuando yo tenía entre cuatro y cinco años, él y mi hermano me llevaban a los partidos, eran bolivaristas a muerte, entonces ahí vi al Bolívar de Víctor Agustín Ugarte, Guillermo Santos, los hermanos Vargas (Mario, Edgar y Rolando), Mario Mena y grandes figuras del fútbol que en el año 53 salieron campeones invictos. Desde ahí me empezó a gustar este deporte.

Yo estaba en el Colegio Alemán que era uno de los mejores de La Paz. Ahí jugaba fútbol, pero en realidad me gustaba practicar todos los deportes. En esa época también empecé a jugar al fútbol en los equipos de mi hermano y así tuve la oportunidad de juntarme con gente mayor que yo.

Pienso que no he tenido una infancia común porque a mí el fútbol fue el que me educó. Desde los 13 o14 años me he dedicado a cuidarme siguiendo el ejemplo de los grandes deportistas. Me he ido educando desde esa edad y me ayudó el hecho de que tenía un hogar organizado con padres que me orientaban y que al mismo tiempo permitían que yo tomara mis propias decisiones.

Yo simplemente sabía que me tenía que cuidar, sabía que tenía que estar en mi casa máximo a las 9 de la noche. Cuando había una fiesta y me decían que era a las 8 de la noche yo iba y no había nadie; a las nueve menos cuarto ya me estaba yendo a mi casa a dormir. Tenía costumbre de ir los domingos a misa, solito iba a misa con mi trajecito con corbata en la mañana, en la tarde me iba a jugar feliz de la vida y después volvía a mi casa a descansar.

P: ¿Cómo manejó el tema del estudio conforme el fútbol le iba demandando cada vez más tiempo?

R: Por el horario tuve que abandonar el Colegio Alemán e inscribirme en La Salle. Estando en el Alemán no podía ir a entrenar a las 12 porque seguía en clases ni terminar el entrenamiento matutino a las ocho de la mañana porque a esa hora ya tenía que estar en el aula.

En el Colegio La Salle pude acomodar mejor mis horarios y cuando tenía 17 años me invitaron a formar parte de una gira por Europa para reforzar las filas del Club Always Ready. El Director del colegio me dio la autorización correspondiente: “Andá, vas a aprender más en la gira que en el colegio”, me dijo. La gira duró tres meses y medio y cuando volví, el colegio ya había terminado hace más de 15 días. Nuevamente tuve que hablar con el Director y pedirle su apoyo para salvar el año. Él, muy conforme con los resultados de la gira donde no se había reportado ningún caso de indisciplina, me explicó que un tribunal de honor del Ministerio de Educación me iba a tomar los exámenes, teniendo un mes para prepararme y estudiar. Así salvé el año escolar.

Al año siguiente me nombraron guaripolero de la banda de guerra del colegio porque era “famoso” y, al mismo tiempo, jugaba basquet y volleyball. Después de un tiempo los profesores me aconsejaron que me dedicara a un solo deporte y así lo hice: me dediqué de lleno a lo que más me gustaba, jugando con todo en el equipo del colegio y donde podía.

P: Háblenos sobre su debut en el fútbol profesional…

R: Un día llegó mi padre de una reunión y me dijo: “No te han habilitado, no puedes jugar, veremos más adelante que juegues”. Ahora entiendo que dijo eso porque era muy chico, tenía 14 o 15 años…

Yo estaba en el equipo de reserva del Bolívar y recuerdo que el entrenador del equipo de mayores –el profesor Velasco–, me vio hacer una buena jugada un martes, entonces al terminar el primer tiempo del partido que estábamos jugando, me preguntó si me animaba a debutar el jueves jugando de puntero derecho en un partido contra el Internacional de Oruro. Sin pensarlo dos veces, le dije que me animaba y fui a jugar. Es así que mi padre tuvo que dejar que me habiliten…

En mi debut jugué de número 7 y estando ahí me percaté de que estaba jugando al lado del número 8 que era, nada más y nada menos, que el Maestro Victor Agustín Ugarte. Desde que entré al equipo nos llevamos muy bien porque él se sentía más cómodo compartiendo con deportistas más jóvenes. Ugarte me ayudó mucho, me enseñó muchas cosas. Por eso para mí él no sólo fue el Maestro del fútbol boliviano, sino mi maestro. Esta experiencia en Bolívar al lado de Ugarte duró hasta que a él le tocó irse a la Argentina, al Club San Lorenzo de Almagro.

Ugarte era un hombre bien disciplinado, él no bebía, no fumaba nada; me ha educado mucho y yo me fui acostumbrando a ese tipo de vida.

P: ¿Cómo vivió la experiencia de jugar fútbol en Argentina?

R: Me invitaron a la Argentina y fui a un club profesional, al Club Ferrocarril del Oeste que era de primera, pero cuyos socios no gustaban de los futbolistas porque los consideraban gente rara. Me fui con mi madre, asistí al colegio y rendí con las tareas. A las ocho entraba al colegio, salía a la una. Almorzaba y a las dos y media partía en subterráneo al entrenamiento que duraba hasta las seis de la tarde. Me acostumbré a esa rutina y a esa vida disciplinadamente llevada hasta que me llamaron de Bolivia para ser parte de la Selección nacional; tenía que regresar para el Sudamericano que se estaba preparando en Cochabamba.

«Yo vi una unión tremenda en el país que nos llevó más lejos de lo imaginado porque no hay que olvidar que en ese entonces el fútbol boliviano estaba en los últimos lugares del ranking sudamericano. Terminamos jugando muy bien, con grandes deportistas y figuras que nos llenaron de orgullo y satisfacción».

P: Era muy joven y la vida le dio la oportunidad de debutar en la Selección…

R: Así es. Después de la experiencia en la Argentina, de pronto me vi concentrado en Cochabamba con la Selección; mi disciplina era tan buena como la del grupo en su conjunto. Como en el caso de la gira de Always Ready, no hubo un solo problema de carácter disciplinario.

Nos daban permiso los domingos, salíamos a las tres y teníamos que volver a las 6 de la tarde. Salíamos a comer algo fuera de la dieta y nada más, no había trago en medio, todos eran cumplidos.

P: ¿Qué fue lo que pasó exactamente para que su participación como titular en el Campeonato Sudamericano se pusiera en duda?

R: Pasó que después de entrenar por 3 meses y medio, poco antes de que inicie el Campeonato, empecé a sentir un profundo dolor en el tobillo cuando estábamos jugando de invitados en Asunción, Paraguay. Me vieron y me dijeron que se trataba de una ampolla que había que sacar, cortándola con gillete. Hecho esto, se percataron de que se trataba de una picadura de mosquito que, transcurridos los días, se había infectado y había provocado que se forme un hueco que prácticamente llegaba al hueso y que no me permitía caminar. Al regresar, me internaron en la Clínica Virgen de Copacabana donde vaciaban vasitos de penicilina en el agujero.

Durante esos días, me entero de que se había conformado una comisión para elegir a los mejores jugadores, que cinco estaban descartados y que yo estaba en duda por mi condición. También me entero de que mi compadre, Víctor Agustín Ugarte, había sido internado de emergencia al lado de mi pieza por un ataque de apendicitis. Su participación también estaba en duda pero a las 24 horas, después de cuidados intensivos, “El Maestro” ya estaba en condiciones de jugar. Yo salí dos días antes de iniciarse el evento, me pusieron de titular pero sin poder jugar el primer partido.

P: ¿Cómo se vivían las vísperas del Sudamericano de 1963 siendo Bolivia sede del Campeonato?

R: En el país todos estaban unidos, había una unión bárbara. Se unieron los dirigentes y los políticos porque el Gobierno garantizaba la formalidad del Campeonato que se iba a jugar por primera vez en Bolivia. Todos se unieron en torno al Sudamericano y a la Selección. Los periodistas de todo el país decidieron trabajar únicamente para el Sudamericano y para la Selección boliviana y en las calles sólo se hablaba de ese tema. Yo vi una unión tremenda en el país que nos llevó más lejos de lo imaginado porque no hay que olvidar que en ese entonces el fútbol boliviano estaba en los últimos lugares del ranking sudamericano. Terminamos jugando muy bien, con grandes deportistas y figuras que nos llenaron de orgullo y satisfacción.

P: ¿Qué es lo que más recuerda de los partidos que se jugaron rumbo a la gran victoria del 63, única en la historia del fútbol nacional?

R: Recuerdo muy bien un pasaje muy importante que fue el partido contra la Argentina, donde ganábamos 1 a 0, nos empataron y después nos sobrepusimos anotando el 2 a 1. Tuve la alegría de anotar el segundo gol pero nos volvieron a empatar. Entonces cobran un penal a favor nuestro. Me entra tranquilidad porque el que pateaba los penales era Víctor Agustín Ugarte, pero deciden que patee Max “Chino” Ramírez, un jugador muy bueno y con mucha personalidad. Recuerdo que el “Gato” Andrade era el arquero argentino; entonces el “Chino” patea al medio y el arquero, ya casi en el suelo, saca la pelota con los pies por encima del travesaño. La patada fallida nos dejó pues medio muertos… La tribuna quedó en absoluto silencio. Yo me fijo al frente, que era donde cobraban el tiro de esquina y veo a Fortunato Castillo correr hacia el pasa pelotas que estaba a cinco metros. Castillo corre, le quita la pelota y cobra (no necesitaba orden del juez). Veo a Wilfredo Camacho y con la mirada le digo: “Fijate la pelota”, mientras él lo estaba consolando en el suelo al “Chino” Ramírez que había fallado el penal. No había pasado ni un minuto, los jugadores argentinos se estaban abrazando todavía y Camacho pica y anota el tercer gol. Logramos la victoria del 3 a 2 tras situaciones críticas que finalmente llenaron de júbilo a la hinchada y nos llevaron a la final.

P: Ramiro Blacut fue el primer latino en vestir la camiseta del Bayern de Múnich que a mediados de los 60 ascendía a la Bundesliga, jugando al lado de astros como Franz Beckenbauer y Gerd Müller, entre otros. ¿Cómo se dio esto?

R: Yo pienso que fue casual porque a mis 19 años me había despedido del fútbol profesional y estaba esperando que salgan mis papeles para ir a estudiar a Estados Unidos. En ese lapso me encuentro con un amigo boliviano de padre alemán –Tito Meyer– que estaba estudiando su carrera en Alemania. Le comento sobre mis intenciones y me habla de Alemania y de las posibilidades que había allá a todo nivel, y me ofrece alojamiento. Me convence y cuando llego me presenta a gente del Karlsruher Sport Club (KSC).

El entrenador me probó y también hice evaluaciones con el equipo; me fue muy bien. Sin embargo, las inscripciones no estaban abiertas en ese momento por lo que tenía que esperar un tiempo. Fue así que me ofrecieron la posibilidad de enviarme a Kochel Am-See, lugar en el que podía perfeccionar el idioma, cuya base ya tenía al haber estudiado varios años en el Colegio Alemán. El curso duró cuatro meses más o menos y en ese periodo gente del Bayern de Múnich se enteró de que un joven del Campeón Sudamericano estaba residiendo allí. Un par de dirigentes y otras personas del club que era de segunda división llegaron a mi alojamiento e inmediatamente me transportaron a sus canchas que quedaban a una hora en auto porque querían probarme.

Era invierno, hacía mucho frío, llovía… La cancha a la que llegamos lucía un césped deprimido y la luz era muy tenue. Los terrenos eran propiedad de militares americanos que habían dejado vestigios de su paso por ahí durante la segunda guerra mundial; los camerines eran coches de madera donde descansaban los obreros encargados de las construcciones. En fin, nada de lo que vi en esa oportunidad me impresionó favorablemente.

Volví a Karlsruher con la intención de pedir mi pase y en esos días llega a Alemania un amigo boliviano, también futbolista, que quería probarse en el Bayern. Me pide que lo acompañe a la prueba y llegamos a las canchas del Club en condiciones totalmente distintas a las de la primera vez: El clima era agradable y el sol brillaba aunque eran casi las siete de la noche. Después de la evaluación, nos reunimos con los dirigentes, quienes me dijeron en alemán que querían que me quede con un contrato y que mi amigo podía quedarse a prueba por tres meses.

De esa manera terminé quedándome en el Bayern y mi amigo, pasado un tiempo, regresó a Bolivia en barco por problemas de índole personal.

P: ¿Qué es lo que más recuerda de los años en el Bayern?

R: Bueno, tuve la oportunidad de convivir y forjar una linda relación de camaradería con jugadores como Franz Beckenbauer y Gerd Müller. Este último, por ejemplo, al principio era jugador suplente. Venía del campo, por lo tanto hablaba un dialecto bávaro muy cerrado, no tenía ninguna profesión y se desempeñaba como ayudante del chofer de un transporte que trasladaba muebles. Llegó a ser titular, centro delantero y goleador del equipo. Toda la gente del equipo era gente extraordinaria con la que pude vivir muchas cosas buenas porque a diario compartíamos la cena después de entrenar.

Juntos también encaramos el desafío de trabajar muy duro desde la liga regional para poder llegar a la Bundesliga. Personalmente el sacrificio fue grande, dado que paralelamente a los entrenamientos, estudiaba Construcción Civil en una universidad técnica que me exigía asistir a las prácticas por la noche, en la nieve, en fin… La mayoría de los jugadores también tenían otras profesiones y oficios a los que se dedicaban de manera paralela al fútbol. 

Esta experiencia me enseña muchas cosas y me inculca aún mayor disciplina. A mis 25 regreso a Bolivia, al Club Bolívar donde tengo la oportunidad de ser Capitán del equipo y de marcar muchos goles.

P: ¿Y qué sigue después de Bolívar?

R: Después de mi paso por el Bayern de Múnich y de regresar al Bolívar a conseguir buenas cosas para el equipo, sufro una fractura de tobillo y peroné que no me permite renovar mi contrato con ese Club. Paralelamente, el ambiente que se vivía en el ámbito futbolístico de esa época no me resultaba favorable, por lo que decido irme a Perú a recuperarme y apuntando también a jugar en el Municipal de Lima.

En ese periodo, me contrata el Club Melgar de Arequipa, equipo en el que permanezco alrededor de cuatro meses y en el que mi rendimiento se ve limitado al no estar cien por ciento recuperado de mi lesión.

Regreso a La Paz y tomo las riendas de mi propia recuperación, entrenando en la cancha de la Asociación de Cota Cota y preparándome físicamente trepando cerros… Es allí donde Coco Álvarez me invita a conformar un equipo de primer nivel de la mano del Club Ferroviario. Entrenando allí el entrenador del Strongest me invita a probarme un jueves y a debutar al domingo siguiente con ese Club.

Estuve un año en el Tigre y me fue bien. Estando allí surge la oportunidad de que ocho jugadores participemos en la Selección Nacional junto a un grupo de jóvenes de Santa Cruz y se conforma un equipo prácticamente improvisado que le empata a Yugoslavia, el tercero del mundo en la Mini Copa del Mundo de 1970.

Al concluir mi etapa de futbolista, regreso a Alemania para prepararme como director técnico y esta especialización me permite dirigir a clubes de Bolivia, Ecuador y a la Selección Boliviana en distintos periodos.

P: ¿El éxito profesional fue a la par de la realización personal?

En mi vida personal los momentos más felices los viví al conformar mi familia, cuando nacen los hijos. Tengo la fortuna de tener dos hijas profesionales que fueron muy bien cuidadas por mi señora.

También pasamos momentos duros como familia porque luchamos por 18 años contra el cáncer que padeció mi esposa. Lamentablemente mis obligaciones como director técnico me obligaron a ausentarme por periodos muy largos de La Paz y del país y justamente cuando me informaron que estaba desahuciada yo me encontraba trabajando en el Cuenca de Ecuador. Renuncié a mi trabajo tras varias situaciones adversas que se fueron presentando y finalmente cuando llegué al Aeropuerto de El Alto, mi hija y mi yerno me esperaban con la noticia de que había fallecido… Fue un momento crítico en mi vida. A partir de allí nada volvió a ser lo mismo para mí.

Después llegaron los nietos que son una felicidad única. Uno está en una etapa de mayor conocimiento y tolerancia y sólo tiene cariño y amor para darles. Tengo cuatro nietos, tres mujercitas y un varón de 18 años que aspira a dedicarse al fútbol profesional.

P: Cuéntenos un poco más sobre él, sobre el nieto que desea seguir los pasos de su abuelo…

R: Mi nieto Tomás Bascón Blacut tiene ya 18 años, es bachiller y profesional en fútbol, habiéndose formado desde niño en el Club “Ramiro Blacut” que fundé hace aproximadamente 13 años (motivado por él) y posteriormente en Barcelona. Es un jugador muy fino: tiene técnica, inteligencia, condiciones físicas (mide 1,86), velocidad, resistencia y, lo más importante, una educación completa. Pienso que le falta el optimismo que tenía yo y mentalidad de ganador, pero como esos temas se pueden trabajar, sé que va ser un gran futbolista y, gracias al incentivo que le proporciona el mismo deporte, un destacado ingeniero industrial.

«El deporte siempre es aconsejable porque le hace bien a la salud. Si llegan a ser futbolistas profesionales, no dejen de prepararse y estudiar una carrera. Haciendo ambas cosas podrán mantenerse sanos física, mental y espiritualmente».

P: El mejor jugador del mundo…

R: Para mí, con todo el conocimiento que tengo sobre fútbol, el mejor es Messi, un tipo ordenado y futbolísticamente una maravilla, una ardilla…

En mi época había un jugador muy técnico: Di Stefano. Era centro delantero y gracias a su velocidad, no lo alcanzaba nadie.

También está Maradona, quien lamentablemente ha arruinado toda su vida metiéndose a la droga.

P: El mejor de Bolivia…

R: Para mí el mejor ha sido Víctor Agustín Ugarte, un maestro de verdad.

P: ¿Ve figuras actualmente?

R: No, no veo, no hay jugadores de gran nivel. Es una pena pero el problema no es el jugador, sino la formación del jugador. El jugador se forma con entrenadores que no tienen una formación profesional ni cabal.

P: ¿Qué les diría a los jóvenes en formación?

R: Les aconsejaría que apunten siempre a tener una formación integral. Hoy en día las universidades ofrecen todas las posibilidades para que el estudiante pueda jugar fútbol y estudiar al mismo tiempo. Les diría también que procuren llevar una vida sana y disciplinada, que sean jugadores de todo orden y que cuiden su futuro.

El deporte siempre es aconsejable porque le hace bien a la salud. Les diría que jueguen al fútbol y si llegan a ser futbolistas profesionales, no dejen de prepararse y estudiar una carrera complementaria en la universidad. Haciendo ambas cosas paralelamente, podrán mantenerse sanos física, mental y espiritualmente.

Edición 1.12. ESTRELLAS DEL FÚTBOL

La Paz – Bolivia.

Beatriz Villa-Gómez C. – NEOCOM S.R.L.

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